Los rivales del Almería: primero se quejan y luego se protegen
Mientras el ruido hacia los árbitros y el VAR se contagia por la competición, el club rojiblanco evita jugar ese partido

Antonio Hidalgo reflexivo tras salvar dos puntos su portero en el descuento.
LA OPINIÓN DEL DÍA: Las quejas a los árbitros y al VAR ya no sorprenden a nadie. Se han convertido en un reflejo casi automático cada vez que el resultado no acompañó. Comunicados, declaraciones y gestos airados que apuntan al CTA (Comité Técnico de Árbitros) como si el error tuviera devolución garantizada en jornadas futuras. Pero el problema no es la protesta en sí sino su uso interesado. Primero se eleva la queja, luego se espera el marcador y, a partir de ahí se ajusta el discurso. Si llega la victoria, se protege al estamento arbitral; si no, se mantiene el ruido. Un juego de conveniencia que se repite en muchos rivales del Almería. Los que más se quejan son los más beneficiados. Algunos olvidan que jugaron muchos partidos contras 10.
En ese escenario de bandazos emocionales y relatos cambiantes, el Almería ha optado por no entrar. No habla de los colegiados, no agita el VAR como coartada y no busca explicaciones fuera del campo. Gana, pierde y sigue caminando. Esa actitud silenciosa contrasta con la de quienes cambian de versión según sople el viento del marcador. Porque el fútbol necesita crítica justa y coherente, no protestas a la carta. Y ahí sin decirlo en voz alta, el Almería también compite. Los de Rubi están en el foco del beneficio: nada más lejos de la realidad. Todos lo saben.

Ha sido una constante esta temporada la queja del presidente del Castellón.
La protesta como rutina interesada
En los rivales del Almería se ha instalado una dinámica tan repetida como previsible: protestar ante el CTA como reacción automática a cualquier decisión adversa. La queja ya no es una excepción ni una defensa del escudo; es rutina. Se protesta con la esperanza de ‘equilibrar’ el futuro, de que alguien devuelva lo que, según el relato, fue arrebatado.

José Alberto, entrenador del Racing, llegó a pedir respeto al estamento arbitral.
Del llanto al aplauso según mande el marcador
El bandazo llega después. Si tras la queja el equipo gana, el discurso se rebaja: se protege al estamento arbitral, se habla de errores humanos y el VAR vuelve a ser una herramienta necesaria. Si no se gana, la protesta se mantiene y se amplifica. No hay criterio ni coherencia, solo un relato moldeado por el resultado. Todo depende de si el silbato acompaña o estorba, porque la convicción dura exactamente lo que dura el resultado.

Lo que cambia el discurso de ser gol o parar un penalti.
El Almería, fuera del ruido
En ese contexto, el club rojiblanco elige otra vía. No entra al trapo, no señala a los colegiados y no convierte el arbitraje en coartada. Compite, gana o pierde, y sigue. Esa postura, silenciosa pero firme, deja en evidencia a quienes primero se quejan y luego protegen según convenga. El fútbol agradecería más clubes que jueguen menos en los despachos y más en el césped. Que miren sus arbitrajes antes de hablar. En un fútbol cada vez más ruidoso, el silencio del Almería también es una forma de competir.