Cinco años de Covid: lo que dejó en la salud mental de los más jóvenes
Autolesiones, hipertrofia de la imagen corporal y problemas de comunicación, problemas más comunes

La soledad y el encierro dificultó mucho la salud mental de los jóvenes
Empezábamos a doblegar al virus. Había pasado más de un año y medio desde que hubiera comenzado la pandemia y era entonces cuando llegaba lo que se llamó la ‘cuarta ola’ del Covid: el incremento de los trastornos de salud mental.
Y es que, los problemas derivados del encierro, de la falta de comunicación cara a cara, la pérdida de seres queridos sin poder despedirse y vivir el duelo, el miedo ante la muerte y la enfermedad, sumado a la locura que supone convivir toda la familia sin salir o tener que pasar días y días en absoluta soledad, así como los importantísimos problemas económicos que supuso para un porcentaje importante de la población, comenzaron pronto a pasar factura.
Es cierto que el incremento tan importante de la demanda de consultas de salud mental y la propia percepción social provocó que, por primera vez, se rompiera el estigma y hasta en el Congreso de los Diputados -algo impensable hasta ese momento- se hablara de la necesidad de fortalecer el cuidado de nuestra mente ante todo lo que se había vivido. Durante meses la sociedad se volcó en dar visibilidad a un problema que no era nuevo pero que sí se había incrementado muchísimo.
¿Qué nos ha dejado?
Ahora, cinco años después de que apareciera en Almería el primer caso de coronavirus, ¿sigue habiendo secuelas entre los almerienses de la pandemia? ¿Qué nos ha dejado el Covid en nuestra salud mental?
Explica la directora de la Unidad de Salud Mental del Hospital Universitario Torrecárdenas (HUT), Susana Miras, que, aunque no se puede decir que el Covid haya ayudado por el importante volumen de pérdidas que supuso, sí que permitió “visualizar y poner el foco sociopolítico en la salud mental como un aspecto esencial de la salud. Hay menos estigma y ha ido desapareciendo la vergüenza a la hora de pedir ayuda”. Esto ha supuesto “un incremento del 35% de demandas de servicios especializados en salud mental en adultos y hasta un 45% en niños y adolescentes”.
Pero quizá lo más complejo es que algunos de estos problemas “no son solucionables en consultas sanitarias”. “Todas aquellas que tengan que ver con trastornos de ansiedad, depresión… pueden tratarse con psicoterapia, apoyos sociales o tratamientos farmacológicos” pero hay otros problemas más vinculados a “temas sociales, de vivienda, económicos o laborales que se nos escapan y a los clínicos nos apena mucho el sufrimiento no resuelto de dichas personas”. Recuerda Miras la importancia de “orientar bien a los pacientes, desde su derivación, valorar qué recursos hay y dónde se les puede dar la respuesta que necesitan”.
Sufrimiento
Reconoce la directora de Salud Mental del HUT que los problemas derivados del miedo al virus han ido aplacándose, aunque hay quien lo sigue sufriendo como los casos de Covid persistente o aquellos cuyas pérdidas familiares fueron muy importantes, pero la mayoría ha ido volviendo a su día a día. Eso sí, todo ha derivado en un incremento altísimo de la comunicación a través de las redes sociales llegando a sustituir en muchos casos, sobre todo en los más jóvenes, las relaciones cara a cara, “aquellas en las que creas vínculos, que hay contacto y acompañamiento”.
Sin lugar a dudas, y así lo ratifican los especialistas, los que han salido peor parados de la pandemia son los jóvenes. Explica Cristina García Cañadas, coordinadora del equipo de Psiquiatría Infantil de El Toyo, que “los niños y adolescentes de los que hablamos, la Generación Z y Generación X, ya han nacido en la era digital” y cuando llega la pandemia “se agudiza la necesidad de comunicarnos por internet, bien redes como Skype, de comunicación directa, pero también otras redes como pueden ser TikTok o Instagram. Estos niños la pandemia les pilla configurando su identidad, esa que debe configurarse en relación con otro, identificándonos con otro, haciendo cosas con otros fuera de casa, saliendo con amigos, cogiendo valores también de los padres, de los adultos. Esta socialización se vio completamente disminuida y lo que se generó fue una hipertrofia de la imagen corporal”.

La dificultad para configurar su identidad complica a los más jóvenes
Según García Cañadas, “pasábamos mucho tiempo mirando redes sociales en las cuales lo que predomina es la imagen, una imagen que no es real, es una imagen retocada. Entonces, muchas de las adolescentes, y hablo en femenino porque sucede más en mujeres que en hombres, se identificaron con modelos perfectos, con modelos retocados que no son del todo realistas y que ha derivado en trastornos de conducta alimentaria, como puede ser la anorexia, entendiendo que la estaba prácticamente extinguida después de los años 2000”.
Las autolesiones
Pero más allá de este trastorno de la imagen, lo cierto es que los problemas de salud mental vinculados al Covid en los jóvenes va más allá. De hecho, preocupan muchos las autolesiones en los más jóvenes. Explica la coordinadora de Psiquiatría Infantil en El Toyo, que relacionarnos con otros “es esencial en la regulación de nuestras emociones y necesidades. En la adolescencia esto se pone en juego de forma muy relevante, porque es en esa época cuando uno verdaderamente aprende sus mecanismos de regulación, los entrena con otros, va viendo cuáles son los suyos y va asentándolos. En la pandemia esto fue totalmente sesgado porque realmente no había oportunidad de ejercer esa regulación con otras personas fuera de casa. Por lo tanto, esas emociones, al ser más difíciles de sostener y ser más complicado lidiar con ellas, en ciertos perfiles de personas, pasaron a convertirse en autolesiones. O sea, es como que el dolor emocional pasa al cuerpo”.
Asegura esta especialista que las autolesiones tienen una función comunicativa pero también las hay de pertenencia. En una época de valores difusos, “es muy difícil que la identidad no se convierta en algo completamente circunstancial. Mucha gente que a lo mejor no se siente perteneciente a ningún tipo de grupo de iguales, acaba optando por vías dañinas. Hay un montón de páginas de internet y también de grupos de adolescentes que se identifican mediante las autolesiones y comparten a veces incluso imágenes y el hecho de dañarse tanto vía internet como vía física”.
Este tipo de situaciones “nos preocupa bastante porque en los últimos años también ha tenido un aumento sustancial de los intentos de suicidio y el aumento de los suicidios consumados”. “Mi opinión personal es que, aparte de que la pandemia evidentemente tuvo que jugar un importante papel por el aislamiento, la soledad sabemos que es uno de los principales factores de depresión, los intentos de suicidio creo que también tienen que ver con esta forma desdibujada que tenemos ahora mismo de entender la identidad. Es mucho más difícil identificarse con algo constante y es mucho más difícil darle valor a la vida. Por lo tanto, creo que existe mucha más pérdida del sentido vital que hace unos años”, afirma.
Reflexión
Ante esta situación deja sobre la mesa una reflexión García Cañadas: “qué cambios, no solo a nivel sanitario sino a nivel social, serían pertinentes para para prevenir que todo esto continuara pasando”.
Y es que el Covid nos dejó el fijarnos en la salud mental, el romper el estigma y un incremento de las demandas sanitarias, pero lo que no ha traído son más medios ni los cambios necesarios para que, sobre todo los más jóvenes, puedan vivir en una sociedad en la que se priorice algo más allá de la mera imagen.