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Se jubila el hombre que pasó más de 40 años arreglando colegios y montando la Feria de Almería

Antonio Mañas entró en la Brigada Municipal en 1981 y ha visto cómo ha cambiado Almería desde dentro

El almeriense Antonio Mañas con su uniforme de la Brigada Municipal de Almería.

El almeriense Antonio Mañas con su uniforme de la Brigada Municipal de Almería.Cedida a La Voz

Elena Ortuño
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El barro les llegaba hasta los tobillos. Dentro de las casas de Pescadería, junto al Barranco del Caballar, flotaban muebles, prendas y fotografías familiares, convertidas en una desconsoladora pasta marrón. Afuera seguía lloviendo sobre una Almería desbordada y con pocos medios para responder a la emergencia.

Fueron tres días en los que nadie durmió. Tres días y tres noches durante los que Antonio y el resto de la Brigada Municipal de Almería sacaron barro a paladas, codo con codo, de viviendas anegadas; todo para que cientos de vecinos pudieran regresar a sus hogares. Desde aquel 1985, han pasado cuatro décadas; pero Antonio sigue recordando la riada como uno de los episodios más duros de toda una vida dedicada a reparar en silencio los desperfectos de su ciudad.

"He liberado a personas encerradas, sobrevivido a inundaciones, participado en derrumbes y visto transformarse la capital. Este oficio me ha traído momentos duros, pero también muchas alegrías. Me va a costar dejarlo", confiesa Antonio Mañas, el almeriense que colgará su uniforme de la Brigada Municipal de Almería el próximo 15 de junio de forma definitiva.

Una dura decisión

El almeriense, que hoy es oficial de primera, comenzó como un peón de albañil. Tenía 20 años, trabajaba en hostelería y ganaba más dinero del que nunca había imaginado cuando su vida se detuvo de golpe y sin previo aviso. El 10 de mayo de 1981, su hermano apareció asesinado en una carretera comarcal. Fue una de las tres víctimas del sonado Caso Almería, un suceso que no solo marcó a la familia Mañas a nivel emocional, sino también económico. 

Antonio Mañas junto a su esposa, de jóvenes.

Antonio Mañas junto a su esposa, de jóvenes.

"Pasé a convertirme en uno de los principales sustentos de la casa. Necesitaba estabilidad. Un sueldo fijo. Se me perdonó, incluso, el servicio militar. Todo para mantenerlos", recuerda el almeriense con la seguridad de quien ha sentido la presión y ha sabido cómo responder. El 2 de noviembre de 1981 entró en la Brigada Municipal de Almería. No habría dado un duro por que acabaría pasando allí los siguientes 45 años de su vida.

45 años de transformaciones

Mañas camina por las calles de Almería con una mirada distinta a sus vecinos; con esa visión que solo tienen aquellos que han vivido desde dentro su evolución. "Hay muchas cosas de la ciudad que siguen en pie gracias a nuestro trabajo", reconoce, para después señalar lo triste que es que algunos de esos edificios en los que actuaron en su día hoy estén tan deteriorados.

Desde la Rambla hasta el soterramiento del AVE, pasando por la construcción del recinto ferial, el traslado de las fiestas, o la modernización de colegios e institutos, Antonio ha trabajado bajo la supervisión de todos los políticos que han pasado por la ciudad, desde Santiago Martínez Cabrejas, el primer alcalde de la democracia en Almería, hasta la actual regidora, María del Mar Vázquez, cada uno con "sus particularidades", ríe cómplice.

Casetas de la Feria en el recinto ferial instalado en el Puerto de Almería.

Casetas de la Feria en el recinto ferial instalado en el Puerto de Almería.JA Barrios

Antonio recuerda cuando el recinto festivo se instalaba en el puerto y la brigada municipal se encargaba de preparar las divisiones de las casetas y buena parte del montaje. "La Feria de Almería en el puerto era preciosa", rememora con cierta nostalgia. Después llegó su traslado a la Avenida del Mediterráneo y, más tarde, al actual recinto ferial, reflejo -como tantas otras cosas- del crecimiento de una ciudad que se quedó pequeña para sus viejas costumbres.

El héroe de los más pequeños

Con el tono dulce de quien habla de algo que le apasiona, Mañas deja volar sus recuerdos hasta que devuelve al presente aquellas memorias que reflejan "los momentos más bonitos de su profesión". 

Cuando Antonio entraba en una guardería o en un colegio para realizar cualquier acometido, los niños corrían detrás de él. Mientras el almeriense cargaba herramientas, revisaba alguna tubería o apuntalaba alguna que otra ventana peligrosa, los pequeños lo observaban como su hubiera llegado alguien capaz de solucionar cualquier problema: "Venían detrás de mí como si fuera un salvador", recuerda sonriente con la estampa de un albañil municipal convertido en héroe infantil grabada en la retina.

Antonio Mañas, de joven.

Antonio Mañas, de joven.La Voz

"Un día, no hace mucho, me llamaron porque un niño había quedado encerrado en un baño del colegio. Llegué antes que los bomberos. Cuando logré abrir la puerta, el niño estaba muy asustado. No es la primera persona a la que libero", relata con orgullo.

Pero no todo en su oficio tiene la gratitud del aplauso de los niños. Gran parte de su trabajo también ha transcurrido en escenarios mucho más ingratos y peligrosos, esos que rara vez se ven. Antonio ha tenido que entrar en viviendas con techos a punto de ceder para realizar apuntalamientos de urgencia, trabajar en estructuras inestables sin saber cómo iban a responder y pasar jornadas enteras expuesto al tráfico mientras arreglaba calles y acerados.

En una de esas obras, frente a la estación de autobuses, acababa de terminar de rehacer una acera cuando un tráiler irrumpió en la calle y pasó por encima de todo el trabajo. "Gracias a Dios que no nos atropelló", recuerda, para después añadir que tuvieron que empezar de nuevo al día siguiente.

El final de una era

El relato de Antonio varía mucho según se va acercando a la actualidad. Si antes "hacían de todo", hoy sus funciones se han ido repartiendo entre diferentes entidades y compañías. "Pronto solo quedarán dos. Estamos desapareciendo", lamenta.

Antonio Mañas, el almeriense que ha pasado más de cuarenta años atendiendo a la ciudad.

Antonio Mañas, el almeriense que ha pasado más de cuarenta años atendiendo a la ciudad.Cedida a La Voz

A las puertas de la jubilación, reconoce que bajar el ritmo está siendo más difícil de lo que imaginaba. Después de 44 años entrando cada mañana al Ayuntamiento, repartiendo tareas urgentes y parando a tomar café con sus compañeros antes de salir a arreglar media ciudad, el silencio de su casa se le hace extraño.

Dice que echará especialmente de menos esa rutina cotidiana y a la cuadrilla con la que ha compartido media vida; una cuadrilla que, más temprano que tarde, se despedirá de él en una comida organizada por compañeros, muchos ya jubilados también. Después tocará acostumbrarse a una vida sin avisos de última hora.

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