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La joven que ha transformado Almería y Cabo de Gata en talleres para customizar tu propia ropa

La creadora de treinta años convierte Almería en el epicentro de una comunidad artística donde la sostenibilidad y el bienestar se dan la mano

Marta, fundadora de The Olive Lab.

Marta, fundadora de The Olive Lab.Archivo

Trinidad Rodríguez Fernández
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Hay quienes llegan a Almería por decisión y quienes, como Marta, aterrizan casi por casualidad y acaban encontrando aquí un lugar donde quedarse. Cordobesa, treinta años, formada en Psicología y especializada en el ámbito Jurídico y Forense, su vida profesional parecía encaminada hacia otro terreno. Pero las dificultades laborales —muy comunes en su generación— la empujaron a un viraje inesperado: cambiar el guion, escucharse y abrir paso a su faceta más creativa.

Ese giro vital, unido a una mudanza improvisada a Almería junto a su pareja, acabó convirtiéndose en el origen de The Olive Lab, un proyecto que combina arte, comunidad, sostenibilidad y bienestar emocional. Un emprendimiento que, sin proponérselo, ha encontrado en esta ciudad el ecosistema perfecto.

The Olive Lab.

The Olive Lab.Archivo

“En Almería hacía falta esto”

La semilla de todo surgió en la pandemia. Como tantos, la joven buscaba una manera de entretenerse en casa, y experimentó customizando ropa antigua con lejía. Los primeros resultados fueron tan sorprendentes que decidió seguir explorando con pintura textil. Lo que comenzó como un pasatiempo se transformó pronto en un pequeño catálogo de prendas reutilizadas y únicas.

Pero el giro decisivo llegó en Almería. Recién instalada, sin círculo social ni red creativa, subió a Instagram un vídeo proponiendo un plan sencillo: quedar para tomar algo y pintar una prenda propia. Se hizo viral. Y ahí nació el primer taller, sin planificación previa, sin expectativas… Solo ganas de compartir.

The Olive Lab.

The Olive Lab.Archivo

El éxito fue inmediato. “En Almería hacía falta esto”, escuchaba una y otra vez. Y ese fue el impulso definitivo. La cordobesa pasó de organizar un encuentro al mes, a abrir su propio local en septiembre del año pasado, ampliando talleres, colaborando con artistas locales y creando una comunidad que crece a cada encuentro.

Talleres para conocer a gente nueva y sacar la parte niña

Quien participa en un taller de The Olive Lab no solo pinta una camiseta o modela arcilla. Vive una experiencia cuidada: una bienvenida que rompe el hielo, cafés y tés sobre la mesa, materiales preparados, colores por todas partes y un ambiente que invita a desconectar de la vida rápida.

La psicología —su formación original— aparece de forma natural. Su intención es clara: generar un espacio seguro, amable y desprovisto de juicio. “Sacar la parte más pura, más creativa y más niña”, dice Marta. Y es justo eso lo que buscan las personas que acuden los domingos: un plan distinto, relajado, con la posibilidad de crear sin presión y de conocer a gente nueva.

The Olive Lab.

The Olive Lab.Archivo

Sostenibilidad real alojándose del fast fashion

La filosofía del proyecto tiene una raíz ética evidente. Todas las prendas son de segunda mano o de algodón orgánico/reciclado, y las pinturas están elaboradas con base de resinas y agua. El packaging es compostable. La producción, siempre local. Y sobre todo, insiste en enseñar técnicas que permitan a cada persona transformar su propia ropa, alargando su vida útil y alejándose del fast fashion.

Más que vender piezas, su apuesta es formar a otros para que creen por sí mismos. “A veces compramos algo solo porque es barato. Yo quiero que la gente descubra que también puede crear”, explica.

Una inspiración llamada Cabo de Gata

Aunque nunca se había dedicado a ilustrar, ha sido aquí donde ha encontrado una voz propia: colores vivos, líneas sencillas, dibujos inocentes, menos realistas y más emocionales. Y una inspiración constante: Cabo de Gata. “La naturaleza que he visto aquí no la había visto nunca”, confiesa. Ese paisaje y esta ciudad han marcado su estilo y también su decisión de quedarse.

Comunicar para conectar en redes sociales

Su experiencia en marketing le ha permitido construir un perfil de Instagram que no solo muestra talleres: transmite estilo de vida, invita a hacer planes en solitario, a perder el miedo a crear y a reconectar con una misma.

The Olive Lab.

The Olive Lab.Archivo

Quizá ahí radica la fuerza de The Olive Lab: no es solo un proyecto artesanal, sino un lugar de reparación cotidiana. Un recordatorio de que el arte, por sencillo que sea, puede generar bienestar, comunidad y memoria.

Almería le abrió la puerta, y Marta ha respondido creando un espacio que mucha gente necesitaba sin saberlo. Un laboratorio —como indica su nombre— donde se mezclan creatividad, calma y un modo más consciente de estar en el mundo.

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