La esencia del Puerto de Roquetas de Mar se convierte en un espectáculo flamenco sin precedentes
Sabina Rodríguez presentará 'Remembranza' este noviembre en el Auditorio de Roquetas de Mar

Sabina Rodríguez Ledesma.
En el Puerto de Roquetas de Mar, la vida sigue un ritmo propio, marcado por el vaivén de las olas, el olor a sal, a pescado fresco y la constancia de generaciones que han hecho del mar su oficio. En este barrio de pescadores creció Sabina Rodríguez Ledesma, una joven bailaora de 25 años cuya vida y arte están indisolublemente ligados a su Roquetas natal.
"Toda mi familia es del Puerto de Roquetas, están ligados a la Mar, a la pesca. Mis abuelos eran como mis padres para mí, me cuidaron desde muy pequeña y su ilusión era verme encima de un escenario bailando", explica la bailaora. "Mi bisabuelo era pescador y cantaba coplas en el muelle… mientras cosía redes. Recordar aquellas canciones y la ilusión de mi abuela cuando me veía bailar es lo que me anima a seguir", recuerda Sabina.
Aquella infancia que mezclaba juegos en la arena, el murmullo de los barcos y las coplas populares de su bisabuelo son hoy su inspiración. Imposible separar su danza de ese puerto: cada giro, cada taconeo, lleva consigo la memoria de redes, palangres y largas jornadas de pesca que marcaron la vida de su familia y del barrio.
El Puerto de Roquetas no es solo un lugar; es una familia, un espacio donde la resiliencia se transmite de generación en generación. Para Sabina, esa esencia ha sido la fuerza que la sostuvo desde los primeros pasos en la danza hasta la creación de Remembranza, un espectáculo que reúne su historia, su familia y su ciudad en un mismo latido flamenco.

Sabina sobre el escenario con poco más de 6 años.
Los primeros pasos de una vida dedicada al baile
Desde los cuatro años, Sabina comenzó a bailar en la academia de baile de Roquetas 'La academia de Merche', guiada por la pasión que también había tenido su madre. "Mi madre siempre había bailado, estuvo en muchos concursos de talentos, participó en el 'Veo, veo' y ella me transmitió ese cariño y esa pasión por la danza"

Sabina Rodríguez Ledesma, bailaora de Roquetas de Mar.
A pesar de su entusiasmo, la vida familiar no facilitaba los sueños: sus padres eran muy jóvenes cuando nació la joven artista y en aquella época había que trabajar duro, no pudieron llevarla al conservatorio en esos primeros años. Pero la danza, poco a poco, se convirtió en un refugio y un espacio donde Sabina podía crecer y expresarse por sí misma.
“Siempre decía que quería ser profesora de baile flamenco…me fascinaba”, confiesa. Pero la adolescencia le trajo también inseguridades: comentarios sobre su apariencia física la hicieron dudar, hasta el punto de pensar que debía abandonar su pasión. "Ya no me veía bailando", recuerda.
“No confiaba mucho en mí… pero mis profesores y mi familia siempre me animaron: ‘venga, inténtalo’”, explica Sabina, refiriéndose a Inka Díaz y Julio Ruiz, quienes la impulsaron a creer en su talento y a seguir luchando por él. "Inka y Julio son como mis padres en el mundo del baile", asegura con cariño.
Pero entonces, Sabina rememoró toda la ilusión que ponían sobre ella la gente que la quería, como ansiaban verla sobre un escenario y dar esa satisfacción a todos esos que siempre apostaron por su arte y la animaron a seguir dieron a la artista la fuerza y la seguridad suficiente para seguir adelante con su sueño: ser bailaora.

Sabina Rodríguez Ledesma, bailaora de Roquetas de Mar.
A los 18 años, Sabina ingresó al Conservatorio de Almería, donde vivió tres años enriquecedores y aprendió mucho. Sin embargo, pronto sintió que quería algo más: salir de Almería y buscar nuevos retos. Impulsada por Julio Ruiz e Inka Díaz, decidió presentarse al Conservatorio Superior de Danza de Málaga. No solo dio lo mejor de sí misma, sino que superó la prueba y comenzó a cursar Coreografía e Interpretación.
La bailaora allí consolidó su técnica y amplió su visión artística, preparando el terreno para crear 'Remembranza' su Trabajo de Fin de Grado, un proyecto que tardó más de un año en desarrollarse y que hoy llega a su ciudad natal como una obra íntima y potente.
Remembranza: un viaje a través del tiempo y la memoria
Remembranza no es simplemente un espectáculo de flamenco; es un viaje emocional, un homenaje a la familia y al puerto que la vio crecer. “He decidido llevar a cabo esta propuesta porque necesito bailar todo lo que siento ahora mismo y todo lo que me ha marcado tanto en mi vida como en mi baile, ya sea bueno o malo. Necesito contar cosas que he vivido y poder transmitir lo que sentí y siento”, explica Sabina.

Sabina Rodríguez Ledesma, bailaora de Roquetas de Mar.
El espectáculo se estructura en varias etapas de su vida: la infancia, llena de descubrimiento y felicidad; la adolescencia y la madurez, donde Sabina se reconoce a sí misma como la bailaora que es hoy. Cada etapa incluye escenas con música en directo, narrativa, danza y proyecciones, creando un recorrido donde cada gesto tiene un significado profundo.
Entre los recuerdos más personales que aparecen en el montaje están los de sus abuelos y bisabuelos, quienes la criaron y le transmitieron la pasión por la vida y la tradición: “Se escuchan fragmentos de canciones que cantaba mi bisabuelo…”.

Sabina Rodríguez Ledesma, bailaora de Roquetas de Mar.
Sabina no solo actúa; también ha asumido la dirección artística, el diseño de vestuario y la iluminación del espectáculo. La regiduría corre a cargo de Álvaro Guarnido, la fotografía de Eughine Hrorchuk y el asesoramiento musical de Pablo Guerrero. Además, colaboraron en la dramaturgia y coreografía Belén Martos y Elisabeth Cortés.
El elenco está compuesto por ocho bailarines: Sabina Rodríguez, José Francisco López, Inmaculada Carmona, María Castro, Laura López, Carmen Vicente, Lorena López y Andrea López. Junto a los músicos en directo, recrean 55 minutos de pura emoción, en los que Sabina alterna su baile con narración, transmitiendo la historia de su vida y la de su familia.
"Finalmente, me doi cuenta del viaje que he realizado reviviendo estos momentos, recuerdos o experiencias y vuelvo al presente, al aquí y ahora, donde muestro mi verdadero baile y mi persona, la bailaora en la que me he convertido, gracias a lo aprendido tras esta trayectoria”, explica Sabina.
Una mirada al futuro sin olvidar el hogar
Aunque su talento la podría llevar a los escenarios de cualquier parte del mundo, Sabina siente un fuerte arraigo por Roquetas de Mar. Sueña con transmitir su pasión por la danza a las nuevas generaciones y formar parte activa de la vida cultural de su ciudad. Ahora Sabina es profesora en la Escuela de Danza Gallardo, en El Puerto de Roquetas de Mar. “Nunca lo había pensado, pero ahora que estoy dando clases a niñas… pienso que les he cogido tanto cariño y que me gusta tanto que no puedo dejarlo, el día de mañana me gustaría tener mi propia academia de baile, pero todo a su debido tiempo”, confiesa.

El cartel de Remembranza, la obra de Sabina.
Sabina tiene claro que todo lo que ansía en la vida se consigue con trabajo y con constancia. "La importancia del esfuerzo y del trabajo me lo han inculcado mis padres desde muy chica, pero sobre todo: mi mayor referente es mi padre, el cual he visto trabajar sin parar para darnos todo lo mejor y sigue ahora en nuestro barco: 'Segunda Estrella Polar' , como Patrón , lo cual me enorgullece", comenta la roquetera.
Así, Remembranza se convierte en una celebración de la memoria, la familia y a Roquetas de Mar, un espectáculo que hace honor a la vida del puerto, a las redes, a los barcos y a la constancia de quienes trabajan en el mar. Cada taconeo es un guiño a sus raíces; cada giro, un homenaje a quienes la criaron y a la ciudad que la vio crecer.
Este noviembre, el Auditorio de Roquetas de Mar será el escenario donde la historia de Sabina y El Puerto cobrará vida. Remembranza no solo mostrará el flamenco de una bailaora en plenitud, sino que abrirá una ventana al alma de una ciudad marcada por el mar, la familia y la tradición. Es la danza que nace del puerto, que recuerda a los que ya no están y que proyecta hacia el futuro a quien sabe que el arte y la memoria pueden bailar juntos.