El roquetero que levantó oficinas de Cajamar en toda la provincia: José Padilla Mullor, un gigante de la construcción
Falleció hace un año a los 90 años, tras una vida dedicada a la construcción dejó un legado que hoy sus hijos mantienen con orgullo

José Padilla Mullor, un gigante de la construcción de Almería.
José Padilla Mullor, natural de Roquetas de Mar, fue todo un gigante de la construcción en Almería, uno de los grandes referentes del sector. A lo largo de su vida levantó los edificios de Cajamar en toda la provincia, numerosos chalets, supermercados Carvajal y buena parte de las primeras viviendas de la urbanización. Su trabajo impecable y su nombre se convirtieron en sinónimo de calidad, rigor y compromiso.
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El impulso clave de su carrera llegó gracias a su amistad con don Juan del Águila, fundador y director de Cajamar. “Mientras estaba don Juan, todo el trabajo era para mi padre. Cuando ves una obra terminada y dices: ‘joder, esto lo hizo mi padre’, sientes un orgullo enorme”, recuerda Manolo, uno de sus hijos. Antonio, otro de sus hijos añade: “He visto muchas veces cómo llegaba un arquitecto y le decía: ‘Haz esto así’. Y mi padre le daba recomendaciones según su experiencia. Luego venía el problema. Mi padre siempre tenía siempre razón. Sabía de lo que hablaba.”

Antonio y Manolo continúan el legado de su padre.
Su empresa, Construcciones Padilla Mullor, se consolidó gracias al esfuerzo, profesionalidad y perfeccionismo. Cada proyecto que levantaba era un reflejo de sus valores: compromiso, ética, calidad y respeto por la obra. Desde los primeros chalets de la urbanización hasta los grandes proyectos de Cajamar, José Padilla Mullor dejó su huella en cada ladrillo, en cada estructura y en cada detalle.
Un hombre meticuloso y perfeccionista
Más allá de sus grandes obras, José Padilla Mullor destacaba por su perfeccionismo. “Prefería perder dinero y que saliera bien a entregar una obra regular”, recuerdan sus hijos. Si una pared no quedaba perfecta, la tiraba y la volvía a levantar. Cada cocina, cada baño, cada suelo debía reflejar su sello de calidad.
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José Juan recuerda sus primeros días trabajando con él: “Mi padre nos decía: ‘Haz las cosas como si fueran para ti. No des nunca lugar a que nadie te llame la atención’. Para poner las primeras reglas en casa de Anita..., ¡madre mía!, me tiraba todo el día. Así se aprende”, recuerda Antonio.
Aprender con él no era solo adquirir un oficio: era aprender disciplina, paciencia y amor por el trabajo bien hecho. Cada ladrillo, cada loza, cada medida enseñaba que la excelencia estaba en el detalle.
Historias de la obra y lecciones de vida
Trabajar junto a José Padilla Mullor significaba también aprender a resolver problemas, a observar cada detalle y a cuidar la calidad por encima de cualquier prisa. “Hoy en día albañiles como los de antes ya no hay. La gente solo busca ganar dinero. Nosotros aprendimos a gustarnos lo que hacemos, a ser cirujanos de la obra”, explican Manolo y Antonio.
Cada proyecto estaba lleno de enseñanzas. “Él nos veía hacer las cosas y sabía que íbamos a aprender. No nos decía: ‘Vamos más rápido’. Aunque perdiera dinero, nos enseñaba poco a poco”, recuerda Antonio. La paciencia era un valor que transmitía constantemente: no había atajos si lo que se quería era hacer bien el trabajo.
Un legado que sigue vivo
José María Padilla tuvo cuatro hijos (tres varones y una mujer) y su ilusión fue que sus hijos continuaran su legado codo con codo. Hoy, Antonio y Manolo continúan con Construcciones Padilla Mullor, aplicando los mismos valores que su padre les enseñó: meticulosidad, ética profesional y pasión por la construcción. José Padilla Mullor les mostró que el oficio se aprende con experiencia, paciencia y dedicación, y que la excelencia no se improvisa.

La familia Padilla, los hijos de José María Padilla.
“Mi padre siempre había querido que trabajáramos juntos, que cada obra fuera perfecta. Nos enseñó a ser rigurosos, trabajadores y a amar nuestro oficio”, recuerdan sus hijos. Su legado trasciende la familia: su forma de trabajar y su exigencia han marcado la manera de entender la construcción en toda la provincia.
Un homenaje lleno de orgullo
José Padilla Mullor no solo levantó edificios; levantó un legado familiar y profesional que sigue vivo en cada proyecto de Roquetas de Mar y de Almería. Sus obras permanecen como testimonio de su vida, y sus hijos continúan su ejemplo con orgullo, transmitiendo la misma pasión, perfección y amor por la construcción que él les enseñó.
“Nuestro padre era un gran maestro, un gran espejo en el que mirarse. Cada ladrillo, cada pared que él levantó, sigue siendo un ejemplo de cómo se hace bien un trabajo. Nos enseñó que la verdadera grandeza está en el detalle y en el esfuerzo constante”, concluyen sus hijos.
Hoy, José Padilla Mullor recibe un homenaje merecido a toda una vida de trabajo y dedicación. Sus hijos buscan devolverle, aunque sea en parte, un cachito de toda la entrega y amor que él les dio en vida, asegurándose de que su historia, su ética y su pasión por la construcción sigan inspirando a futuras generaciones.