Daniel Izuzquiza, jesuita entre invernaderos
"Alrededor del 10 por ciento de la población de Níjar está en una situación de infravivienda"

El sacerdote misionero Daniel Izuzquiza
El Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) de Níjar inauguraba hace un año y medio la nueva sede en Puebloblanco (Níjar). Es la Casa Arrupe. Con sus vaqueros y sus petos ocres, los jesuitas y también las Mercedarias caminan entre invernaderos en busca de una conversación. En San Isidro gestionan viviendas para los inmigrantes que, hasta hace poco, malvivían en chabolas. Escuchan y acompañan. Sitúan a la persona en su centralidad. Trabajan construyendo el Evangelio desde la invisibilidad.
Esta semana, cuando se producía el desalojo de medio centenar de inmigrantes en un asentamiento chabolista de Níjar, muy pocas personas pisaron el sitio para preocuparse y buscar soluciones al drama. Allí estaba Almería Acoge, una plataforma en defensa de los sin techo, las Mercedarias y los jesuitas. Y un puñado de periodistas, nostálgicos de aquellos tiempos donde se hacía periodismo. Y nadie más. Daniel Izuzquiza es el sacerdote misionero que está al frente del proyecto. La misión es, ahora, Almería. Donde la riqueza, las oportunidades y, también, la miseria conviven sin demasiados reparos.

Casa Arrupe del proyecto de SJM Almería en Níjar
-Dónde han ido a parar las personas desalojadas...
-La gran mayoría se han acomodado donde han podido. Institucionalmente solo ha habido unas cuantas plazas en Almería Acoge. En este momento tienen seis llenas. Hay otras dos personas en el Albergue Municipal de Almería. Nosotros hicimos la derivación. Aquí ofrecimos salida a dos mujeres muy vulnerables, pero una se ha ido a Huelva y la otra se ha marchado con su pareja. No está claro si está en otro asentamiento.
-Porque los asentamientos siguen existiendo...
-Sí, sí. La estimación estaría entre 30 y 40. Allí viven unas 1.500 personas. Si a eso unimos los lugares vulnerables, alrededor del 10 por ciento de la población de Níjar está en una situación de infravivienda.
-Qué labor hace allí el Servicio Jesuita de Migraciones.
-Acompañar, servir y defender a las personas migrantes. Damos mucha importancia a la centralidad de la persona. Trabar relaciones, escuchar testimonios, caminar con ellos. Ofrecemos talleres formativos, mediaciones administrativas o legales...
-Y trabajan codo con codo con la vivienda.
-Estamos gestionando 12 o 13 viviendas con unas 80 plazas residenciales. La mayoría es gente que vivía en asentamientos.
-Es una realidad casi invisible.
-No se ve o no se quiere ver. Es un mundo camuflado entre los plásticos. Hay que hacer una llamada a la responsabilidad para atender esa realidad.
-Una iglesia en salida. Con la mujer al frente de ese hospital de campaña.
-Las congregaciones religiosas y, muy particularmente, las femeninas llevan desde hace décadas atendiendo a los inmigrantes. Las Mercedarias en Níjar, las del Sagrado Corazón en El Ejido o las Hijas de Jesús en Roquetas... Y a través de las Cáritas. Hay una presencia de cercanía.
-Ha estado como misionero en Perú. ¿Es hoy Europa, Almería, tierra de misión?
-Antes de venir aquí estuve cinco años en Lima, en Perú. Las condiciones son parecidas: sin acceso al agua, sin alcantarillado, sin electricidad. Pero, además, aquí en Níjar se da una circunstancia que es especialmente dramática. Los inmigrantes están desgajados de su contexto cultural.
El 90 por ciento de las personas que viven en los asentamientos son hombres solos. Su red relaciones, su familia, sus hijos, se han quedado en su país. Es incluso más dramático que en los cinturones de pobreza de grandes ciudades como Lima.
-Quizás la diferencia es que aquí sí hay oportunidades para progresar.
-Es cierto que son personas laboralmente activas, y se levantan por la mañana temprano para ir a trabajar. En ese sentido, no es una población marginal o desestructurada. Aunque, a veces, sus condiciones son precarias y hay explotación laboral.
-Pero el problema de la vivienda es dramático. Arrastra a la marginalidad...
-En Níjar tenemos un problema especialmente agudo. El volumen de infravivienda es muy alto. Las administraciones nacional, regional y local, empresarios (sector hortofrutícola e inmobiliario) y el Tercer Sector y la Iglesia deben unirse. Y se deben buscar fórmulas para que se pueda alquilar con seguridad jurídica. Y hace falta construir vivienda y que el Ayuntamiento ponga suelo público para esa construcción. Y no valen receta únicas porque Nijar es un municipio disperso en el que deben haber soluciones en varios escenarios. Necesitamos un plan con muchos actores para resolver esto.
-Le preocupa la polarización política, el auge de los ultras...
-Vivimos en la era de las migraciones. Con la globalización se ha incrementado el volumen de flujos y el asunto es cómo se gestiona. El futuro de Europa viene de la mano de los inmigrantes. La inmensa mayoría de ellos son personas jóvenes y con ganas de trabajar que aportan, que rejuvenecen y que enriquecen la sociedad.
Y lo que necesitamos es gestionar de una manera racional, lógica y positiva las migraciones. Mientras esto no se haga, las medidas serán miopes y, a corto plazo, va a generar más problemas.
-El Papa Francisco pide una iglesia en salida. Eso son ustedes. Puro Evangelio.
-Hay que recordar que la primera visita fuera de Roma después de ser elegido fue a Lampedusa. Y allí hizo una pregunta: ¿Hemos mirado a los ojos a esas personas?
El Mar Mediterráneo se ha convertido en un mar de muerte. Los jesuitas y otras áreas de la iglesia estamos en trabajar con los más vulnerables, desde el Evangelio, y también para construir una sociedad más equilibrada y cohesionada.