El maestro de El Ejido que enseña a viajar en el tiempo: "Un niño aprende viviendo, no memorizando"
‘El Maestro Alberto’ impulsa una propuesta pedagógica que integra el entorno en el proceso educativo

Los alumnos de 'El Maestro Alberto' en una de sus actividades.
En el CEIP Diego Velázquez de El Ejido, una clase de Infantil ha encontrado la forma de moverse por el tiempo. Allí, entre juegos y aprendizaje, los alumnos han cruzado siglos y siglos de historia gracias a un proyecto educativo que convierte su propio entorno en una aventura y hace que aprender deje de ser teoría para convertirse en experiencia.
Detrás de esta iniciativa se encuentra Alberto Padilla, conocido en redes como ‘El Maestro Alberto’, que ha impulsado un proyecto con un objetivo claro: acercar a los niños a su entorno más cercano, su historia y su identidad.
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“Trabajamos muchos temas interesantes, pero a veces están lejos de su realidad. Nos dimos cuenta de que algo tan cercano como nuestro pueblo lo dejábamos a un lado”, explica el docente. Así nació 'El Ejido, mucho más que invernaderos', una propuesta que ha ocupado todo un trimestre y que parte de una idea tan creativa como simbólica: un mensaje de la NASA que alertaba de que desde el espacio solo se veía una gran mancha blanca.

'El Maestro Alberto' junto a sus alumnos en clase.
A partir de ahí, el reto estaba claro: demostrar que El Ejido es mucho más que esa mancha y hay cosas muy bonitas por descubrir en el municipio.
Un aprendizaje que no se memoriza, se vive
Así, el proyecto ha permitido a los alumnos conocer la historia de su municipio, sus monumentos, su cultura y sus figuras más relevantes. Han investigado el origen del nombre de El Ejido, han descubierto su pasado romano y han tenido la oportunidad de contactar con personalidades vinculadas a la localidad, como la directora de cine Nuria Vargas o Vanessa García, la hija del cantante Manolo Escobar. Pero, realmente, si hay algo que define esta experiencia es su carácter vivencial. Lejos de las metodologías tradicionales, el aprendizaje se ha construido desde el juego, la experimentación y la participación activa.

Los alumnos de 'El Maestro Alberto' trabajando en clase.
“Un niño aprende jugando siempre. No es lo mismo contarle algo que hacérselo vivir”, señala Padilla. Esa filosofía se ha materializado en actividades como la creación de mosaicos al estilo romano o la recreación de una clase ambientada en la antigua Murgi.
La implicación de las familias, clave
Uno de los pilares fundamentales del proyecto ha sido la participación de las familias, que han colaborado activamente en el desarrollo de las actividades. Desde la organización del 'viaje en el tiempo' hasta la ambientación del aula o el desarrollo de las actividades, su implicación ha sido total. “Tenemos la suerte de contar con familias muy comprometidas. Esto es un trabajo de corresponsabilidad”, destaca el maestro.
Una visión que comparte la directora del centro, María del Rosario Sánchez, quien subraya la importancia de esta colaboración: “Las familias son fundamentales. Su implicación en el día a día enriquece muchísimo el aprendizaje de los niños”.
Desde la dirección, además, valoran muy positivamente este tipo de iniciativas: “Son locuras que permitimos, pero que tienen un gran valor educativo. Lo importante es que los niños disfruten, estén motivados y aprendan”, afirma.
Mucho más que un proyecto
Además, la experiencia no termina en el aula. Como parte final del proyecto, el alumnado trabajará en una iniciativa de aprendizaje-servicio con la que mejorarán su entorno más cercano, fomentando el cuidado de espacios públicos como parques y plazas.
El objetivo, por tanto, es doble: no se trata solo de conocer su pueblo, sino también contribuir a hacerlo mejor.
Para 'El Maestro Alberto', este tipo de proyectos reflejan lo que realmente significa educar: no solo enseñar, sino también aprender cada día para ser mejor. Aprender de las familias, de los compañeros y también de los niños.
Una filosofía que le ha llevado a convertirse en un referente educativo, pero que, según él mismo reconoce, sigue viviendo con naturalidad: “No soy muy consciente del alcance que tengo. Yo simplemente intento ayudar y compartir”.
Y así, entre juegos, historias y viajes imposibles, en una clase de Infantil de El Ejido se construye algo que no aparece en ningún libro de texto: el orgullo por lo propio, la curiosidad por aprender y la certeza de que la educación, cuando se vive, deja una huella que va mucho más allá del aula.