"Es lamentable que la gente no sepa de dónde viene nuestro gran símbolo: el Indalo"
Almería tiene 152 espacios museísticos con los que celebrar este lunes el Día Internacional de los Museos

María Dolores Durán con su Guía de Museos, editada por el Instituto de Estudios Almerienses.
“Si a Almería le quitas sus playas, no le queda nada”. Todo el que repite esa frase tiene razón... exceptuando que entonces habría que borrar del mapa el poblado milenario de Los Millares, o el Museo de la Guitarra Antonio de Torres, o el propio Museo de Almería con todas sus piezas. Habría que tachar también el Museo de Adra, o el conjunto arqueológico del Barrio Andalusí, o, incluso, seguir sumando hasta el Museo Ibáñez y el recién abierto museo de Dionisio Godoy, en Fondón.
En total, hasta 152 excepciones tendrían que hacerse a esa frase. Y todas ellas, además, sumarse a un mapa mucho más amplio: el de paisajes, rutas y enclaves que convierten a la provincia en algo mucho más que su litoral.
“Que en Almería no hay nada que ver” es el mito que la historiadora María Dolores Durán, Escudo de Oro de Almería, ha intentado desmontar durante décadas en sus clases, cuando mandaba a sus alumnos a recorrer la ciudad y sus museos como actividad docente. Fue ese mismo objetivo el que la llevó también a elaborar la primera Guía de Museos de la provincia de Almería, con el apoyo del Instituto de Estudios Almerienses. Todo para demostrar precisamente lo contrario: que el problema nunca fue la falta de patrimonio, sino la forma de mirarlo y entenderlo.

Museo del Realismo Español Contemporáneo de Almería.
Un patrimonio "extensísimo"
La provincia se revela como un territorio donde el patrimonio no está concentrado, sino disperso, casi escondido entre calles, sierras y valles. No es una provincia que se entienda de golpe, sino a base de pequeñas sorpresas: una pieza arqueológica en una sala silenciosa, una casa-museo que guarda una historia íntima, o un centro de interpretación que convierte un paisaje en relato.
En esa diversidad está precisamente su riqueza. Como recuerda la historiadora, “lo que no se conoce no se valora”, una idea que ha guiado toda su trayectoria docente y divulgativa: “Cuanta más cultura se tiene, más se aprecia todo. Y más civilizado se es”, resume.
Desde los grandes espacios como el Museo de Almería hasta iniciativas más pequeñas en pueblos del interior, el mapa cultural almeriense funciona como un mosaico irregular, donde cada pieza aporta una lectura distinta del mismo territorio. No hay una sola historia, sino muchas capas superpuestas: la del mar y la agricultura, la de las civilizaciones antiguas, la del arte contemporáneo y la memoria más reciente.

Museo de Arte Doña Pakyta.
Lo interesante no es solo lo que se conserva, sino cómo se conserva. En lugares como Cuevas del Almanzora o Terque, los museos no funcionan como espacios cerrados, sino como extensiones vivas del propio pueblo, integrados en su identidad cotidiana. Allí, el patrimonio va desde castillos y palacetes hasta tesoros inmateriales como la pesca, la minería o el trabajo del esparto. Quizá por eso la idea de que “en Almería no hay nada que ver” se desmonta sola en cuanto se empieza a mirar con calma.
La gran carencia
En el relato de la historiadora, hay una ausencia que pesa casi tanto como todo lo que existe: el gran símbolo de Almería no tiene todavía un espacio propio donde explicarse. El Indalo, convertido en icono universal de la provincia, sigue sin museo monográfico, a pesar de su carga histórica y simbólica: “Es lamentable. Aquí viene mucha gente, compra un Indalo en una tienda y no tiene dónde entender qué significa realmente”.
No solo eso: como experta en la materia, Durán va más allá. Recuerda que el símbolo está ligado al Movimiento Indaliano impulsado por Jesús de Perceval y otros artistas de la posguerra, un episodio clave del arte almeriense del siglo XX que, según la investigadora, sigue sin explicarse al gran público con la profundidad que merece.

En el Museo de Adra.
“En una época de dictadura, recién terminada una guerra, unos chicos jóvenes que estudiaban en una escuela de arte -no como las actuales, sino las de aquel momento-, junto a un Perceval muy joven, fueron capaces de adentrarse en el mundo de la cultura de su tiempo y demostrar lo que valían. Creo que se merecen tener un espacio propio, un museo que les esté dedicado”, reivindica.
Para ella, hay otra imagen que resume bien las contradicciones del sistema cultural: museos abiertos, con contenido, pero sin visitantes: “Entras un domingo a museos muy interesantes y muchas veces los ves vacíos. Y eso da pena”.
Según la historiadora, esta situación responde a una combinación de factores: falta de hábito cultural, escasa difusión, y necesidad de más exposiciones temporales que renueven el interés del visitante.