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Carboneras

La escritora gallega enamorada de Carboneras: "La infancia, a veces, dura toda la vida"

La autora presentará su último libro 'El niño que escribía en el agua', con una mezcla de memoria y amistad, el 25 de septiembre en el municipio almeriense

Marga Cancela, escritora

Marga Cancela, escritoraLA VOZ

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Al final del Paseo Marítimo de Carboneras hay una casa que destaca entre las demás. En una pared cuelga un cuadro de peces; las estanterías suben hasta el techo; sobre la mesa, papeles y lápices se mueven junto a un vaso de café. La luz entra oblicua por la ventana y el rumor del paseo baja despacio. “Este horizonte me ordena las ideas”, dice mientras repasa páginas, tacha, vuelve a leer en voz alta. Después de doce veranos en Agua Amarga sin crear ningún vínculo, en Carboneras descubrió su lugar: una mesa, silencio a ratos y un mar que marca el ritmo.

Desde esa mesa prepara la presentación de una novela que nace de una idea sencilla y clara: hay historias que se escriben en papel y otras que se escriben en el agua. Las primeras se quedan; las segundas, si no se miran, se deshacen. Con esa certeza, Marga Cancela Negreira presentará en Carboneras el 25 de septiembre ‘El niño que escribía en el agua’: un libro en castellano, de prosa precisa, que mira a la infancia, la naturaleza y la amistad sin subrayados. Lo guía una convicción que la autora repite y que aquí encaja: “La infancia, a veces, dura toda la vida”.

Marga Cancela frente al mar

Marga Cancela frente al marSara Ruiz

Vocación: del mostrador al oficio

Nacida en Ordoeste (A Baña, A Coruña), creció entre el mostrador del ultramarinos de su madre y las voces de la aldea. Aquel mostrador hacía de confesionario: entre encargos y vueltas, la gente contaba lo que le pasaba y ella, niña aún, escuchaba sin interrumpir. De ahí le quedó un oído atento a las voces y a los silencios. Lo resume con una imagen que repite: guardaba “palabritas en los bolsillos”. No hubo una fecha exacta ni una iluminación para empezar a escribir, sino que fue costumbre y paciencia. Con el tiempo, la escritura pasó a ser una tarea diaria: sentarse, mirar con calma y contar con claridad.

También pesó una decisión vital: “Me fui de Galicia por el machismo”. Ese salto explica su carácter y su manera de contar. No escribe para ajustar cuentas ni para levantar la voz, sino para demostrar quién es con respeto y medida: sin morbo, sin adornos de más y confiando en quien lee. Esa ética recorre su obra —cuentos premiados y reunidos en más de veinte antologías— y también sus colaboraciones en El Asombrario y en Carta Local, el boletín mensual de la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias). 

Iglesia de Santa María en Ordoeste

Iglesia de Santa María en OrdoesteSitios que visitar

Ciudades que construyen quién eres

Ese oído del mostrador no se quedó en Ordoeste: la empujó a salir y buscar camino. Con esa disciplina llegó a Londres, donde trabajo y estudio fueron a la vez: 'au pair', cocina, recepción. Por las noches, estudiar hasta completar el bachillerato británico. Pasó varios años en la embajada, aprendiendo la precisión de los papeles. En el club londinense Antonio Machado, coincidió con Joaquín Sabina, que le prestó libros y la animó a sacar latín. Lo cuenta sin épica: “Mi primer libro entero lo leí a los 20”. 

Después llegó París, con otros acentos y más tiempo para leer. De esas ciudades volvió con lo que ella llama oído y método: oído para voces reales; método para sostener una rutina. Completó Comercio Internacional (Cambridge) y Filología Inglesa (Universidad Complutense), y hoy es catedrática de Inglés en Madrid. Ese recorrido —oído, método, aula— dejó una huella sencilla que hoy recorre sus libros: elegir la herramienta justa para cada historia.

Marga Cancela en su retrato

Marga Cancela en su retratoLA VOZ

Lengua y ética: claridad ante todo

Con ese aprendizaje, el gallego queda como voz de la infancia y la memoria, y el castellano como instrumento afinado en la ciudad y el aula. Esta última obra está escrita en castellano, mientras que en su libro anterior, 'O clamor das virxes', la historia se escribió primero en castellano y se tradujo al gallego. Le interesa que una misma tierra pueda sonar en dos versiones sin perder verdad: no forzar la lengua y respetar el pulso de cada historia.

Esa elección va unida a una ética: narrar con mesura. En 'El niño que escribía en el agua' hay infancia, amistad, constelaciones y dolor. Todo está, pero sin exceso. Prefiere insinuar más que explicar y dejar espacio al lector. Y esa sobriedad, ya presente en sus libros anteriores —'Sapos de otro pozo' fue primera finalista del Premio Internacional de Narrativa “Ciudad de Torremolinos” en 2016—, sostiene una prosa clara, precisa y cercana.

O clamor das virxes, obra en gallego

O clamor das virxes, obra en gallegoMedulia Editorial

Escribir en el agua

Para entender todo este conglomerado que atraviesa la naturaleza de la autora, basta un destello del viaje que recorre 'El niño que escribía en el agua': “El autobús siguió el río y la hilera de abedules. La aldea que llevaba dentro se fue haciendo pequeña hasta quedar en un punto”. La escena resume su manera de narrar: imagen precisa, paisaje que acompaña la emoción y memoria en movimiento. No hay postal. Hay vida.

Y la vida nace de una rutina sencilla. Escribe sobre todo por las tardes y, cuando puede, en verano. No tiene rituales: le basta una mesa —en Carboneras, esa mesa está llena de papeles— y algo de silencio. Con los hijos ya mayores, el ritmo es otro, pero la casa sigue viva y, a veces, Paco, su pareja, anuncia la cena justo cuando el párrafo está a punto de estallar: “Me fastidia”, bromea. Le gusta esa convivencia de casa y página. Además, con el mar delante, las ideas se ordenan.

Marga Cancela leyendo en el Paseo Marítimo de Carboneras

Marga Cancela leyendo en el Paseo Marítimo de CarbonerasSara Ruiz

Y de esa rutina sale también su herramienta principal: las tijeras. “Habría que poner impuestos a los adjetivos. El lector no es estúpido”, dice. Le cuesta más corregir que escribir: una tarde puede empezar con seis párrafos y terminar con tres. Lee en voz alta para comprobar que la frase respira, evita el adorno y busca un ritmo limpio. De ahí viene el compás de 'El niño que escribía en el agua': un tempo que acompaña sin ruido.

Con ese compás —tardes de corrección, tijeras atentas y el horizonte poniendo orden—, el 25 de septiembre en Carboneras Cancela abrirá el libro ante los lectores. No hará falta más que conversar de memoria y de paisaje, de la amistad que sostiene y de heridas contadas. Y dejar, sin aspavientos, la idea que lo recorre: la infancia, a veces, dura toda la vida. Lo demás es aprender a que no se borre, aunque esté escrito en el agua.

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