El último asalto y ataque turco-berberiscos ocurrió en Adra en 1620
La defensa heroica, cuando vecinos y milicias lograron rechazar el asalto de galeras turcas en pleno reinado de Felipe III

Antigua muralla de la ciudad. Lienzo situado en la calle San Sebastián junto al Mercado Central de Adra
Es posible que muchos ignoren que la última batalla entre musulmanes y cristianos en España tuvo lugar en Adra, y precisamente en tiempos de Felipe III, cuando el poder de España estaba en su cénit.
En la mañana del 14 de octubre de 1620, los habitantes de Adra despertaron despavoridos entre rebato de campanas. Los vigías encargados de la vigilancia de la costa avisaron que se acercaban siete galeras armadas y otros tantos navíos de gran porte, ocupados por turcos de guerra.
El regidor de Adra, capitán don Luis de Tovar, soldado viejo y experimentado, mandó en seguida aviso a los lugares de las cercanías para que le socorriese, principalmente a Berja, y a Ugíjar, donde residía el corregidor de las Alpujarras, a cuya jurisdicción pertenecía Adra.
Pero el ataque fue tan fulminante, que a mediodía los turcos habían desembarcado setecientos hombres de guerra, que después de matar al capitán Tovar y a otros trece soldados que les opusieron resistencia se apoderaron de la población y de las murallas que la cercaban. Los habitantes que no pudieron huir, en número de unos trescientos, se refugiaron en el castillo que entonces estaba en regular estado de defensa.
Destrucción
En el pueblo, los turcos destruyeron todo lo que encontraron, Quemaron en la iglesia un crucifijo, una imagen de San Nicolás y otras varias: la Custodia, y una imagen de la Virgen pudieron salvarse porque el señor Vicario y un devoto soldado tuvieron tiempo de recogerlas y llevarlas al castillo.
Los turcos intentaron asaltar también el castillo, y provocaron un incendio, pero los de dentro, terraplenando la única entrada que tenía, consiguieron que no entrasen. Todas las casas del pueblo fueron saqueadas, y muertos todos los animales, quemados los enseres, y destruido todo lo que no podían llevarse. De las murallas se llevaron siete cañones pedreros, e inutilizaron otros.
Mientras tanto, los avisos que había mandado el capitán Tovar empezaron a surtir efecto. En Berja, el capitán Pedro Gurendez de Salazar se puso en marcha con una compañía de caballos. En Ugíjar el alcalde mayor, don Sebastián de Céspedes y Meneses echó bandos y pregones, y mandó avisos urgentes a todos los pueblos de su jurisdicción para que todos hombres útiles, con sus armas, se concentrasen en Berja.
A las pocas horas recibió el segundo aviso de que el desembarco había tenido ya lugar, lo que le hizo ponerse en marcha con los primeros cien hombres que habían acudido, y cuando todavía no había llegado a Berja, recibió un tercer recado urgente informándose que los turcos habían ocupado ya el pueblo de Adra, y matado al capitán Tovar.
Cañoneo sin efectos
El alcalde mayor pasó la noche en Berja, y ordenó que su gente siguiese hacia Adra a las órdenes del cabo Francisco Guerra, regidor de Ugíjar, y hombre experimentado, este, al llegar cerca de Adra, se reunió con el capitán Gurendez, que había ocupado junto a la costa una casa vieja que llamaban la Rabitilla. Allí tuvieron que pasar la noche, pues los turcos habían aumentado, y dueños de la muralla, y de la fábrica de azúcar, era temerario atacarlos con tales condiciones de inferioridad.
A la mañana siguiente, día 15, los turcos empezaron a cañonear el castillo desde las galeras, aunque sin resultado, porque los muros eran gruesos y resisten perfectamente. A media mañana llegó el alcalde mayor con más gente, y entre todos intentaron ocupar un altozano junto a la desembocadura del río (que estaba más cerca de Adra que lo está en la actualidad).
Pero los turcos se dieron cuenta de la maniobra: acercaron las galeras, desembarcaron doscientos tiradores, y ocuparon toda la desembocadura del río, con lo que los cristianos tuvieron que retirarse a los cerros que dominan a Adra por el Norte Había además entre los cristianos tal escasez de pólvora, que la mitad quedaron con armas blancas, ya la otra mitad se repartieron dos cargas de pólvora por soldado.
A mediodía llegaron refuerzos de Andarax y de Fondón, mejor armados, y todos unidos, acometieron a la vez. El ataque, llevado con ímpetu, surtió efecto: los turcos abandonaron el altozano, los cristianos se lanzaron en su persecución, y llegaron hasta el pueblo los turcos lo evacuaron retirándose hacia el mar, y dejando bastantes heridos y algunos prisioneros.
Estrategia del alcalde Mayor
Ya de nuevo embarcados, los turcos se dieron cuenta de que los cristianos eran pocos, y que ellos pudieron muy bien resistirlos y rechazarlos. Arrepentidos de haber soltado su presa, intentaron volver a desembarcar.
El alcalde Mayor dispuso una estratagema: destacó una parte de su gente, que, escondiéndose entre los cañaverales por la falda del cerro, aparecieron más lejos a la vista de todos como si fueran nuevos refuerzos que llegaban. La ficción surtió efecto, y los barcos que ya se acercaban a tierra, volvieron proa y se adentraron en el mar. A la tarde volvieron a acercarse con mucha algazara: volvió el alcalde Mayor a repetir su ardid, y los barcos se alejaron definitivamente.
Los turcos dejaron en tierra más de cincuenta muertos, y desde tierra se vio cómo en los barcos arrojaban al mar algunos cadáveres más. Aparte de ello se cogieron algunos prisioneros, que sometidos a tormento; explicaron que procedían de Turquía y Túnez, y que, al pasar frente a Adra, había llegado hasta ellos, nadando, un pastor de ganado, esclavo berberisco, que les había referido cómo Adra estaba falta de guarnición y era fácil presa.
Todavía los barcos turcos siguieron algunos días frente a costa granadina, recorriéndola hasta Motril, y amagando en varios sitios un nuevo desembarco. Pero los refuerzos habían seguido llegando a Adra, y el alcalde Mayor pudo distribuir sus fuerzas, y guarnecer suficientemente los lugares amenazados, con lo que al final los barcos desaparecieron.
Distinciones militares y recompensas
Las bajas por nuestra parte fueron 17 muertos, entre ellos dos mujeres, y 22 heridos, que fueron repartidos, hasta su curación, por los pueblos cercanos. Al capitán Luis de Tovar se le dio honrosa sepultura y honradas y obsequiadas militares. El alcalde Mayor regresó a Ugíjar como vencedor, siendo recibido con honores militares, luminarias y regocijo, toque de campanas y cantándole un solemne Te Deum en la iglesia.
Dicho alcalde Mayor presentó al presidente de la Chancillería de Granada una relación de distinguidos, como dignos de recompensas, entre ellos figuraba en primer término el capitán Pedro Gurendez de Salazar. Los daños que los turcos hicieron en Adra fueron pronto reparados pero la iglesia quedó tan destrozada, que durante mucho tiempo el culto hubo de trasladarse a la vecina localidad de La Alquería. En el libro parroquial figura un acta de los destrozos habidos en la iglesia, levantada por un delegado que mandó expresamente el Arzobispo de Granada.