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Antonio Espinosa, el maestro almeriense que hizo del deporte y la montaña su forma de vida

Asus 70 años este daliense de corazón no abandona los pedales ni las sierras que ha recorrido a en incontables ocasiones

Antonio Espinosa en su llegada triunfal al Santuario del Cristo de la Luz de Dalías, tras un peregrinaje.

Antonio Espinosa en su llegada triunfal al Santuario del Cristo de la Luz de Dalías, tras un peregrinaje.La Voz

Marina Ginés
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A sus 70 años, este maestro y amante de la naturaleza, nacido en Trevélez pero daliense de corazón, ha dedicado su vida a enseñar, a disfrutar del deporte y a contagiar su pasión por las sierras de Almería y Granada.

A Antonio Espinosa Fernández se le iluminan los ojos cuando habla de la montaña. Sus palabras, sencillas y sinceras, desprenden ese amor auténtico que solo nace de una vida vivida entre senderos, naturaleza y amistad. 

Tiene 70 años, es natural de Trevélez, pero su corazón late al ritmo de Dalías, el pueblo almeriense que lo adoptó hace décadas y donde ha echado raíces profundas. “Mi patria chica es Dalías —confiesa con una sonrisa—. Aquí encontré el amor al lado de una daliense, y desde entonces me quedé”. Y claro, la cabra tira al monte… en su caso, nunca mejor dicho.

Una vida entre montañas y naturaleza

El deporte y la montaña han sido los grandes compañeros de viaje de Antonio. Su primera subida al Mulhacén, el pico más alto de la península ibérica con 3.479 metros de altitud, fue siendo apenas un muchacho. Aquel día, un sacerdote del pueblo, aficionado al senderismo, los llevó a un grupo de alumnos acompañados por un pastor local. “Desde entonces no he parado. Senderismo, bici, carrera... lo que sea, pero siempre en contacto con la naturaleza”, recuerda con entusiasmo.

Antonio junto a dos amigos en una subida a la sierra.

Antonio junto a dos amigos en una subida a la sierra.La Voz

Desde aquella primera aventura, Antonio ha subido al Mulhacén tantas veces que ya ha perdido la cuenta. Pero más allá de las cumbres alcanzadas, lo que atesora son las vivencias: la vez que un búho real batió sus alas a pocos metros de él y sintió que el corazón se le salía del pecho; o aquel momento mágico en el que una cabra montesa comió de su mano, como si reconociera en Antonio a un amigo más de la montaña.

También hay espacio para las anécdotas curiosas, como aquella jornada en la que, acompañado de unas jóvenes alumnas, se toparon con una culebra dormida al sol. “Si las tocas sin miedo, no hacen nada”, les decía mientras lograba que acariciasen al animal sin que este se inmutara. Pequeñas historias que resumen la filosofía de vida de Antonio: respeto, curiosidad y amor por la naturaleza.

Antonio en una carrera.

Antonio en una carrera.La Voz

Aún sin haber cumplido los 18 años, Antonio ya conocía la sierra como la palma de su mano. Tanto era así, que un día la Guardia Civil contactó con él para que colaborara en la búsqueda de un avión que supuestamente se había estrellado en la zona. Finalmente, el siniestro no había ocurrido en la montaña, sino en el mar, pero aquella llamada fue una muestra del respeto y la confianza que ya despertaba entre los vecinos y las autoridades por su conocimiento del terreno.

El lado más humano del deporte

No todas las experiencias han sido tan amables. Con apenas 14 o 15 años, Antonio vivió un momento que nunca ha olvidado. Junto a unos amigos, subió al Pico del Goterón, en la Alcazaba de Sierra Nevada, un lugar donde años atrás se había estrellado un avión francés DC-6 con 80 fallecidos. “La nieve y el frío habían conservado muchos restos. Fue impresionante, algo que te marca para siempre”, recuerda con un tono de respeto y tristeza contenida.

Pese a esas experiencias, para Antonio el deporte siempre ha sido sinónimo de vida, salud y amistad. “Mis mejores amigos los he conocido gracias al deporte. Te hace relacionarte con mucha gente, te une”, afirma convencido.

Maestro, mentor y ejemplo de vida activa

Antonio Espinosa no solo es conocido en Dalías por su amor al deporte, sino también por su labor como maestro. Su carrera docente lo llevó a ocupar cargos de responsabilidad como jefe de estudios y director del colegio del municipio. 

Aunque, por supuesto ha sido maestro de educación física, asegura con humor que ha dado de todo: “He sido profesor de todas las asignaturas, menos de idiomas, porque mi lengua extranjera era el francés”, cuenta riendo.

Uno de sus senderos con alumnos.

Uno de sus senderos con alumnos.La Voz

Pero más allá de las aulas, Antonio fue un maestro de vida. Supo transmitir a sus alumnos su pasión por el deporte y por la naturaleza, organizando excursiones, rutas y jornadas deportivas. “He llevado a decenas de alumnos por las sierras, desde el Mulhacén hasta la Sierra de Gádor. A veces acababa con tres mochilas al hombro, ayudando a los que más les costaba. Pero valía la pena ver sus caras al llegar a la cima”, recuerda entre risas y nostalgia.

El legado de un deportista incansable

Tras muchos años dedicado a la enseñanza, en 1989 Antonio regresó definitivamente a Dalías, donde ha continuado cultivando su espíritu activo. Ahora, ya jubilado, no ha dejado que la edad lo frene. Y es que, como se suele decir, la edad es solo un número. Antonio entrena a varias mujeres deportistas de Dalías y Berja, a quienes admira profundamente. “Hay que apoyar el deporte femenino siempre. Son unas auténticas guerreras”, afirma con convicción.

Antonio junto a una de sus compañeras de entrenamiento.

Antonio junto a una de sus compañeras de entrenamiento.La Voz

Su entrega, constancia y amor por el deporte han sido reconocidos recientemente en la Gala del Deporte del Poniente de Almería, celebrada el pasado 5 de noviembre en el Auditorio de Adra. Allí, Antonio Espinosa recibió un merecido galardón que pone en valor toda una vida dedicada al deporte, la naturaleza y la enseñanza.

Un corazón que late al ritmo de las montañas

Para Antonio, el deporte va mucho más allá de la forma física o la competición. Es una manera de vivir, de conectar con los demás y con uno mismo. “Lo mejor del deporte no es solo la salud, es la gente que conoces, las amistades que haces en el camino”, afirma con una sonrisa tranquila, de esas que solo tienen los que han aprendido a disfrutar de cada paso.

Y es que Antonio Espinosa, maestro, deportista y enamorado de las sierras almerienses y granadinas, es mucho más que un ejemplo de vitalidad. Es una inspiración. Un hombre que ha sabido convertir el esfuerzo en alegría, la naturaleza en escuela y la montaña en su hogar.

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