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Los cajones flamencos almerienses que han llegado hasta Holanda

Un huercalense se inició en esta artesanía a raíz de un anuncio y hoy ya tiene marca propia

Cajones flamencos creados por Miguel Uribe Sánchez.

Cajones flamencos creados por Miguel Uribe Sánchez.La Voz

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Becario CM

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En una tierra donde el flamenco no se vive ni se siente, salvo orgullosas excepciones, de la misma manera en que se respira en otros rincones de Andalucía, la presencia de los cajones flamencos es casi inexistente. La música flamenca no sería lo mismo sin el inconfundible sonido del cajón, un instrumento que a priori parece simple y para que el que solo necesitamos hacer uso de las manos y un poco de ritmo.

Pero la artesanía del cajón flamenco es algo muy poco común en Huércal-Overa. Y sorprende encontrar a alguien que ha hecho de ellos no solo su pasión, sino también su oficio. Miguel Uribe Sánchez, quien decidió decidió desafiar esa parte de la historia y abrirse paso en un terreno desconocido porque un anuncio en internet despertó algo en su interior.

Lo que comenzó como una simple curiosidad, una chispa de interés en un mundo que queda lejano, pronto se convirtió en la necesidad de crear algo único, para lo que a día de hoy tiene su propia marca de cajones flamencos: MS Percusión.

Un simple anuncio en internet cambió por completo su vida: "Estábamos haciendo una reforma en casa y de repente me salió un anuncio que decía "¿Quieres hacerte tu cajón? ¿Quieres aprender a tocar el cajón?" y me dio la curiosidad y le dije al carpintero que me sacara unas maderas de tal medida".

"No tenía la mayor idea de cómo iba un cajón ni cómo se tocaba" pero la idea de crear algo por sus propios medios lo cautivó: "El carpintero me ayudó a montar la estructura del cajón, cogí una tabla de marquetería, cogí dos cuerdas que había por ahí tiradas de una guitarra de mi hermano y se las coloqué". Ese fue el momento en exacto en el que comenzó todo.

A partir de ahí, y de manera autodidacta, su habilidad de crear cajones fue creciendo y la gente le empezó a encargar cajones personalizados al detalle con "una foto, de algún nombre, algún color o infinidad de cosas que se le pueda hacer" que refleje su identidad y la del cliente. "Vas a aprendiendo a base de errores y ajustando, y luego vas buscando un sonido más tuyo, para cuando yo lo oiga, sepa que es mío" cuenta.

La fabricación de cada cajón no es un proceso exacto, ni mucho menos rápido. Todo dependerá de las características que cada cliente solicite. "Si te vas a un modelo básico, el montaje es más rápido. Entre el montaje, los tratamiento que lleva de barniz y todo lo demás... un cajón lo puedo hacer en un par de días".

Para cuando los encargos requieren materiales o diseños más complejos y personalizados, el tiempo de trabajo cambia considerablemente, "El año pasado hice uno que era un cajón alistonado, una madera china que es yosu. Y yo daba una incrustación en sapele. Toda esa madera viene en bruto y yo tengo que empezar a elaborarla, cortarla, unirla, pegarla, desgastarla... Es un trabajo duradero y complicado pero a la vez bonito".

Tan duradero que Miguel ha llegado a tirarse "12 o 14 horas en el taller". "Cuando llega la Navidad mi pareja tiembla porque me encierro en el taller y no me ve hasta el año siguiente" añade entre risas.

Si queremos hablar de los cajones flamencos, el sonido del cajón es, sin duda, lo más importante de este producto y, cualquier fallo en su fabricación, por mínimo que sea, puede alterarlo por completo porque "los sonidos cambian y puede incluso no tener sonido".

Los cajones más especiales

Desde que comenzó a trabajar en ello a raíz de ese anuncio, Miguel ha fabricado cientos y cientos de cajones. Tantos que ha perdido la cuenta. Pero hay uno que recuerda con especial cariño, uno que hizo para uno de sus alumnos. "Cuando te metes en el taller a trabajar, de puerta hacia fuera parece que ya no hay mundo. Y te centras en eso y se crea algo tan bonito entre el cajón y tú... es algo que no tiene explicación".

Como es de esperar, él también ha creado cajones que ha regalado a sus seres queridos. El que le hizo a su pareja es uno muy especial con "el cuerpo de haya rosa, macizo, ataba un compuesto como palo rosa catedral, tiene un acabado espectacular". Un cajón que hizo pensando en cómo ella toca y qué le gusta, así que lo adaptó a su estilo. "Cuando lo vio, se sentó en él y no se bajaba de ahí. No me dejaba ni ver la tele" añadía riendo.

A pesar de que Huércal-Overa no es precisamente conocido por su tradición flamenca, el trabajo de Miguel ya ha logrado traspasar fronteras. El cajón de su propia marca que más lejos ha llegado ha sido hasta Holanda, donde sin duda ya existe una parte de la esencia de su arte y de su tierra. Y a día de hoy continúa trabajando bajo su marca, MS Percusión, con la esperanza de que sus cajones lleguen a más rincones del mundo.

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