La Voz de Almeria

Tal como éramos

El cierre de las últimas casas anuncia el derribo del adefesio de la Alcazaba

Las dos viviendas que quedaban habitadas han sido desalojadas y tapiadas

Han sido cuatro años soportando este esperpento en la calle más transitadas por el turismo.

Han sido cuatro años soportando este esperpento en la calle más transitadas por el turismo.

Eduardo de Vicente
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Los últimos inquilinos que quedaban en las viviendas de las calles Hércules y Viña se marcharon el pasado jueves y un día después aparecieron los operarios para sellar las puertas y evitar la posible ocupación de las casas vacías. Es un cierre esperado que anuncia el inminente derribo del edificio quemado que en los últimos años ha sido el más fotografiado por los turistas que han pasado por allí de camino a la Alcazaba.

Han sido más de cuatro años de espera para poder hacer realidad el inicio de un proyecto que comenzó en la legislatura de Ramón Fernández Pacheco al frente del Ayuntamiento de Almería, un proceso complicado que se fue atascando por la mala gestión municipal a la hora de abordar el asunto de las expropiaciones a los vecinos afectados, que en algunos casos asistieron con asombro a como desde Urbanismo se les ofrecía cantidades que estaban muy por debajo del valor real del mercado actual. Cómo iban a aceptar la aventura de dejar sus viviendas de toda la vida cuando el dinero que les daban a cambio no les llegaba ni para pagar la mitad de los que les costaba el piso nuevo.

El problema se fue agrandando y la vieja aspiración del casco histórico de tener un acceso digno al principal monumento de la ciudad se fue quedando en un sueño. Han sido más de tres años viendo como ese adefesio chamuscado pisoteaba la imagen de Almería. Los que vivimos en aquel entorno hemos visto a diario cómo los turistas se detenían delante del mamotreto y se lo llevaban fotografiado como recuerdo de Almería.

Los operarios cerraron las últimas viviendas el pasado viernes.

Los operarios cerraron las últimas viviendas el pasado viernes.

El derribo del edificio y de las casas que quedan en pie a lo largo de las calles Hércules y la Viña debe de cambiar definitivamente la estampa del entorno de la Alcazaba, especialmente la de la subida principal, que es la más abandonada. Hace ya seis años que derribaron las viviendas del margen derecho de la calle Almanzor, el mismo tiempo que el solar se convirtió en un estercolero que no solo sufren los que suben al monumento, también los vecinos que con las lluvias del invierno y la crecida de la vegetación están siendo invadidos por una plaga de mosquitos sin que nadie les solucione el problema.

Ahora, una vez que el derribo se ejecute, llega el momento de hacer realidad un plan que debe de transformar toda esa manzana a los pies de la Alcazaba en una continuación de lo realizado en el Parque de la Hoya. Sería fundamental que los responsables municipales contaran también con la opinión de las Asociación de Vecinos del Casco Histórico, que tiene la obligación de dar un paso al frente y exigir al ayuntamiento que la tenga en cuenta. No se trata de una obra más, sino de la gran obra, la que debe acercar nuestro principal baluarte turístico al centro de la ciudad. Para conseguirlo será fundamental el desarrollo no solo estético sino también racional, de esa gran avenida en la que se debe convertir la hoy maltrecha calle Almanzor, asfixiada por el abandono y por el tráfico. La mejora pasa forzosamente por ensanchar la subida para que los peatones puedan transitar seguros y por transformar esa zona de piedras y matorrales en un lugar amable donde los visitantes puedan tomarse un respiro de camino al monumento. La voz de los vecinos puede ser clave en el éxito del proyecto porque son ellos los que conocen de verdad la realidad del barrio, mucho más que cualquier concejal o que cualquiera de los profesionales que puedan confeccionar la reforma sobre un plano. De poco servirán los esfuerzos y el dinero gastado en los últimos años para tirar esta manzana de viviendas si no se consigue el objetivo fundamental de revitalizar el barrio.

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