La Voz de Almeria

Opinión

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Por gusto de la burocracia, llevo casi una semana sin abrir el ordenador. El asunto era sencillo, pero todo comenzó cuando a través del hilo telefónico una voz comenzó a recitar el conocido: “Si pertenece a la compañía pulse su DNI sin letra; si quiere tal cosa, pulse 1; si quiere tal y tal otra, pulse 2…”; finalmente lograron que pulsara todos los números de mi móvil, y cuando llegué a la persona adecuada -quiero decir al adecuado nivel del desespero- a mi documentación le faltaba un cero. Pero cómo es posible si el día anterior  la documentación era correcta… De repente, se corta la comunicación, y todo lo avanzado estaba perdido. Al día siguiente volví a intentarlo, pero ahora resultaba que la calle no se llamaba igual, así que tuve que oír otro: “vuelva usted con la documentación correcta”… 
Entre estas, se me ocurre: “¿y si aún existiera la oficina aquella donde se hizo el contrato (en papel) hace 20 años?”. Un vistazo a Internet y descubro que sí. Llamo rápidamente y todo son esperanzas de arreglar el asunto. Eso sí, me sugieren que vaya muy temprano a la oficina, pues el sistema informático ‘se cae’ a media mañana… Me da igual y no me importa perder horas de sueño. Me levanto horas antes de lo acostumbrado; voy corriendo a la parada del bus, pero tras 20 minutos de espera recuerdo que a esas horas  ese bus no está operativo. Pues nada: toca andar unos seis  kilómetros hasta la oficina, que aún se halla cerrada cuando llego, y fuera hay más personas de las que esperaba. 
Por turno me toca el 18. Tras una hora de espera comienzan los trámites y, efectivamente, poco a poco el sistema informático se va volviendo más lento, y la silla más incómoda. Han pasado dos horas hasta que al fin, y tras firmar un montón de papeles y vivir horas perdidas en la silla, me siento contenta, porque al final todo está hecho. 
(P. D.: Tras dos meses, me llega la nueva factura. Al parecer he contratado tarifa fija, algo que nunca se habló, y me lleva a pagar en este agosto como en invierno. No me gusta que se aprovechen de mí, así que mañana, me veo en la oficina para que me expliquen por qué voy a pagar una cantidad más propia de enero que de agosto. Madrugaré, no sea que me den con la puerta en las narices, y tenga que oír, el “Vuelva usted mañana”, y  como dueño de la expresión,  camine junto a Mariano José de Larra, eternamente.)



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