El general
“No es cierto que la política sea cosa de civiles, pero en España, dada nuestra Historia, nos ha venido muy bien que haya sido así desde los 80&rdquo
No se habla de otra cosa. La noticia de que del general en la reserva Julio Rodríguez (ex Jefe del Estado Mayor de la Defensa) ha dado el salto a la política integrándose en una de las candidaturas de Podemos ha provocado un pequeño terremoto. Cuando menos en el ámbito de la opinión publicada. Apenas hay término medio. De la sorpresa a la indignación.
El paso dado por el general no ha dejado indiferente a nadie. Hasta cierto punto es lógico si pensamos que la idea más común -la Historia pesa- es asociar a los uniformados españoles con posiciones políticas conservadoras. En términos históricos así fue en buena parte del siglo XX, pero no en el siglo XIX cuando la etiqueta “liberal” -equiparable por aquél entonces a lo que hoy entendemos por "izquierda"- apellidó a no pocos militares. Muchos de ellos activos protagonistas de la política.
Con el andar del tiempo y tras el golpe de Estado contra la Segunda República y la posterior Guerra Civil, la dictadura del general Franco marcó durante casi cuarenta años la ideología de nuestros militares. Consolidada la democracia -y vacunados de franquismo tras la intentona golpista del 23 F-, las Fuerzas Armadas encontraron en la Constitución el marco adecuado para desarrollar con profesionalidad las misiones que les fueron encomendadas en cada momento por los sucesivos gobiernos (unas veces de izquierdas, PSOE; otras de derechas, PP). En la Transición cuando podíamos recitar de memoria los nombres de los capitanes generales se hablaba del Ejército como de el “Gran Mudo”.
Treinta y tantos años después, apenas retenemos los datos biográficos de aquellos que dirigen las misiones en el extranjero pero sabemos que las Fuerzas Armadas están entre las instituciones más valoradas. Mucho tiene que ver el hecho de que han asumido con disciplina, determinación y eficacia el papel que les asigna la Constitución. No es del todo cierto que la política sea cosa de civiles, pero en España, dada nuestra Historia, nos ha venido muy bien que haya sido así en los últimos 30 años.