La Voz de Almeria

Opinión

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¿Conoce usted su ciudad,  su provincia? Decía Ortega y Gasset que el mejor espacio vital que conocemos es aquel donde nos hemos enamorado. Pero ni aún así nuestro conocimiento es exhaustivo. Gran parte de nuestro tiempo lo ocupamos en el trabajo, en la búsqueda materialista del sustento,  en la alienación que supone seguir las verdades de los demás. De ahí que nos perdamos miles de cosas de la naturaleza.
El otoño es una estación maravillosa. Ido ya el calor del asfixiante del verano. caídas las temperaturas y las tormentas, suavizados los aires. Los árboles se transforman Colores ocres, rojos, amarillos se adueñan del verde de los bosques. Se diría que el otoño propicia la muerte, pero no es verdad: más bien lo que el campo anuncia es el principio de la actividad. Pomífero otoño lo llamaron los clásicos. Tiempo de uvas, de vino pisados en el lagar, tiempo de amor y de berrea. Los medios de comunicación coinciden casi todos en editar suplementos para dar a conocer las delicias del otoño, delicias que van desde los paisajes nunca vistos a los secretos gastronómicos de las regiones de España. El ciudadano culturalizado tiene, además del otoño físico del calendario, el otoño de la actividad educativa, artística, concertística y de ocio deportivo. No en vano pintores, poetas, músicos fotógrafos y teatraleros proponen cara al público sus nuevas creaciones. El año coincide con la apertura del curso. Violines de Verlaine. paisajes de Renoir, calles parisinas de Pizarro, vosotros encarnais mi otoño cultural. Y es preciso cargar las pilas, como dicen los políticos, para enfrentarse a lo que viene, que no se sabe qué será. El otoño no vende programas de felicidad. Todo el mundo sabe que después de la primavera viene la caída de las hojas. La tierra debe ser arada para una nueva cosecha. Y quien no siembra no recoge. Virgilio escribió sus Geórgicas para enseñar al labriego romano los diversos ciclos de la cosecha. Lo que nunca supo el labriego es que el poeta estaba haciendo arte para los siglos con aquellos consejos. Desde entonces un paseo por la orilla del río bajo los álamos y un librito en la mochila, placer de dioses. Vendrá luego el frio y tendremos que encender las llamas bajo la campana de la chimenea.


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