La Voz de Almeria

Opinión

Volver al recado de escribir

Volver al recado de escribir

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Empiezo a tener la sensación de que con el espionaje telefónico del presidente Obama va a acabar pasando lo mismo que pasaba con las fotos de la caseta de LA VOZ DE ALMERÍA: si no salías es que no eras. Y a este paso vamos a acabar buscándonos en la lista de escrutados por los servicios secretos norteamericanos con la misma avidez con la que mirábamos al día siguiente las páginas de fotos de la caseta y poder sentir la tibia satisfacción matinal de vernos “departiendo animadamente” con unos y otros.


Pero si los tiempos han cambiado (salir en las fotos de Feria ya no es el “must” que era) las tecnologías han experimentado una evolución impensable en los días en los que esperábamos la salida de rotativa del periódico en plena noche ferial. Ahora creemos llevar en el bolsillo un teléfono cuando en realidad llevamos un enemigo. Potencial, pero enemigo al fin y al cabo. Resulta que todo lo que hablamos, escribimos o consultamos en ese artefacto hermosamente ladino puede ser conocido de inmediato por gobiernos propios y ajenos, con lo que al final hemos acabado (sin saberlo, o acaso intuyéndolo muy lejanamente) cediendo nuestra intimidad en aras de una más completa e inmediata comunicación. Y a ver qué hacemos ahora.


A estas alturas uno puede perder un avión, un estreno, una cita o hasta la pareja, pero lo que uno no puede perder jamás, bajo ningún concepto, es el teléfono. Son los tiempos que nos han tocado vivir y no parece que haya posibilidad de volver a emplear “el recado de escribir”, tal como decía ese gran maestro de columnistas que fue César González Ruano, cuando desplegaba sobre el velador del café en el que escribía su columna diaria las cuartillas, el tintero y la pluma. Así que seguiremos escribiendo sobre aparatos cada vez más hermosos y más enigmáticos con la prudencia, eso sí, de dejarnos algo en el tintero, porque al fin y al cabo esas cosas ni le van ni le vienen al usuario del Despacho Oval. Ni a nadie.


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