Urdangarín, mago
Urdangarín, mago
Abrir los periódicos por las páginas de noticias nos lleva inequívocamente a una crónica seriada de corrupción; las entregas son como una telenovela de las que parecen no tener final. Y los galanes que hacen de bribones son muy numerosos. Hay personajes fijos: Urdagarín y Bárcenas son los más afamados magos de la alquimia del saqueo. Hay otros muchos más. Aristócratas aparecen en las cuentas de blanqueo de ese chino que empezó vendiendo todo a cien y ha acabado manejando millones. Personajes de serie B que intentan que nos parezcan normales sobresueldos, regalos macarras de boda, en forma de luz y sonido, etc. Pero quien quizá se lleve el premio es el yerno del Rey: Iñaki Urdangarín. Muchos pensaron que era el yerno ideal de los Reyes de España; no paramos de conocer las habilidades de Urdangarín para ingresar dinero sin dar un palo al agua. Cobraba diez mil euros por visita a cliente; si hacía falta cambiar las facturas para introducir un concepto más creíble, lo hacía en un momento. Cada detalle es una muestra de talento del mago de contabilidad. Nos estamos acostumbrando a conocer nuevos detalles de este personaje de la corte de los milagros.
En parte será una pena cuando se abra juicio oral y los testigos y acusadores empiecen a recopilar este serial para construir en el sumario una enciclopedia. Mientras, sesudos especialistas cantan la necesidad de recortar unas pensiones que son de las más magras de Europa. Nos echan en cara que vamos a vivir demasiado. Tal vez por eso se están cargando la sanidad pública. España se está convirtiendo en un país feudal: la clase media se encoge, se fortalecen los elegidos y los pobres son multitud. Y además, no nos echamos a la calle para denunciar este saqueo. En el espejo público cada día una nueva sesión del mago del dinero ajeno.