La anestesia de las falsas promesas
El gobierno del PP promete crecimiento y empleo en el año que viene. Así lo han dicho Rajoy y Montoro, su economista de guardia. Al igual que Maduro, quien ya dialoga con los pájaros viendo por el aire el espíritu bolivariano de Chávez, aquí nuestro presidente ve brotes verdes anunciadores de la primavera económica. Si no nos distraemos, creceremos, así lo atestiguan los augures de la calle Génova.
La oposición, por su parte, cree poco en estas promesas, y sin ir más lejos, Rubalcaba anuncia para 2014 una situación tan cochambrosa como la que llevamos vivida si el Gobierno no cambia de política. Desde luego hay que tener mucha fe en el porvenir para creerse todo lo que llevamos oído desde que la derecha de este país ganara las elecciones generales. Si no nos hubieran dicho con voz de buhonero que iban a bajar los impuestos y que lo único que les importaba era acabar con el paro, ahora aceptaríamos los señuelos del pretendiente que quería llevarse a la novia a las Batuecas prometiéndole un piso en la ciudad y otro en la playa. Pero este pueblo es duro de pelar; lleva ya más palos a lo largo de su historia que un burro arriero. Quiere tocar realidades, no promesas. Por cierto ¿cómo saben que cambiará la coyuntura a plazo fijo? El futuro es muy oscuro. La crisis chipriota ha puesto en circulación dos nombres: Anastasíadis y Panikós, el primero se parece fonéticamente a anestesia y el segundo a pánico. A los ciudadanos se les anestesia con falsas promesas alargándole en el tiempo el paraíso del bienestar material. La realidad del mundo actual tampoco se presta a demasiados sueños de las masas. De ahí el triunfo del miedo. Los jóvenes viven dentro del pánico de sus progenitores y así se explica el éxito electoral del conservadurismo chato.