La Voz de Almeria

Opinión

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DDespués de “tragarme”  tres libros de Biología he conseguido admirar mucho  más  a las mujeres que, como ya dije y repito, son la sal de la tierra. Estaba en ropa  interior y resulta que ahora  estoy completamente desnudo.  Cuando una mujer se queda encinta, apenas el    feto madura ligeramente y el matrimonio  hace el  AMOR el nene o nena reciben una sensación  placentera y cuando son amamantados ambos reciben un gran placer.


No todas las  mujeres son iguales; las hay como las gaseosas antañonas  “Caseras y  Revoltosas”; la mía corresponde a las  primeras, por cuya razón la amo  hasta  la locura.


En este mismo momento la voz de arpegios prodigiosos suena por teléfono; claro, se trata de  Karmen -con K de kilo, coletilla que siempre añadimos al nombrarla para evitar confusiones que bastaría decir el apellido para evitarlas; su voz  me inspira y siento la necesidad de incluir un fragmento de la hermosa:  “Impaciente te espero, primavera, recuerdo tu hermosura y, de repente,  acuden tantas frases a mi mente que la  musa  me inspira aunque no quisiera”


“Es inútil que busque el desgraciado quien quiera su dolor con  el partir, solo el mundo le deja abandonado, sin aliviar  su mísero vivir”. Eso no va conmigo cuando el SUMO HACEDOR me llame estaré presto a su llamada.


Está impedida, pero su cabeza  -me refiero a Carmen  Alcalde-  ciñe fuente de Sabiduría; leerla,  pues, va a recuerdos ligada. La triste tarde en su forzosa  huida, La campiña dorada, una rosa encendida, el ímpetu del agua embravecida…


Hay una  señora, mejor dos, que tranquilizan mi alma. La primera, a la que conocí hace tiempo y  a la que todos conocen y aprecian al máximo. La segunda, la doctora Purificación Arqueros que cumple y siente el juramento  Hipocrático aquello tan hermoso de, lo primero, no hacer daño.


Después, en carne viva, he conocido a una mujer que se resiste a dejar la primavera de la vida. Ojos verdes que de forma extraña y bella cambian a un color indefinido; sus labios invitan al beso. Pero repito, puede ser mi  nieta y siento hacia ella un cariño de abuelo;  su nombre es  Matilde Rodríguez López.


Anoche, cuando dormía, soñé, bendita ilusión, que era a dios a quien tenía dentro de ni corazón…


Sea por costumbre o cariño siempre rezo por todos.


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