La Voz de Almeria

Opinión

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Hace algunos años yo pasaba gran parte de mi tiempo de bolo en bolo, haciendo gala de una energía aplicada a la música que hoy en día me parece una verdadera locura. Alternaba una frenética actividad como pianista de la banda de quien hoy rige los destinos culturales de nuestra ciudad, Diego Cruz, con otras formaciones y colaboraciones, además de mis propios proyectos. Y fue en esos tiempos, sin sospechar que me iba a enganchar tanto esto de la divulgación, cuando conocí a Álex García, un alicantino amante del jazz que llevaba ya tiempo predicando el swing, el bop y todo lo demás a quien quisiera escucharlo, desde su JazzTK particular.

Y lo recuerdo justo ahora porque hace poco este inquieto comunicador ha decidido liarse una gran manta, como él dice, a su "cabesica" y poner en marcha uno de los proyectos más interesantes en los que me he visto embarcado últimamente: Esfera Jazz —www.esferajazz.com—, un portal que intenta reunir todo lo que se cuece en el mundo del jazz hispano. Pensareis que la idea no es el colmo de la originalidad, pero alguien tenía que lanzarse a hacerlo y en ello es donde reside el mérito de la iniciativa de este entusiasta levantino. Por lo pronto ha logrado ya que unos cuantos divulgadores que nos conocíamos solo de oídas hayamos sido capaces de reunirnos, compartiendo ideas, proyectos y, de paso, unas cuantas risas, que tampoco vienen mal en los tiempos que corren.

Y también creo que en ese grupo nos hemos dado cita algunos de los que nos inquieta una palabra: crítico. Personalmente, cuando alguien me insinúa que soy crítico de jazz, o musical en general, intento corregirlo de inmediato: Soy divulgador. El primero es aquel que se dedica de forma profesional a evaluar obras de arte, le gusten o no. Con el tiempo, y más si obtienen cierto renombre, algunos pueden volverse algo soberbios, sabedores del poder de su voz o su pluma. Sin embargo los segundos, por lo general, amamos tanto lo que transmitimos que no nos resignamos a malgastar un solo segundo de nuestro tiempo hablando de algo que no sea de nuestro agrado. Es decir, solo compartimos con los demás —normalmente de forma altruista y, por tanto, independiente—, aquello que nos hace tan felices que intuimos va a poder transmitir ese gozo al resto de la humanidad. O, al menos, a aquellos que nos quieran prestar atención.

En el caso del jazz, que es lo que nos ocupa, yo me pregunto por qué dedicamos tanto tiempo y esfuerzo a intentar darle la máxima difusión a esta música tan maravillosa como incomprendida. Muy sencillo, me contestaría Álex, porque algunos somos unos auténticos "piraos" del jazz.

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