La Voz de Almeria

Opinión

Jose Fernández
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Todos crecemos, evolucionamos y, por tanto, cambiamos. Haga la prueba de recordar lo que usted pensaba de la vida en general o de usted mismo en particular cuando tenía quince años y compárelo con su realidad actual. En la mayoría de casos, el notable contraste entre la proyección adolescente y la realidad adulta es asumido con naturalidad o apenas con un deje de melancolía retrospectiva. Sin embargo hay casos en los que esa transición acaba generando una cierta rebeldía ante el hecho biológico del crecimiento. Una actitud que es conocida desde 1983 en la psicología popular como el “Síndrome de Peter Pan”, tras la publicación del famoso libro del psicólogo norteamericano Dan Kiley en el que se estudiaba el comportamiento de los adultos que continúan comportándose como niños o adolescentes, sin ser capaces de tomar la responsabilidad de sus actos y enfrentarse a la vida adulta. “Son personas -escribía Kiley- que se niegan a crecer y que tienen una marcada inmadurez emocional matizada por una fuerte inseguridad y un gran temor a no ser queridos y aceptados por todos los demás.” Lo digo porque sería muy positivo para Andalucía que Albert Rivera dejase de pensar en sí mismo como el eterno adolescente que vuela entre las nubes con sus amigos, y que ponga los pies en la tierra fangosa de la política real para participar en lo que, por primera vez en la historia, han pedido en las urnas una mayoría social de andaluces, que no es otra cosa que generar un cambio político en Andalucía después de casi cuatro décadas de improductivo monocultivo socialista. Pero claro, para eso hay que arremangarse y mancharse la ropita y eso parece producir asquitos y vértigos insuperables a la alegre pandilla voladora. ¿Pero  qué es más importante? ¿Poner fin al régimen de la Junta del PSOE de Sevilla o cuestionar las premisas ideológicas de las políticas de género? Pues como no espabilen, la tripulación del Capitán Garfio vuelve al barco y el cambio sí que va a ser un Nunca Jamás. 

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