La Voz de Almeria

Obituarios

Adiós a Javier Lostau, el abogado que eligió Mojácar

Era de origen madrileño y decidió vivir en el Levante almeriense hace más de 40 años de donde ya nunca se fue

Javier Lostau, abogado afincado en Mojácar, ha fallecido esta semana.

Javier Lostau, abogado afincado en Mojácar, ha fallecido esta semana.

Manuel León
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Era Javier Lostau un ejecutivo agresivo más en aquel Madrid de los 80, cuando La Movida expiraba después de haber hecho su papel; era un ejecutivo que no se encontraba bien con ese traje. Había estudiado Derecho, había empezado como meritorio, como junior, en ese proceloso rompeolas de todas las Españas que era Madrid. Trabajaba 14 horas diarias, siempre con prisas y urgencias, siempre al filo de la navaja: el Metro, el despacho, la corbata, el informe bien hecho, el caso bien estudiado entre café y flexo. Correrías desde su casa en Reina Victoria hasta Plaza Castilla y la vida que iba pasando, a pesar de su intrépida juventud aún. Pero se cansó de tanto fragor de vida e hizo el hato Javier hacia lugares más templados, más calmados, más deliciosos para ver la vida pasar. Y alunizó (y alucinó) en Mojácar y con Mojácar, que era como una luna llena, blanca y redonda, después de tanta nube de smog; descendió Javier en Mojácar como quien desciende de un globo de montgolfier, mojándose el índice para comprobar la temperatura y avizorando el palomar encalado arriba y el mar latino esturreado por la falda. 

Y aquí se quedó Javier desde entonces, desde el día del mojaquerizaje, hasta esta semana que se ha ido de improviso y sin avisar a los suyos, que eran muchos, aunque los fueran en silencio; se ha ido Javier Lostau, un prestigioso y silencioso abogado, ya más mojaquero que madrileño, tras convivir más de 40 años con nativos y foráneos, con su mujer Carmen, con su hermano Paco, con sus hijos, con su amigo Paco Cosentino y tantos otros; se ha ido Javier, después de haber pasado por la ITV para recuperar su rodilla y preparar su vuelta al campo de golf.

Atrás deja una estrecha biografía de 71 años, aunque ancha en vivencias y lealtades, aprovechada con plenitud, a pesar de su brevedad. Nació en Las Palmas de Gran Canaria, donde estaba destinado su padre, un comandante de origen murciano, aunque pronto regresó la familia a la Península, estableciéndose en Madrid. Pero lo suyo -lo de Javier- no era ser un picapleitos más en ese poblachón manchego y decidió huir. Quizá tirara un dado sobre un mapa y se posara sobre Mojácar. Quizá. Lo cierto es que allí llegó sobre 1984 para quedarse con el restaurante El Palacio, en la Plaza del Caño, junto a su cuñado Emilio Aramburu, en la casa donde estuvo el telar de Las Mundas, en ese espacio junto a la Puerta de la Ciudad, donde aún fraternizaban lo viejo y lo nuevo, donde estuvo la barbería de Salvador Cintas, donde el tío Amadeo despachaba el pescado con una romana en serones de esparto.

Después decidió abrir bufete con el que se fue ganando la vida y llegó a ejercer como juez en Vera. Colaboró como abogado con su hermano Paco en ese proyecto residencial de Sorbas Cayon, conocido como el Valle de la Navidad. Y consiguió cumplir su sueño de hacerse una casona blanca en las cumbres de Sierra Cabrera, en la finca del Levante, mirando a la vieja costa mojaquera, tan asolada en otros tiempos por piratas berberiscos.

Seguía en activo Javier, con su trabajo de letrado, en plenitud, colaborando con actos culturales, con escritores, ilusionado con volver al green; seguía como siempre, este Lostau, callado, sigiloso, sosegado, luciendo su perilla rubia, tostado por el sol serrano, hasta hace unas horas que se le rompió la vida sin avisar. D.E.P.

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