Jorge Artero Núñez, más que un compañero
Por Ángel Iturbide Elizondo

Jorge Artero Núñez.
Estoy convencido de que mi etapa profesional no habría sido la misma sin Jorge Artero en ella, así que tengo la satisfacción de poder decir que trabajé y conviví con él. Ahora que ha fallecido soy más consciente aún de que fui afortunado de haberlo tenido a mi lado, porque Jorge Artero era mucho Jorge Artero, al igual que todos los Artero. Jorge fue un compañero durante muchos años, fue amigo y se convirtió en mi familia desde el momento que en su BMW me llevó hasta la Plaza Vieja para casarme con su prima. Así pues, también era mi primo.
Escribiendo estas líneas me vienen a la cabeza mil anécdotas. Momentos muy buenos, buenos, malos y peores. Pero con él tampoco había mucho tiempo para el pesimismo porque solucionaba los problemas tal como llegaban y así el trabajo y hasta la vida era mucho más fácil.
Coincidimos en La Voz de Almería. Él comercial, yo redactor, y aunque estábamos en distintas plantas tuvimos relación desde el principio, seguramente porque era el único en todo el periódico que sabía de mi relación con su prima que era la secretaria de dirección. Fue él quien me alertó de que en Ideal estaban buscando un delegado para Almería y me facilitó la llegada a esa primera entrevista en Granada tras la cual volvimos a ser compañeros de trabajo.
Siempre tuvo buenos consejos para mí en el plano profesional y personal y fue determinante, no solo mientras estuvo en Almería de delegado comercial, también cuando se fue a Granada y luego a Málaga. Mis consultas fueron continuas y nunca me aconsejó mal, al contrario me abría algunas puertas para que yo pensara y decidiera por mi, porque nunca me impuso sus ideas sino que, hábil, dejaba que llegara por mi mismo a aquello que él consideraba que era lo mejor. Los consejos fueron siempre buenos, incluso, nos lo llevamos a comer el menú que habríamos de tomar en nuestra boda y recibimos su aprobación.
Nuestra relación profesional siempre estuvo jalonada de anécdotas divertidas. Nuestros despachos en Almería estaban comunicados por una puerta interior y de vez en cuando entraba y me decía: “primo, dame un beso”. Yo le decía que no y entonces me perseguía para que se lo diese. Era besucón de más y yo de menos.
Siempre se reía cuando me contaba la anécdota con su hija Claudia. ‘He dicho en casa que he quedado con Ángel Iturbide y Claudia me ha dicho: “papá, yo conozco a Ángel, pero ¿quién es Túrbide?”.
En julio me enteré de que la cosa no iba bien. El 7 de julio, desde hacía muchos años, veíamos el encierro de Pamplona, cada uno en el sofá de su casa. Este año le envié un wasap a las 7,45 diciéndole que ya estaba calentando para ‘correr’ en el encierro. No me contestó, pero pensé que tenía mejores cosas que hacer. Me llamó al día siguiente y me puso al día.
Este año estará junto a mí en el sofá viendo el encierro.