Enrique Martínez Cruz
Nunca te olvidaremos
Mari Carmen Varón

Hace unos pocos días que te fuiste, y duele, demasiado. Mis disculpas primero, porque sé que no querrías ver a ninguno de los tuyos con el corazón destrozado, pero esto es la consecuencia de la unión indestructible que caracteriza a nuestra familia, y de que te queríamos demasiado. Todos los que te hemos conocido sabíamos que eras una persona especial. Tu manera de pensar y de alegrar cada rincón por el que pasabas no era de este mundo. Estoy segura de que tu cometido era hacer feliz a los tuyos, era imposible estar a tu lado y escapar de tus bromas y chistes, como si el motor de tu vida fuese convertir en alegría todo lo que hacías. Eras un buen hombre, con todo el amor en tus ojos y demasiada bondad en tus gestos, aunque no eras muy amigo de las palabras. Pero nunca las hemos necesitado para saber lo que nos querías y todo lo que serías capaz de hacer por nosotros, toda tu vida la has dedicado a sentirnos dichosos por tenerte y disfrutarte. Y precisamente todas las palabras sobran para explicar el hueco que has dejado y lo que duele echarte de menos; y ese dolor aumenta al pensar las muchas páginas en blanco que deberían de estar escritas con muchos más años de tu vida. ¿Y a quién culpamos? Porque lo que ha pasado es cuanto menos justo, y muy injusto ha sido quién decida el que se va para siempre de este mundo. No acepto la frase ‘la vida es así’ en estos casos, la vida debería de ser para los que de verdad merecen vivirla, y tú no tenías ningún motivo para dejarla, no ahora mismo. Tan solo nos queda pedirle a Dios que te acoja en su regazo, y que nos alumbres el camino que debemos seguir a partir de ahora sin ti cerca. Nunca te olvidaremos.