Las terrazas de verano en la capital almeriense

Viernes, dos de septiembre. Fin de semana. Verano. Tiempo perfecto para estar y disfrutar de la noche almeriense. Las doce y media. Almería está en sus plazas y calles. Se ha paseado por las barras de sus mejores bares. Apoyó el codo en algunas de ellas. Disfrutó de sus tapas. Llenó el estómago. Estaban satisfechos. Era el momento de sentarse en una terraza. El cuerpo pedía un rato en el Kiosko Amalia. Vamos a ello. No tenemos clima todavía para americanos o ponches que calienten manos y estómagos, pero un trago largo y un rato de charla pondrá fin a la noche del viernes.


Una de la madrugada y mesa encontrada. ¡Antonio, unos cubaticas! Copas y frutos secos para un rato de charla sobre las noticias del día o por los amores por llegar. Una y media de la madrugada, cubatas a medias, conversación interrumpida, revuelo entre los camareros que se acercan a las mesas para decirnos que lo sienten mucho, pero que el bando de ese joven (lo de joven es de mi cosecha) alcalde que tiene la ciudad de Almería les obliga a cerrar a esa hora, una y media de la madrugada. En cinco minutos, te cuentan, aparecen los policías con su talonario de multas y ya les han puesto algunas. No los encontrarás defendiendo al ciudadano, pero si trata de poner multas, como si llevaran comisión ¿La llevan, alcalde? Reitero.


Es viernes, dos de septiembre, estamos todavía en verano y es fin de semana, que sí alcalde, que estamos en verano, que es viernes, fin de semana. Es la una y media de la madrugada y nos levantan de la mesa, son las órdenes del alcalde de una ciudad que mira al mar, dicen que turística, que se gasta miles de euros en promoción en los mercados europeos en busca de clientes para el verano y a los que acostar a las doce y media los días de diario y a la una y media los fines de semana.


No sé si esta es la Almería qué quiere Ramón Fernández, pero es la que nos impone a los almerienses. Recuerdo que montó un gabinete, mesa u observatorio que iba a marcar los pasos a seguir para la nueva Almería, la del futuro. No hemos vuelto a tener noticias de la plataforma o comisión creada para ello. Por lo que no podemos pensar que sea ella la que aconseja al alcalde sobre la vida nocturna en verano de una ciudad costera y que tiene aspiraciones de ser y de tener un importante atractivo turístico de cara al visitante. Almería, la ciudad del silencio. Bien.

 

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