“¡Viva la República de Albox!”

“¡Viva la República de Albox!”

Guillermo Mirón 00:34 • 15 sept. 2013

A finales del siglo XIX, Albox era un pueblo desconocido para gran parte de España y, por ende, del mundo. Hasta 1891. La estación de ferrocarril más cercana se encontraba a dos días de viaje y una industria anticuada de lana y telas para los labradores hacía posible que muchas familias tuvieran qué llevarse a la boca. A pesar de todo, su población -cercana a los 11.000 habitantes- estaba en auge y sus ciudadanos pasaban el tiempo libre en uno de los dos casinos o en el teatro, los días de función.


Por aquel entonces el alcalde era José Antonio Mirón Jiménez. “Conservador e influyente”, describe Miguel Ángel Alonso, historiador local que ha rescatado uno de los sucesos más pintorescos de la historia de Albox haciendo posible esta narración de los hechos.


Elecciones El regidor cumplía con los requisitos de todo cacique de la época de la Restauración. “A los amigos el favor y a los enemigos la ley. Esa era su máxima”, cuenta Alonso. Don José Antonio gobernaba gracias al voto de los vecinos más adinerados. En concreto de 54 personas, quienes gracias al sufragio censitario dictaminaban quién ocupaba la alcaldía.


Pero en 1890 el Partido Liberal Fusionista de Sagasta revolucionó el panorama político con el sufragio universal. Todos los hombres mayores de 25 años podían participar en la elecciones. Coincidiendo con la modificación del sufragio, un humilde vecino de la barriada rural de Locaiba, Andrés Pio Fernández, se postuló como candidato para las elecciones de febrero de 1891.  El alcalde conservador nunca creyó que su contrincante pudiera suponer una amenaza. Se equivocó y fue derrotado. El pueblo habló, aunque su voz no siempre es aceptada con agrado. La mañana siguiente al día de las elecciones una turbe irrumpió por las calles con palos, escopetas y espadas. Más anecdótico aún que las armas que portaban eran sus vítores: “¡Viva la República Federal de Albox!”. A la cabeza no se encontraba otro que el derrotado exalcalde.




Insurrección Tanto él como sus cómplices proclamaron un “nuevo estado” del que dijeron que “nada” tenía que ver “con el Gobierno central”, según el historiador. Poco duró el experimento, inspirado en los recientes movimientos cantonales como  el de Cartagena.


Tras dos días “de terror”, cuando el gobernador provincial se percató de que lo que parecía una broma tenía poco de esta, envió a los efectivos de la Guardia Civil para retomar el control. Los sublevados detenidos fueron 21, aunque no tardaron en ser puestos en libertad. Fue el final de la efímera primera República Federal de Albox.



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