“Cambian las generaciones pero los sentimientos suelen ser los mismos”

La actriz Blanca Marsillach visita Almería el próximo sábado con ‘Una noche con los clásicos’

Blanca Marsillach recita en ‘Una noche con los clásicos’ frente a la imagen de su padre, Adolfo Marsillach. Foto: Moisés Fernández Acosta
Blanca Marsillach recita en ‘Una noche con los clásicos’ frente a la imagen de su padre, Adolfo Marsillach. Foto: Moisés Fernández Acosta

Tras su estreno en el Infanta Isabel de Madrid, ‘Una noche con los clásicos’ abre gira nacional el sábado 7 de mayo en Almería (Auditorio Maestro Padilla, 21 horas), en el marco de las XXXVIII Jornadas de Teatro del Siglo de Oro. El montaje, un viaje a través de los versos de autores como Góngora, Lope, Calderón, Garcilaso, San Juan de la Cruz y Sor Juana Inés de la Cruz, entre otros, recupera la obra de Adolfo Marsillach (fallecido hace 20 años), ahora bajo la coordinación escénica de Mario Gas y con Miguel Rellán y Blanca Marsillach en escena. La actriz ejerce además de productora a través de su compañía, Varela Producciones, que apuesta por el teatro social.


¿Hay cambios respecto al original estrenado por su padre en 1996 con Amparo Rivelles y María Jesús Valdés? 

Hay una parte que se mantiene y otra parte nueva, ya que hemos incluido tres poemas de Miguel Hernández: ‘Elegía a Ramón Sijé’, ‘La boca’ y ‘Llegó con tres heridas’. Y luego hay otros que Miguel Rellán ha seleccionado con mucho sentido del humor.



¿Siguen vigentes los clásicos del Siglo de Oro?

Sí, porque hablan del poder, de la ambición, del dinero, de la corrupción, del amor, de la erótica, de la seducción, de la fe, de la religión, de Dios, de la vida, de la muerte, de la traición, de los agravios, de la esperanza, de la desesperanza… Los sentimientos no cambian: cambian las generaciones pero los sentimientos suelen ser los mismos. 



¿Qué serían hoy esos clásicos: superventas, estrellas de Twitter, se las tendrían que ver con la censura?

Serían raperos, por la musicalidad de los endecasílabos: en un programa que teníamos para gente joven rapeábamos el ‘Poderoso caballero es Don Dinero’, y se puede hacer con ‘Vivo sin vivir en mí’. Los clásicos estarían en Twitter, sí, en las nuevas tecnologías: ellos fueron pioneros. Y ya eran políticamente incorrectos: se metían con la corte y con quien hiciera falta meterse.



¿Cómo reacciona el público cuando escucha estos versos, escritos algunos hace cinco siglos?

Con una sonrisa, se ríen mucho: los hay picantes, muy divertidos... Reflexionan, escuchan atentamente, aplauden a papá, se deleitan con la palabra... Se quedan con ganas de más.


Comparte escenario con Miguel Rellán. ¿Qué aprende de él en cada función?

Lo fácil que hace las cosas. A mí me cuesta mucho, me va la vida en ello, y él es como si estuviera paseando por el parque. Lo admiro: en teatro, menos es más. También representamos distintos caracteres: sus versos son más irónicos y más ‘light’ que los míos. Por ejemplo, yo recito la ‘Elegía a Ramón Sijé’ y se la dedico a mi padre, con una imagen de él.


Su padre, Adolfo Marsillach, también está presente en la obra a través de vídeos con los que interactúan. ¿Cómo lo vive?

Es una maravilla: es compartirle, es recordarle, algo muy bonito porque nunca hemos trabajado juntos. Y los espectadores, gracias a las tecnologías, pueden verlo: de actor a actriz, de padre a hija. Es muy emotivo.


“No soy tan ingenuo como para pensar que el teatro pueda transformar la sociedad, pero estoy convencido de que existe una posibilidad de ayudar a despertarla”, dijo su padre. ¿Cómo defiende usted esa función social del teatro?

Con mi compañía, Varela Producciones, tenemos un compromiso social: incluyendo a personas con discapacidad en el ámbito teatral, abordando el acoso escolar, la violencia de género, hablando a los chavales de medio ambiente, de sostenibilidad, de alimentación saludable, llevando la educación financiera a las presas... En la época de mi padre se hablaban de otras cosas, más desde un punto de vista político, por la censura, pero nosotros nos comprometemos a través de estos pilares.


El sábado visitan Almería. Y pueden volver a ver las caras del público, ya sin mascarillas.

¡Es una gozada! Es lo más, lo más. La gente tiene ganas de salir, los restaurantes están llenos, los teatros también... Esto ha sido un respiro, muy buenas noticias para todos.

 

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