Huércal de Almería, un tesoro ‘escondido’ en el Bajo Andarax

El municipio cuenta con un patrimonio que resulta ser único por su variedad y riqueza

Palacio de las Mascaranas, actual Ayuntamiento.
Palacio de las Mascaranas, actual Ayuntamiento. La Voz

Huércal de Almería es uno de los pueblos del Bajo Andarax con más riqueza, muy desconocida y oculta, que comienza a ponerse en el mapa turístico con un patrimonio que tenía ‘escondido’ y que ha resultado ser único, pues no todos los municipios pueden presumir de contar con las cuatro tipologías de patrimonio: arquitectónico, arqueológico, etnográfico y natural.


En Huércal lo visible y conocido está en su patrimonio arquitectónico. El Palacio de los Fischer, construido a finales del siglo XIX en el proceso de extensión de cultivo de la uva de embarque en la provincia de Almería, hoy de Las Mascaranas y convertido en la bella sede del Ayuntamiento huercalense; el Palacio de Boleas, cuya portada es hoy paso de entrada a la Biblioteca Municipal; o Villa María, un Bien de Interés Cultural (BIC) del municipio, una casa de campo de carácter indiano y tendencia modernista que fue construida en 1902.


La casa se encuentra rodeada de agradables jardines, contando con significativos elementos de su pasado como importante hacienda agrícola, entre los que destaca su era de trilla y una gran balsa circular de riego. La estación de tren, hoy punto de partida y destino eventual de los pasajeros que salen o llegan a Almería, y que ha constituido para el municipio un referente fundamental de la vida del último siglo; la iglesia mudéjar renacentista de Santa María, con una portada única de Juan de Orea, que recoge dos de las etapas arquitectónicas más características de muchas de las iglesias del valle del Andarax; o la Torre de Cárdenas, que marca el límite con la capital y que domina todo el valle del Andarax desde su privilegiada posición.



Riqueza histórica

En el entorno natural también encuentra el visitante un rico patrimonio y vestigios de distintas épocas de la historia. Prehistóricos, con los dólmenes megalíticos de Cuesta de los Callejones o los arrecifes de la época mesienense; iberorromanos en Zamarula, o del pasado musulmán, con el antiguo palacio de verano del rey almeriense Almotacín, la Somadihiyya. 



Un municipio en el que el viajero puede conocer tradiciones o recordar cómo eran los barrios a través de maquetas, en el Centro de Interpretación Etnográfica, o aprender cómo se realizaban tareas cotidianas en el Lavadero de Los Peñoncillos, ahora en reparación y próximo museo de usos y costumbres.


 

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