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Cierra uno de los restaurantes más icónicos del Cabo de Gata tras casi una década de éxito

El popular Lebeche apaga sus fogones en Rodalquilar después de diez años conquistando a almerienses y visitantes

Interior del restaurante Lebeche.

Interior del restaurante Lebeche.La Voz

Francisco Luque Ramírez
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Uno de los mejores restaurantes del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar ha bajado su persiana para siempre tras casi una década siendo, tanto para almerienses como para turistas, un templo gastronómico de referencia. Y lo ha sido no solamente por su atractiva carta, también por el trato excelente y acogedor de sus propietarios y trabajadores. No es de extrañar que tenga una merecida puntuación de 4,5 sobre 5 en Tripadvisor.

Como el viento efímero del suroeste que le dio nombre, el restaurante Lebeche se despide en silencio, y con la cabeza bien alta, de la Plaza del Tenis de Rodalquilar, dejando tras de sí un eco de veladas eternas y sobremesas compartidas. Este pequeño rincón de apenas veinte sillas interiores y una terraza que parecía abrazar el alma del mágico Cabo de Gata, no era solo un lugar donde sentarse a cenar; era un refugio de calma. 

Desde que abrió sus puertas, el 17 de julio de 2017, sus mesas se convirtieron en el escenario de confidencias infinitas, risas compartidas y brindis cómplices, sazonados con platos memorables que mezclaban, siempre con un estilo contemporáneo, la raíz mediterránea tradicional con caricias de otras culturas, como bocados de origen libanés, marroquí, indio o cubano. En invierno llegaban los aromas de guisos caseros autóctonos como trigo, gurullos, acelgas esparragás, migas o gachas. Su cocina siempre fue un viaje por el mundo, un sabroso guiño a las propias vivencias de sus dueños.

Exterior del restaurante Lebeche.

Exterior del restaurante Lebeche.La Voz

Orgullosos y agradecidos

Rafael Membrives, guía turístico de profesión, decidió ponerse el mandil para cumplir su sueño de ser cocinero. Y lo hizo acompañado por José de Hijes, un diseñador gráfico madrileño que ha llevado durante esta década las riendas en la sala. Ambos crearon un espacio maravilloso con una idea muy clara: "Vamos a crear un restaurante que sea la prolongación de nuesta casa, un lugar al que a nosotros nos gustaría ir".

Terraza del restaurante Lebeche.

Terraza del restaurante Lebeche.La Voz

Sin duda lo lograron, pero ahora han decidido poner fin a una etapa inolvidable de sus vidas y emprender nuevos proyectos, lejos de este precioso pueblo de pasado pirata y minero en el que han dejado una huella imborrable. En su adiós aprovechan para agradecer la ayuda recibida de personas como Marisa y Michael y hacen las maletas "conscientes de la importancia que ha tenido este lugar en el mundo, orgullosos y agradecidos por la confianza depositada, la gratitud expresada y el cariño de nuestros clientes, muchos de ellos ya también amigos".  

Un santurario de los sentidos

La marcha de Lebeche deja un vacío nostálgico en el corazón del pueblo de Rodalquilar, despidiendo a un pedazo de su propia historia gastronómica y emocional. Se apagan los fogones de un oasis culinario reconocido con el cariño de la Guía Repsol, pero, sobre todo, con la fidelidad de quienes encontraron en su coqueto encanto un hogar lejos de casa. 

Uno de los sabrosos platos de Lebeche.

Uno de los sabrosos platos de Lebeche.La Voz

Las famosas alcachofas de Lebeche.

Las famosas alcachofas de Lebeche.La Voz

Con su adiós, no solo desaparecen de la carta bocados icónicos como su delicada tarta tatin de tomate o el crujiente de sus alcachofas; se desvanece esa atmósfera tan íntima que lograba detener el tiempo. Rodalquilar pierde un santuario de los sentidos, pero sus comensales guardarán para siempre el recuerdo de aquel viento cálido que, durante cerca de diez hermosos años, supo alimentar el espíritu.

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