La Voz de Almeria

Almería

Trekking, bolsas en mano y pasión por su tierra: así protegen Fernando y Carmen el Cabo de Gata

La pareja almeriense aprovecha sus rutas para limpiar calas inaccesibles y muestran la 'cara B' del Parque Natural a través de Instagram para concienciar a la ciudadanía

Fernando y Carmen y algunas imágenes de los residuos encontrados durante sus rutas por el Cabo de Gata.

Fernando y Carmen y algunas imágenes de los residuos encontrados durante sus rutas por el Cabo de Gata.Francisco G. Luque

Francisco Luque Ramírez
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Hay amores que no solo se profesan en suspiros, sino en el crujir de las piedras bajo las botas y en el compromiso silencioso con la tierra que los vio nacer. Fernando Nieto y Carmen Fernández, ambos almerienses de 49 años, comparten una vida, una rutina en conocidas superficies de material de obra y bricolaje y una devoción inquebrantable por el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. 

Para ellos, recorrer este enclave agreste mediante el trekking (modalidad de excursionismo que reta al cuerpo a avanzar por senderos no marcados entre acantilados) no es solo un pasatiempo, sino un acto de gratitud. Sin embargo, su mirada no se queda en la belleza de las postales paradisíacas; se detiene en las 'cicatrices' del entorno, convirtiendo cada caminata en un empeño romántico y necesario por proteger el patrimonio natural que tanto aman haciendo 'plogging'.

Todo lo recogido entre tres personas durante una ruta en Cala del Bergantín.

Todo lo recogido entre tres personas durante una ruta en Cala del Bergantín.La Voz

En Instagram para denunciar y concienciar

Desde noviembre de 2024, su perfil de Instagram @trekkingporelcabo se ha convertido en el escaparate de un periplo que combina la fascinación por el paisaje con una incesante labor de rescate ambiental. Con el aliento congelado por la brisa marina o bajo el sol poniente de la costa, Fernando y Carmen se adentran en los rincones más inaccesibles donde la marea deposita la desidia humana. Una 'cara B' del Parque Natural que no esconden, sino que muestran para despertar conciencias.

A ras de acantilado y utilizando bolsas pequeñas de tela para no perder el equilibrio en tramos donde es necesario gatear entre las rocas, recogen con paciencia infinita miles de microplásticos, pajitas, sedales abandonados y colillas, entre otra infinidad de residuos contaminantes. No buscan batir récords ni pesar el botín de su esfuerzo, pues entienden que sanar la naturaleza es un arte que se mide en intenciones y no en kilos.

Estado de la Cala del Bergantín.

Estado de la Cala del Bergantín.La Voz

Entre octubre y mayo, cuando este entorno recupera cierta calma, la pareja completa alrededor de 25 rutas al año, trazando una diagonal de vida y entrega que va desde el icónico Faro de Cabo de Gata hasta Carboneras. En esos paseos, la cruda realidad del mar les devuelve postales amargas: desde decenas de metros de riego por goteo agrícola y planchas de corcho hasta vestigios olvidados del drama migratorio que salpica las costas almerienses (restos de pateras, ropa, bidones, documentación marroquí...). De hecho, han sido testigos del desembarco de más de una decena de migrantes. 

Restos de una embarcación en Cala Chica.

Restos de una embarcación en Cala Chica.La Voz

La Cala del Bergantín, resguardada entre Punta de la Polacra y El Playazo de Rodalquilar, quedó por ejemplo grabada en su memoria y entre lágrimas, aseguran, al contemplar un paisaje donde la belleza del horizonte contrastaba con la huella del desamparo. Suciedad a raudales en la gran joya natural almeriense. Lejos de rendirse ante la impotencia, cada residuo retirado es para ellos una pequeña caricia a la costa lesionada.

Una protección real para el Parque Natural

Su labor no se limita a recoger lo que el olvido deja atrás, sino a alzar la voz por un ecosistema vulnerable que exige mayor amparo institucional. Fernando y Carmen recuerdan con pesar que, "tenemos los 51 kilómetros de costa con mayor protección del Mediterráneo, pero te das una vuelta por las calas y ves que no es verdad". Y es que, aseguran, "apenas dos vigilantes custodian casi 50.000 hectáreas fragmentadas en una compleja burocracia administrativa". 

Hasta un gotero sanitario recogieron en Genoveses.

Hasta un gotero sanitario recogieron en Genoveses.La Voz

Testigos directos de barcos varados desde hace años, garrafas de petaqueo y la ausencia de contenedores accesibles fuera de la temporada alta, no dudan en señalar los descuidos cotidianos que demuestran la urgente necesidad de educar la mirada de quien visita la zona: "He visto cosas que rozan la estupidez humana. Por ejemplo, bolsitas con cacas de perro tiradas en el suelo. ¿Para qué usas una bolsa de plástico si lo vas a dejar en el suelo?".

Frente a la inmensidad del mar y la incomprensible pasividad de las administraciones, la respuesta de esta pareja de Almería sigue siendo la acción humilde, diaria y enamorada. No pretenden fiscalizar la basura ni colgarse medallas por cada cala despejada; su auténtico sueño es encender una chispa de empatía en el corazón de los caminantes que siguen sus pasos en redes sociales. Su premisa es un susurro simple que sueñan con ver convertido en ley no escrita para todo visitante autóctono o foráneo: "Dejar cada rincón del planeta un poco más limpio de como lo encontramos al llegar".

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