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De Almería a Grecia: los chefs privados que convierten villas de lujo en restaurantes

Daniel López y Miguel Salamanca han hecho de las cocinas particulares su profesión para crear experiencias gastronómicas personalizadas

Miguel Salamanca y Dani López, chefs privados.

Miguel Salamanca y Dani López, chefs privados.Cedida a LA VOZ

Sara Ruiz
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No hay un restaurante esperándolos al otro lado del viaje. Les espera una casa desconocida, una cocina que todavía no conocen y una despensa que aún está por llenar. Antes de que los comensales se sienten a la mesa, recorren mercados, preguntan por el mejor pescado del día, descubren productores locales y convierten, durante unas horas, un lugar completamente ajeno en el escenario donde todo gira alrededor de la gastronomía. Cuando termina el servicio, recogen sus cuchillos, cierran la puerta y solo quedan los recuerdos compartidos alrededor de una mesa.

Así transcurre el día a día de Daniel López (38 años) y Miguel Salamanca (37), dos chefs privados afincados en Almería que han encontrado en las cocinas particulares una forma distinta de entender la alta gastronomía. Su último destino ha sido una villa del sur de Creta, donde durante diez días cocinaron para una familia estadounidense. Un viaje que resume la filosofía con la que han construido su proyecto: diseñar experiencias gastronómicas a medida sin renunciar a llevar el producto y la identidad gastronómica almeriense allí donde despliegan sus fogones.

Mucho más que cocinar 

Tras el servicio no bajan la persiana ni esperan a que lleguen nuevos clientes. Tampoco trabajan con una carta fija ni entre el bullicio de un restaurante. El oficio de chef privado empieza mucho antes de encender los fogones. Diseñar el menú junto al cliente, adaptarlo a alergias o intolerancias, buscar los mejores ingredientes, cocinar, servir e, incluso, dejar la cocina exactamente como la encontraron forman parte de un trabajo en el que cada servicio es completamente distinto al anterior.

Esa forma de entender la gastronomía es la que comparten los dos cocineros desde que se conocieron en 2018 mientras cursaban el grado superior de Dirección de Cocina en la Escuela Superior de Hostelería y Turismo de Madrid. Tal y como narran en una charla con LA VOZ, la amistad surgió entre clases y prácticas, pero también una idea que acabaría cambiando su futuro profesional. Fue López quien propuso a Salamanca trasladarse a Almería para desarrollar un proyecto propio vinculado a la cocina, aunque la irrupción de la pandemia obligó a aplazar aquellos planes.

No obstante, hace ya tres años, aquel proyecto es ya una realidad. Ambos han consolidado su actividad como chefs privados desde la provincia, recorren distintos puntos de España y han dado el salto internacional con servicios como el realizado recientemente en Creta. En primavera de este año también lanzaron chefsprivados.com, una plataforma de reservas de experiencias gastronómicas desde la que los clientes pueden contratar directamente sus servicios, sin intermediarios.

Miguel Salamanca y Dani López, chefs privados, en uno de sus servicios.

Miguel Salamanca y Dani López, chefs privados, en uno de sus servicios.Cedida a LA VOZ

Cinco formas de sentarse a la mesa

No hay dos clientes iguales y, por eso, tampoco hay dos experiencias idénticas. Aunque cada servicio se adapta a las preferencias de quien los contrata, López y Salamanca han ido perfilando con los años una propuesta propia que hoy se articula en torno a cinco grandes formatos gastronómicos. Desde menús gastronómicos de varios pases hasta paellas y arroces de autor, parrillas, tablas japonesas o propuestas de ‘casual finger food’ para celebraciones más informales.

Cada temporada también obliga a reinventarse. En verano predominan los arroces, las parrillas o los servicios al aire libre, mientras que durante los meses más fríos cobran protagonismo los menús gastronómicos, donde pueden desarrollar una cocina más creativa. "Una o dos veces al año nos reunimos, hacemos pruebas y renovamos los platos", explica López, un proceso constante de investigación con el que buscan que cada propuesta evolucione sin perder su identidad.

Esa búsqueda permanente de nuevas recetas y técnicas les ha llevado a seguir formándose. Pero, para Salamanca, el verdadero reto no está únicamente en el plato. "Nuestro trabajo consiste en volver a convertir las cocinas y las mesas en el corazón de los hogares", sostiene. Una idea que resume la filosofía con la que ambos afrontan cada servicio, entendiendo la gastronomía como una forma de reunir a las personas alrededor de una mesa y no solo de servir comida.

Platos cuidados al más mínimo detalle

Platos cuidados al más mínimo detalleCedida a LA VOZ

Proyección internacional

Si esa es la filosofía con la que entienden su profesión, Creta fue el escenario perfecto para ponerla a prueba. Durante diez días, una villa de Asomatos, al sur de la isla griega, se convirtió en su cocina y en el lugar donde una familia estadounidense encontró, alrededor de la mesa, ese ambiente de hogar que ambos persiguen en cada servicio. Pero, como ocurre siempre en su trabajo, la parte que menos se ve comenzó mucho antes de servir el primer plato.

Cada jornada arrancaba en los mercados y supermercados locales en busca del mejor producto. Aunque el menú había quedado cerrado semanas antes desde Almería, encontrar algunos ingredientes o adaptarlos a las alergias e intolerancias de los comensales obligó a improvisar sobre la marcha. Para elaborar algunas recetas, por ejemplo, recurrieron a la levadura nutricional como alternativa en preparaciones lácteas destinadas a quienes no podían consumir determinados alimentos. "Hasta que no estás allí y empiezas a hablar con la gente, no descubres realmente dónde están los mejores productos", explica Salamanca.

Sin embargo, la anécdota que mejor resume aquellos diez días no ocurrió frente a los fogones, sino en los pasillos de un supermercado. Con todas las etiquetas escritas en alfabeto griego y varias restricciones alimentarias que respetar, Google Lens se convirtió en una herramienta más de trabajo. "Estábamos todo el día traduciendo etiquetas para comprobar que ningún producto contenía trazas", recuerda López entre risas. Aquellas compras, que habitualmente resolverían en unas pocas horas, acabaron alargándose durante gran parte del día y dieron paso a jornadas de hasta 16 horas, demostrando que, detrás de cada experiencia gastronómica, hay un trabajo silencioso que pocas veces llega a la mesa.

Almería, el ingrediente imprescindible

Hay algo que nunca cambia en sus fogones: la presencia del producto almeriense. Hortalizas como el tomate, la gamba roja, la quisquilla, el aceite de oliva o el maridaje con vinos de la tierra forman parte de una despensa con la que buscan que cada servicio sea también una forma de contar el territorio del que proceden. "Funcionamos como embajadores de la provincia", resume Salamanca, convencido de que la gastronomía también puede convertirse en una carta de presentación de Almería.

Esa idea ha terminado cristalizando en un concepto propio: la Soberanía Culinaria Almeriense, una filosofía que ambos han desarrollado para reivindicar el valor de los productores locales y demostrar que la alta cocina puede construirse sin renunciar a la identidad de la provincia. Una visión que también trasladan a los 'showcookings' que realizan desde principios de año junto a Sabores Almería, donde acercan esa forma de entender la gastronomía al público, a través de recetas inspiradas en el mar, la huerta, la sierra y el desierto almeriense.

"Almería no necesita parecerse a nadie. Tiene una identidad gastronómica propia", defienden. Y precisamente esa identidad es la que pretenden llevar consigo allí donde cocinan, convencidos de que cada mesa puede convertirse también en un escaparate del talento y los productos de la provincia.

Echar raíces para seguir viajando

Y hay una razón por la que el logotipo de su proyecto no representa un cuchillo, un gorro de cocinero o un plato. En su lugar aparece una pita, una planta llegada desde América que, con el paso de los años, terminó integrándose hasta formar parte del paisaje almeriense. López y Salamanca encontraron en ella una metáfora de su propia historia: la de un oficio nómada que los lleva de una casa a otra, pero que siempre encuentra en la provincia el lugar desde el que partir y al que regresar.

Con esa idea quieren seguir construyendo un proyecto que ya ha cruzado fronteras y que aspira a consolidarse como referente de la figura del chef privado en Almería. No hablan de competir con la hostelería tradicional, sino de ampliar la manera de entender la gastronomía, convencidos de que cada servicio puede ser también una forma de representar a la provincia.

Porque, al final, su viaje nunca ha consistido únicamente en cocinar. Consiste en cruzar la puerta de una casa desconocida y marcharse días después dejando algo más que una sucesión de platos. Dejar un recuerdo. Una conversación que se alargó más de la cuenta, una sobremesa compartida y el descubrimiento de una tierra a través de su cocina. Esa es la verdadera ruta que persiguen: la que empieza en Almería y continúa allí donde alguien se sienta a la mesa.

Miguel Salamanca y Dani López, chefs privados, en uno de sus servicios.

Miguel Salamanca y Dani López, chefs privados, en uno de sus servicios.Cedida a LA VOZ

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