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El bar de comida tradicional ucraniana que es toda una embajada internacional en Roquetas de Mar

'La Taverna' se ha convertido en un punto de encuentro para extranjeros y españoles que buscan comunidad, solidaridad y platos exóticos

Irina e Iván en el centro de la imagen rodeados de clientes y amigos de todas las nacionalidades.

Irina e Iván en el centro de la imagen rodeados de clientes y amigos de todas las nacionalidades.Marina Ginés

Marina Ginés
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Si paseas por la Urbanización de Roquetas de Mar, rodeada de hoteles y restaurantes turísticos, hay un pequeño bar que no pasa desapercibido… aunque a primera vista podría parecer uno más. Pero basta con empujar la puerta de La Taverna para sentir que has cruzado fronteras: manteles de vivos estampados geométricos de rojo sobre blanco, girasoles por todas partes y un olor a comida recién hecha que te abraza nada más entrar.

Comida tradicional ucraniana.

Comida tradicional ucraniana.La Voz

Irina Berenic e Iván Sokalchuk son los responsables de este rincón ucraniano que ya se ha ganado el corazón de locales y extranjeros. Aquí no solo vienes a comer: vienes a sentirte parte de algo, a encontrar compañía y, a veces, un poco de consuelo.

Olvídate del clásico lomo a la plancha o de las tapas de siempre. En La Taverna, las tapas son ucranianas de verdad y con nombre que a veces parece impronunciable: Gefühtle Pfannkuchen, Gemuüseeintopf, Salat mi Thunfisch… pero cada bocado vale la pena.

Tapas ucranianas que te hacen viajar con el paladar

Su versión de la “ensaladilla rusa” es otro mundo: con remolacha encurtida, arenque ahumado y mayonesa, nada que ver con la que conoces, y con un color que hace que todos saquen el móvil para la foto. Pimientos rellenos, rollitos de repollo, tortitas de pollo con crema agria… y sus sopas Borsch y Supper mit Rind, tradicionales y siempre aplaudidas.

Una ensaladilla rusa a la ucraniana.

Una ensaladilla rusa a la ucraniana.La Voz

“Aquí todo se hace al momento, con ingredientes frescos y recién comprados. Cada plato tiene su trabajo, pero merece la pena”, dice Irina, mientras los clientes —polacos, alemanes, rumanos, turcos… y cada vez más españoles— no dejan de pedir su favorito.

Más que un bar: un refugio para la comunidad

Pero lo que realmente hace especial a La Taverna no son solo las tapas. Es la gente. Irina no solo cocina; escucha, aconseja y acompaña a quienes lo necesitan. Muchos extranjeros llegan a Roquetas sin saber por dónde empezar: unos no dominan el idioma, otros no saben dónde buscar vivienda o cómo manejar trámites. Irina se convierte en amiga, guía y consejera.

La sopa más famosa y aclamada: La Borsch

La sopa más famosa y aclamada: La BorschLa Voz

Para formalizar esa ayuda, Irina e Iván crearon Sueños Reales, un pequeño grupo solidario que ofrece menús del día económicos —solo 8 euros para socios— y asistencia en todo lo que puedan necesitar. “Aquí todos son bienvenidos, da igual de dónde seas. Solo pedimos que seas buena persona”, dice Irina, con la humildad que caracteriza a quienes hacen de su vida una misión de ayuda.

Los miércoles, por ejemplo, un grupo de polacos acude religiosamente a almorzar después de ir a la iglesia. Y no es raro ver a grupos de Erasmus, turistas o emigrantes que, por un momento, sienten que tienen un hogar lejos de casa.

Una historia de resiliencia y solidaridad

Irina e Iván llevan más de 20 años en España y han recorrido distintas ciudades antes de establecerse en Roquetas. Iván trabajó en la obra, recogiendo limones y haciendo todo tipo de trabajos, hasta que la salud y la edad de su madre lo obligaron a regresar a Ucrania. Allí vivió momentos muy difíciles: su madre falleció y estalló el conflicto armado, complicando cualquier plan de vida.

Los Erasmus turcos que comían y desayunaban en La Taverna.

Los Erasmus turcos que comían y desayunaban en La Taverna.La Voz

Fue entonces cuando contactó con Irina, una amiga que ya llevaba años en Roquetas. Con la ayuda de conocidos y amigos extranjeros, lograron abrir La Taverna Ucraniana. Lo que comenzó como un pequeño bar pronto se convirtió en mucho más: un espacio de gastronomía, cultura y, sobre todo, de comunidad.

“Si yo no hubiera tenido tanta ayuda, no podría haber salido adelante. Ahora quiero devolver todo eso a la gente que llega aquí y se siente sola. Que sepan que no están solos, aunque su familia esté lejos”, explica Iván.

Irina y su cocina: el alma de la Taverna

Cada plato que sale de la cocina lleva la impronta de Irina: desde la sopa nacional Borsch hasta los rollitos de repollo, el cerdo al horno o las tortitas rellenas de pollo con crema agria. Comer en La Taverna es mucho más que saciar el hambre: es saborear tradición, cariño y hospitalidad en cada bocado.

No es extraño ver a clientes españoles, que jamás habían probado comida ucraniana, caer rendidos ante los sabores de Irina y convertirse en habituales del local. Cada visita es una experiencia que mezcla gastronomía y humanidad, una especie de embajada internacional donde todos tienen cabida y todos se sienten en casa.

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