El barrio de Almería que lleva por nombre dos de los platos más típicos de la provincia
Un reflejo perfecto de cómo la gastronomía y la cultura culinaria pueden permear la toponimia y dar identidad a un lugar

El barrio de Almería que lleva por nombre dos de los platos más típicos de la provincia.
La gastronomía almeriense es un tesoro de sabores sencillos y llenos de historia. Platos como las migas, los chérigan, la jibia en salsa, los gurullos o las gachas forman parte de ese recetario tradicional que conquista paladares y mantiene viva la identidad de la provincia.
Pero, lo que quizás no sabías es que dos de esos platos dan nombre a un barrio muy especial de Almería. Un lugar tan pequeño como singular, donde la tradición culinaria se funde con la geografía y la cultura local.
Para llegar hasta él, hay que dejar atrás la costa y adentrarse en el Valle del Almanzora. Allí, entre Cantoria y Arboleas, a pocos kilómetros de la barriada de Almanzora, se encuentra una pequeña pedanía con apenas 33 habitantes (datos del Instituto Nacional de Estadística de 2023), que llegó a superar los 40 en 2013, y que se ha recuperado en el último lustro tras haberse quedado en solamente 15 habitantes en 2019.
Perteneciente al término municipal de Cantoria y casi a la orilla del río que atraviesa y da nombre a todo el Valle, la denominación de esta singular barriada almeriense es Gachas Migas, un término que puede sonar a plato y no es casualidad.
Según la Real Academia Española (RAE), las “gachasmigas” son una variante de las migas tradicionales, elaboradas no con pan desmenuzado sino con harina, formando una masa similar a una tortilla hecha con harina de trigo, agua, ajo, aceite de oliva y sal.
Esta especialidad es típica en varias regiones del sureste español, siendo bastante popular en zonas de Valencia, Alicante o Murcia, pero también el sureste de Albacete, el norte de Granada y Almería e incluso Jaén.
Gachas Migas lleva en su nombre la esencia de estos dos platos típicos de la provincia de Almería: las gachas y las migas. Un reflejo perfecto de cómo la gastronomía y la cultura culinaria pueden permear la toponimia y dar identidad a un lugar, aunque solo cuente con una pequeña población.