Cuidado si compras sandía o melón partidos por la mitad: esto dicen los expertos
Puede ocultar serios riesgos para la salud si no se manipulan y conservan adecuadamente

Sandía en rodajas. Foto: Any Lane
Con la llegada del calor, las frutas frescas como la sandía y el melón se convierten en imprescindibles en la cesta de la compra. Su sabor dulce, su alto contenido en agua y su capacidad para refrescar las jornadas de verano las hacen irresistibles.
Por eso, cada vez es más habitual encontrarlas ya cortadas en mitades o cuartos, listas para llevar y consumir sin complicaciones.
Pero lo que muchos consumidores desconocen es que esta práctica, tan cómoda como aparentemente inocente, puede ocultar serios riesgos para la salud si no se manipula y conserva adecuadamente.
La clave está en la corteza. Esa piel gruesa que recubre tanto al melón como a la sandía no es solo una característica estética: actúa como una barrera natural que protege la pulpa del contacto con bacterias y otros agentes contaminantes del entorno. Cuando esta protección se rompe (es decir, cuando la fruta se corta), la pulpa queda expuesta y comienza una cuenta atrás en la que intervienen factores como la temperatura, la higiene en el corte o el tiempo que pasa sin refrigeración.
Según los expertos, desde el momento en que se abre una sandía, su interior se convierte en un entorno vulnerable, ideal para la proliferación de microorganismos como Listeria monocytogenes, Salmonella spp. o Escherichia coli.
Estos patógenos pueden provocar infecciones gastrointestinales, vómitos, diarrea, fiebre e incluso complicaciones graves en personas con sistemas inmunitarios debilitados, como ancianos, embarazadas o personas con enfermedades crónicas.
El riesgo aumenta notablemente si estas piezas de fruta ya cortadas se encuentran fuera del frigorífico, como ocurre a menudo en supermercados o fruterías, donde permanecen expuestas a temperatura ambiente durante horas. Una práctica que rompe la cadena del frío y multiplica las posibilidades de contaminación.
La normativa es clara, pero no siempre se cumple
La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) recuerda que todas las frutas mínimamente procesadas (entre ellas las cortadas) deben mantenerse siempre por debajo de los 5 ºC desde que se preparan hasta que se consumen.
Solo se permite su exposición a temperatura ambiente (menor de 25 ºC) durante un máximo de tres horas y en condiciones muy específicas: ambientes ventilados, sin exposición directa al sol y con una refrigeración posterior inmediata.
Estas condiciones, diseñadas para establecimientos que manipulan fruta bajo control sanitario, rara vez se cumplen en pequeños comercios o en grandes superficies, donde a menudo el criterio de venta rápida prima sobre la seguridad alimentaria.
Curiosamente, una de las virtudes más difundidas de la sandía es su capacidad para favorecer la circulación sanguínea gracias a su contenido en citrulina, un aminoácido con efecto vasodilatador. De hecho, se ha llegado a considerar un 'viagra natural' por su posible efecto sobre la función eréctil. Sin embargo, esos beneficios nutricionales solo tienen sentido si la fruta se consume fresca, limpia y bien conservada. De poco sirve su potencial afrodisíaco si la bacteria Listeria se cuela primero en el plato.
Frente a este panorama, las recomendaciones son sencillas y efectivas: evitar comprar sandía o melón ya cortados si no están refrigerados; elegir envases bien sellados, con etiquetado completo y fecha de consumo preferente; guardarla siempre en el frigorífico una vez en casa y consurmirla cuanto antes, y en caso de duda comprar la pieza entera y cortarla uno mismo.