Maletas perdidas, 12 horas de retraso y acampada en el aeropuerto: la odisea de Berlín, desde dentro
Radiografía de un regreso lleno de silencios, bandazos y decisiones incomprensibles

Fotografía desde el autobús Alicante-Almería que trasladó a parte de la expedición de Fruit Logistica.
Imagina que tu vuelo se retrasa cuando estás en la cola de embarque sin explicaciones ni rango de horario previsto. Entonces comienzas a ver cómo, una por una, todas las salidas programadas comienzan a cancelarse porque la pista de aterrizaje que te tiene que sacar de allí está cubierta de hielo, pero de tu vuelo no hay noticias. Te toca esperar, con la esperanza de que en unos minutos te pongan al corriente de la situación. Pasa una hora. Luego otra. Pero la respuesta sigue siendo la misma.
Imagina que cinco horas y media después, cuando ya has dado el vuelo por cancelado, te dicen que ya puedes embarcar y subís al avión, pero te mantienen en espera una hora más porque es necesario “retirar el hielo del fuselaje”. Lo normal es preguntarte si es seguro despegar en esas condiciones, pero como no tienes ni idea y solo piensas en llegar a casa, te pones en manos de los profesionales. Imagina que, antes de despegar, te comunican que aterrizarás en Málaga, ya que el aeropuerto de Almería estará cerrado, y avisas a tu familia para que te recoja allí. Sin embargo, después de tres horas de viaje dando cabezadas, cuando sobrevuelas Valencia, te confirman que tu travesía se dirige hacia Alicante.
Imagina que once horas después de haber llegado al aeropuerto de Berlín, aterrizas en Alicante. Ahora te toca disculparte con tu familia, que se ha dado un paseo a Málaga por hacerte un favor, pero tampoco puedes darle más explicaciones porque allí nadie sabe nada. Imagina que, para colmo, llegas a la zona de recepción de equipaje y no sabes dónde están tus maletas, que los pocos empleados que hay no saben darte una respuesta y que acabas acampando otras dos horas, recostándote donde puedes, hasta que la cinta comienza a repartir el equipaje. Te levantas, desconfiado, sin tener muy claro si el pitido es real o es un espejismo propio del agotamiento. Esperas. Y esperas, mientras observas cómo el resto de pasajeros alcanza su maleta y abandona el aeropuerto. Pero tu maleta no aparece. Entonces te informan que se quedó en Berlín para compensar el peso del avión.

Almerienses en la puerta de embarque.
A estas alturas, lo normal sería entrar en cólera, pero debes reservar la poca energía que te queda para afrontar un viaje infinito hasta Almería, que completará las doce horas de tu vida que has tirado a la basura.
Dos aviones, mismo trato
En esta situación se vieron muchos de los más de doscientos almerienses que conformaron la expedición de Fruit Logistica la semana pasada, que todavía andan preguntándose cuándo van a recibir su equipaje. El grupo almeriense estuvo dividido en dos vuelos, que padecieron más o menos la mismas desventuras, solo que uno de ellos sí que logró aterrizar en Málaga.
Itinerario marcado
"Nos han tratado como a ganado. De un lugar para otro sin dar explicaciones. Para colmo, cuando estábamos dentro del avión han empezado a sacar maletas de abajo. A la mitad de la gente no le han llegado las maletas", narra uno de los ocupantes del avión de Málaga.
"Nadie sabía nada, daba igual a quién preguntaras"
"Lo que más nos molestó de todo fue la continua falta de transparencia. Nadie sabía nada, daba igual a quién preguntaras, y es desesperante no saber si te quedan cinco minutos o cinco horas, porque tampoco te haces a la idea", detalla uno de los afectados del vuelo que acabó en Alicante. Asimismo, recalca la actitud "ejemplar" de los afectados: "Para haber sufrido un retraso de doce horas, muy bien se lo tomó la gente; algunos, hasta aprovecharon para beber cerveza. No fue hasta que desaparecieron las maletas que comenzaron las primeras quejas".

Estado de las pistas del Aeropuerto de Berlín-Brandeburgo.
En cuanto las responsabilidades, tampoco tenían claro a quién dirigirlas: "Ya no sabías si era culpa de El Corte Inglés, de Volotea, del aeropuerto de Berlín, de los otros aeropuertos, del mal tiempo o de todos a la vez". "Los trabajadores de El Corte Inglés se disculparon con nosotros, pero tampoco sabes si enfadarte con ellos porque no sabes hasta qué punto los bandazos y la desinformación son cosa suya", añade otro de los afectados.
El problema, asevera para finalizar, nada tiene que ver con el mal tiempo: "Evidentemente, nadie quiere volar si no es seguro, en eso todos estamos de acuerdo, pero la falta de explicaciones convirtió aquello en un caos".