Tres años después de una lesión medular, vuelve a vestirse de flamenca desde su silla de ruedas
Laura Ainoa Márquez, presidenta de ASPAYM Almería, recupera una ilusión que creía perdida y participa en el Concurso de Trajes de Flamenca de LA VOZ

Laura Ainoa Márquez al terminar el concurso de Trajes de Flamenca de LA VOZ
En un armario pueden quedarse guardadas muchas vidas. La de una noche especial, la de aquel vestido que siempre sentaba bien, la de unos zapatos elegidos para salir o la de un traje de flamenca que durante años acompañó ferias, viajes y días entre amigas. Lo difícil llega cuando un día abres ese mismo armario y descubres que muchas de esas prendas siguen siendo tuyas, pero ya no puedes volver a ponértelas.
Durante tres años, los volantes pertenecieron para ella a ese lugar: al de las cosas que habían formado parte de su vida y que parecían haberse quedado definitivamente atrás. Vestirse de flamenca había sido una tradición, una excusa para recorrer ferias de Andalucía con sus amigas y, sobre todo, algo que la hacía feliz. Después de que su vida cambiara de manera radical en 2023, llegó a pensar que no volvería a hacerlo.
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Hasta que apareció una pregunta: "¿Y por qué no?" Y después, una diseñadora dispuesta a buscar la manera, un concurso visto casi por casualidad y una llamada que terminó con dos palabras: "Nos presentamos". Este jueves, aquella conversación se convirtió en volantes. Entre las participantes que llenaban de color el Teatro Apolo en el concurso de Trajes de Flamenca de LA VOZ y Radiolé apareció Laura Ainoa Márquez Galindo, sobre su silla de ruedas y vestida de flamenca por primera vez desde que una lesión medular le cambió la vida.
No llevaba el traje que durante años había esperado en su armario. Llevaba uno nuevo, creado para el cuerpo con el que lleva tres años aprendiendo a vivir. Y quizá ahí estaba lo verdaderamente importante: no se trataba de volver a ser quien era, sino de descubrir todo lo que todavía podía seguir siendo.

Laura Ainoa Márquez en una entrevista con Cadena SER
Una vida que cambió de repente
Para entender todo lo que había detrás de ese momento hay que retroceder tres años. Aunque nació en Zaragoza hace 50 años, Laura llevaba mucho tiempo sintiendo Almería como su casa. Llegó a la provincia en 2005 después de estudiar Medicina, formarse como médica de familia y preparar las oposiciones de médico forense. Lo que en principio fue un destino profesional terminó convirtiéndose, con el paso de los años, en el lugar donde construyó su vida.
"Almería ya para mí es mi casa", cuenta en una conversación con LA VOZ. Aquí ejerció como médico forense, hizo amigos y encontró ese lugar al que sentir que pertenecía. Y aquí habría continuado su historia con normalidad de no ser porque, en 2023, todo cambió de una forma tan repentina como inesperada.
Mientras recibía un tratamiento, Laura sufrió un infarto medular —muerte de tejido en la médula espinal por falta de flujo sanguíneo— como consecuencia de uno de sus efectos secundarios. "Era algo que no se contemplaba como posible", recuerda. El resultado fue una lesión medular que le hizo perder la movilidad y la sensibilidad aproximadamente desde las axilas hacia abajo.
De un día para otro, la mujer que hasta entonces conocía perfectamente su cuerpo tuvo que empezar a descubrirlo de nuevo. "Tuve que aprender a vivir de nuevo con este nuevo cuerpo", explica. Y ese aprendizaje comenzó con uno de los periodos más duros de su vida: cerca de un año ingresada en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo.
Volver a casa
Después de casi un año de hospitalización, llegó el momento de decidir dónde empezar aquella nueva vida. Podía regresar a Zaragoza, donde había nacido y crecido, pero Laura tuvo claro que quería volver al lugar que durante más de dos décadas había hecho suyo. "Todo me pedía volver a Almería, a la luz, a la tranquilidad, al mar", recuerda.
Y volvió. Lo hizo acompañada por su madre y arropada por las amistades que había construido durante tantos años en la provincia. Su día a día, sin embargo, ya era completamente distinto. El trabajo dejó paso a una vida dedicada en gran medida al autocuidado y a aprender, poco a poco, a desenvolverse en una realidad que todavía hoy sigue descubriendo. "Para una lesión medular, tres años no es tanto", reconoce.
En ese camino encontró también a otras personas que estaban atravesando situaciones parecidas. Junto a ellas puso en marcha ASPAYM Almería, una asociación que nació ante la falta de un espacio específico para las personas con lesión medular en la provincia y que ya reúne a más de medio centenar de socios. Allí encontró algo que considera "un tesoro": personas con las que compartir dificultades, dudas y también experiencias que vuelven a sacar la vida fuera de casa.
Su vestido de flamenca
Y precisamente una de esas experiencias terminó acercándola de nuevo a algo que creía perdido. El pasado invierno, durante una gala benéfica dedicada a niños con distintas discapacidades, Laura conoció a la diseñadora almeriense de moda flamenca Victoria Monteoliva. Sobre aquella pasarela vio a niños y niñas que fuera de ella convivían con numerosas necesidades y que, al ponerse sus trajes, parecían transformarse. "De repente parecía que se empoderaban y brillaban de una forma muy especial", recuerda.
La imagen se le quedó dentro. Tanto, que cuando pudo hablar con Victoria se atrevió a contarle una ilusión que llevaba tiempo rondándole la cabeza: quería volver a sentir algo parecido ella también. "Sería una ilusión muy grande si pudieras hacer algo que yo pudiera llevar con un toque flamenco", le dijo. La respuesta de la diseñadora dejó una puerta abierta: "Esto tenemos que pensarlo".
Todavía ninguna de las dos sabía cuándo llegaría la oportunidad. Hasta que Laura vio anunciado el Concurso de Trajes de Flamenca de LA VOZ. Cogió el teléfono y llamó a Victoria: "Creo que tenemos nuestra ocasión, ¿qué te parece esto?". Al otro lado apenas hicieron falta dos palabras: "Nos presentamos".

Laura Ainoa Márquez al salir al escenario en el concurso de Trajes de Flamenca de LA VOZ
Un cuerpo diferente
Y la ocasión llegó. Este jueves, aquella idea que había comenzado con una llamada tomó forma en el Teatro Apolo. Laura volvió a vestirse de flamenca tres años después, esta vez con un diseño pensado para ella, para su cuerpo y para una realidad diferente a la que conocía antes de 2023. Y lo hizo sobre su silla de ruedas, rodeada de volantes y compartiendo escenario con el resto de participantes del concurso.
Para ella, estar allí ya era suficiente. "Solo el hecho de presentarme y saber que voy a poder ir vestida de flamenca, algo que pensaba que no iba a poder hacer nunca más, me hace mucha ilusión", confesaba días antes. Pero detrás de esas ganas había también un propósito que iba mucho más allá de sí misma: que otras personas con una lesión medular pudieran verla y pensar que quizá también hay cosas que creían perdidas y que todavía pueden recuperar.
Laura sabe bien que salir de casa, hacer planes o enfrentarse a situaciones nuevas después de una lesión como la suya no siempre resulta sencillo. También conoce la inseguridad que puede aparecer cuando algo que antes se hacía sin pensarlo empieza a estar lleno de obstáculos. Por eso, su mensaje no habla de negar las dificultades, sino de intentar que estas no terminen decidiendo todos los límites.
"Que se animen a hacer cosas fuera, incluso cosas que van mucho más allá de los límites que creen que tienen", pide a quienes atraviesan una situación parecida. Porque en estos tres años ha aprendido también la importancia de quién camina al lado: "Cuando encuentras a las personas adecuadas que te acompañan y a una sociedad que cada vez también es más inclusiva, se pueden hacer cosas maravillosas".
Este jueves, una de ellas ocurrió en el Teatro Apolo. Tenía volantes, nació de una llamada entre dos mujeres y terminó con Laura vestida de flamenca otra vez. Quizá aquel traje que un día quedó guardado en el armario no vuelva a salir de allí. Pero después de esta Feria, los volantes ya no pertenecen únicamente a la vida que dejó atrás. También forman parte de la que está construyendo ahora.