Las orejas que valen su peso en oro
Curro Díaz, Adame y del Álamo dieron la talla ante toros enrazados que blandearon en exceso

Curro Díaz dando un derechazo al primero de la tarde.
Estas orejas cobradas en la bravura y la fiereza de los toros valen su peso en oro. No son meros apéndices estadísticos, ni despojos para pasearlos entre sonrisas y abanicos. Estas orejas cortadas a base de vergüenza torera y oficio a cara de perro valen un imperio. La corrida de los “victorinos” no llenó los tendidos, pero inundó de emociones a quienes vinieron a ser testigos de que la Tauromaquia no es sólo el resplandor de las figuras.
Curro Díaz
El primero salió enrazado y metiendo la cara con clase. Curro Díaz lo lanceó con firmeza, pero sin poder avanzar un paso hacia los medios. Peleó en varas bien y dio juego en banderillas. Era un toro. Pero con defecto de fuerza que le hacía perder la verticalidad.
La pelea no estaba decidida y Curro se lo llevó a los medios a torearlo despacio, bajando la mano, dejando que la noble embestida se templara en las bambas de la muleta. Por el derecho y por el izquierdo. Tanto, que en una de esas se le quedó a media embestida y le dio un susto. Había arte y emoción, porque el animal, siendo noble, era bravo. Bravo hasta el final, que fue una excelente estocada. El toro se aguantó la muerte caminando hacia las tablas y dando de este modo la última prueba de su bravura.
El cuarto salió enrabietado y en cuanto topó el percal de Curro Díaz descargó todo el mal genio que llevaba dentro. Sin embargo, estaba por debajo de sus hermanos en casta y desbarató las expectativas del torero acortando la embestida y volviéndose a mirar lo que dejaba detrás: el primer garbanzo negro del potaje, lo cual no justifica que la cuadrilla lo echara al suelo con los capotes después de la estocada.
Joselito Adame
El segundo salió dispuesto a mandar en la plaza y a arrollar a quien se le pusiera delante. Pidiendo toreros para vérselas con ellos, como hizo con Joselito Adame, que midió casi todo el radio del redondel tratando de sujetarlo. En el caballo no pasó de aprobado. Pero en la muleta desarrolló toda la raza que llevaba debajo de su preciosa capa cárdena.
Joselito estuvo a la altura en las primeras tandas. No podía perderle la cara al toro, porque se arrancaba por su cuenta al final de las tandas. Con qué ambición tomaba la muleta, con qué cuidado tenía que tratarlo el torero. Una serie de derechazos puso la pelea de parte de Adame que remató la faena con naturales con la mano derecha porque el pitón izquierdo era muy complicado.
El quinto de la tarde sacó a los medios a Adame a base de genio, justo al revés de como cabía esperar. Y eso que corría trastabillado.
Excelentes pares de banderillas de Fernando Sánchez y Sergio Aguilar, que se desmonteraron por los muchos aplausos que escucharon.
El toro seguía perdiendo las manos en la muleta y Joselito hubo de darle descanso entre serie y serie, pero sin perder de vista sus enrazadas acometidas. Los derechazos de uno en uno, las caídas de dos en dos y la ambición del toro se disipó entre las notas del pasodoble.
Juan del Álamo
Juan del Álamo tuvo poca suerte con su primero, que blandeaba de remos y le costaba a veces culminar las suertes sin caerse. No obstante, lució un toreo ceñido y profundo, con sabor. Por el pitón izquierdo, siempre a tenor de lo que al toro se le antojaba. Fue oportuna la tanda de manoletinas y pases por alto antes de dejar una estocada más que definitiva.
A Juan del Álamo le tocó lidiar el último toro del abono, un ejemplar que blandeaba de manos, restando enjundia de su embestida. Lució capote en un quite por delantales y echó el resto en la muleta pensando en la puerta grande, pero no quedaba toro para tales extremos. Toreo suave alterado por los parones y las miradas del toro. La Feria se cerraba en sosería y conformidad a la fuerza.