Donde fluye el agua, fluye la vida: el motor que transformó Almería

José Antonio Fernández, presidente de FERAL, en una reciente visita al pantano del Negratín.
Bajo el lema "Donde fluye el agua, fluye la vida", celebramos este 22 de marzo el Día Mundial del Agua, una efeméride que en Almería no es un simple recordatorio en el calendario, sino el eje central de nuestra existencia y nuestro progreso. En el marco del acto que celebramos en el Museo del Agua de El Saltador, en Huércal-Overa, es de justicia echar la vista atrás para comprender la magnitud de la transformación que hemos protagonizado.
Hace apenas sesenta años, nuestra provincia era un territorio marcado por la escasez y el éxodo; en 1965, Almería contaba con apenas 360.000 habitantes y un futuro incierto. Hoy, rozamos los 800.000, con pueblos dinámicos, servicios modernos y una oferta de ocio que habrían sido impensables sin la audacia de quienes decidieron que el agua debía fluir para que la vida floreciera.
Evolución técnica
Ese despegue no fue fruto del azar, sino de una evolución técnica sin precedentes que comenzó con la búsqueda incansable de recursos en los pozos en profundidad y la creación de las primeras redes de canales y tuberías de distribución. Fuimos pioneros en la técnica del enarenado, que sentó las bases de nuestros invernaderos, y desde aquellos primeros sistemas de riego hemos recorrido una carrera meteórica.
Lo que empezó con filtros y abonadoras básicas ha derivado en una digitalización absoluta, con electrificación de fincas y automatismos de precisión que nos sitúan a la vanguardia mundial de la eficiencia hídrica.
Este “milagro” agrícola, como así nos han denominado mil veces, ha germinado en todo un ecosistema empresarial. Al amparo de nuestro campo, han crecido industrias potentes de construcción de invernaderos, empresas de plásticos, suministros, semillas, semilleros y fertilizantes. Hoy somos referentes en la industria de insectos auxiliares para el control biológico y en empresas de mantenimiento especializado.
Pero no solo han crecido las empresas, sino también el conocimiento: la profesionalización de nuestro sector es hoy una realidad gracias a la labor de centros como la EFA, la Escuela Agraria de Vícar, nuestros ingenieros técnicos agrícolas y, por supuesto, la excelencia académica de la Universidad de Almería, que forma al talento que lidera nuestra agricultura.
Todo gracias al agua
La comercialización ha seguido un camino igual de ambicioso. De las subastas locales pasamos a potentes cooperativas que supieron abrir los mercados en Europa, un hito que se consolidó con la entrada en la antigua CEE, hoy Unión Europea. Almería no sólo vende frutas y hortalizas; gestiona una logística compleja que incluye embalaje, transporte y servicios profesionales de primer nivel que garantizan que el producto llegue perfecto al corazón del continente.
Todo este entramado de éxito, que ha revertido en una provincia próspera y poblada, tiene un único denominador común: todo ha sido posible gracias al agua.
Sin embargo, el éxito pasado no garantiza el futuro si no actuamos con determinación. El reto actual reside en la gobernanza del agua. Debemos trabajar con juntas centrales que garanticen la calidad y un objetivo irrenunciable: el déficit cero en nuestra provincia.
Esto exige una gestión inteligente y valiente de todas las fuentes disponibles: desde las aguas subterráneas y los pantanos, hasta el uso creciente de agua regenerada, la desalación, los trasvases necesarios y la cesión de derechos de agua. No podemos bajar la guardia en la creación de infraestructuras críticas, como balsas de regulación y redes de distribución que aseguren que cada gota se aprovecha al máximo.
Sólo a través de una política hídrica integral y una inversión constante podremos asegurar que, en Almería, el agua siga fluyendo para que la vida nunca deje de prosperar.