25 días de lluvias: cuando Almería pareció Lugo
La provincia se despide de un aguacero que no la rescata de la situación de emergencia hídrica; hoy se reúne la Comisión de Gestión para hacer análisis

El pantano del Negratín, del que dependen los riesgos del Almanzora, no se ha recuperado para reactivar el trasvase.
Han sido días en los que Almería pareció Lugo más que Tabernas; 25 días de ‘lluvia pareja’ como la describen los mayores; días de sémola y arenques, como aquellos que se chapaban en el quicio de las puertas; días de puro charco y avionetas espantanubes más paradas que un gato de escayola; días de botas de agua y tiestos en la ventana y de mirar al hombre del tiempo como si fuera aquel Fernando Simón de los datos del Covid; días de atascos, de ayes de los agricultores por las humedades en los cultivos, de pensar en sacar al santo bajo palio para que cesase el diluvio de Noé; días de salir a coger caracoles, de no ir al colegio los más pequeños, de manta, sofá y serie de Netflix; días en los que el cielo le ha hecho la peineta a La Seca de Sotomayor, a las descripciones antiguas de Brenan y Pedro Antonio de Alarcón, a la prosa de Goytisolo y a los artículos que redactaba Tico Medina para el diario Pueblo.
Han sido días de andar mirando al cielo como nuestros antepasados, esperando a ver lo que dejaba Laurence y Martinho (cada ventolera viene ahora con partida de bautismo bajo el brazo). Y lo que han dejado las borrascas en la provincia ha sido eso: mucho hueso pero poca chicha, mucho barro, pero poca agua estancada para regar gota a gota las lechugas de Primaflor. El Levante y el Almanzora siguen en situación de emergencia y la Comisión de Gestión, de la que forman parte Junta, técnicos y regantes, se reúne hoy para trazar un plan de ruta contra la sequía para los próximos cultivos de primavera. Parece un trampantojo, después de tanto aguacero, pero es tan real como que los pantanos de la provincia no superan el 13% de su capacidad: seguimos tan secos como una calavera de San José.
La lluvia, como la suerte, ha ido por cuencas y confederaciones: mientras el pantano de Cuevas solo se ha llenado con un dedal de agua, al igual que el de Benínar, en la cuenca del Guadalquivir se han recogido 1.668 hectómetros, desembalsándose por precaución más de 300: seis años de Trasvase del Negratín al Almanzora. El consumo humano y los regadíos están garantizados para los arrozales de las marismas sevillanas y también para las necesidades hídricas de la Axarquía malagueña. Sin embargo, todo ese agua no ha sido suficiente para que el Negratín, en el Guadiana Menor, santo y seña de los riegos del Levante, se recupere para poder volver a reactivar el Trasvase al Almanzora suspendido desde 2021. A pesar de las lluvias, sigue estando en 182 hectómetros, muy lejos aún de los 210 hectómetros mínimos para poder desembalsar hasta la cuenca almanzorí.
Del mismo modo, la cuenca del Tajo ha recuperado caudal con todas sus presas por encima del 80% de capacidad y 9 de ellas desembalsando agua a troche y moche, como las de Entrepeñas y Buendía, que se no abrían desde 1997. Mientras tanto, todo apunta a que en la provincia de Almería, en el Sistema de Cuevas del Almanzora, Níjar y Los Filabres, sigan las restricciones de agua con una aportación máxima de 200 litros y día por persona, ante la situación de escasez grave. De este sistema levantino depende una población superior a los 100.000 habitantes, 8.000 regantes y 24.000 hectáreas de regadío.
Con la desaladora de Villaricos aún averiada, los riegos de primavera se podrían respaldar si se autorizan, por parte del Gobierno, los contratos de cesión de la sociedad Aguas del Almanzora con comunidades de regantes de las cuencas del Tajo y del Guadalquivir.
Las organizaciones agrarias en Almería han hecho balance de los últimos temporales para el campo. en la provincia, según Coag, las persistentes lluvias registradas con más de 100 litros en algunas zonas durante marzo han causado daños en algunos cultivos hortícolas, tanto al aire libre como de invernadero. Entre ellos aparecen brócoli, pepino, pimiento, sandía y melón y se están viendo afectados por los altos niveles de humedad con proliferación de plagas y enfermedades pudriéndose las plantas. Resulta más preocupante, según Coag, para los cultivos de sandía y melón que se encuentran en plena fase de polinización y por tanto se ven más amenazados por los episodios súbitos de humedad y calor. No obstante, puntualizan, las lluvias han venido bien para rellenar los acuíferos.