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Un maratón de ensueño

Pedro Castillo cuenta su aventura en París

En la Feria del corredor.

En la Feria del corredor.

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Esta aventura surge como una de las muchas locuras que se cometen en la vida, en una conversación de amigos y con la típica frase de “¿a que no eres capaz?”, por decirlo de forma lo más políticamente correcta. Fue un Julio de 2016 cuando surge la temida frase y decidimos mi amigo Fonsi y yo hacer un maratón. Elegimos París por varios motivos, el primero, no creo que tenga lugar a dudas, correr, bajo mi opinión, en la ciudad más bonita del mundo. El segundo por el clima moderado en el mes de Abril, aunque luego nos jugo una mala pasada. Y el tercero por la facilidad de inscripción respecto a las llamadas “majors”. En estas Major, que incluye Londres, Berlín, New York, Boston, Tokio y Chicago existe una demanda superior a la oferta, por lo que en la mayoría de los casos entras en una lotería que no te asegura un dorsal, así que las descartamos desde el inicio.


Una vez decidido el destino me paro a plantear la preparación y avalúo mi forma física y donde encajar los entrenamientos después del trabajo de Director de una Oficina de Banco Mare Nostrum y del tiempo que consumen dos niños de 8 años con sus correspondientes actividades extraescolares, nada fácil. Como punto de partida destacar que llevo corriendo aproximadamente dos años de forma regular con un par de las llamadas lesiones del corredor terminadas en “itis”, que básicamente son inflamaciones, nada importante. Entonces me planteo a partir de Septiembre de 2016 un plan regular de entrenamiento de unos 6 meses. Este plan incluye tiradas largas, incluida una de tres horas, la más dura con mucha diferencia, estas las realizaba los fines de semana. Carreras medias de cuarenta y cinco minutos a una hora veinte minutos más rápidas que la tirada larga del fin de semana y con una periodicidades de dos veces por semana y una carrera fácil también entre semana. Cuando veo los cuatro entrenos por semana me hecho las manos a la cabeza porque no veo como cuadralos en una semana, ya de por si apretada, a pesar de ello inicio el plan. No sin sufrimiento lo comienzo haga frio, llueva un poco, haga calor o con viento. Hay es cuando te das cuenta de la enorme variedad de clima que tenemos en Almería y de la cantidad de días que hace viento, que es para mi lo peor de salir a correr. Lo que más me cuesta es meter los entrenos entre las actividades extraescolares de los niños, dejarlos en las mismas con las zapatillas puestas y midiendo cada minuto que les queda para salir y recogerlos a tiempo. Eso me lleva a tener que salir dos días entre semana a las seis de la tarde, en Septiembre hace un calor fulminante y en Febrero es de noche y hace frío, estoy encorsetado en ese horario y cuesta horrores algunos días. Las tiradas más largas son los Domingos, normalmente a las siete o las ocho de la mañana para estar a las diez en casa y que no afecte mucho al discurrir de un fin de semana en la familia. Hay días que se hace muy muy duro, pero el objetivo de correr mi primera maratón me hace no cese en el empeño.


Llegán los días previos, no sin miedo, mi amigo Fonsi y yo cogemos el avión rumbo a París, aterrizamos el la llamada “Ciudad de amor”, no puede ser más bonita, parece congelada en el pasado. Edificios con enormes puertas de hierro, adoquines en sus calles, palacios interminables, plazas de ensueño y sobre todo su símbolo universal, la Torre Eifell. Cuando se nos quita la embriaguez a la que te somete dicha belleza vamos a recoger nuestro dorsal a la Feria Del Corredor, donde se encuentran innumerables stand de marcas deportivas, como un mercado de droga para un runner.


Y por fin llega el Domingo 9 de Abril de 2017, llevamos 6 meses preparándonos para este día. El alojamiento está a tan sólo 200 metros de la salida, donde hay un total de 56.000 personas dispuestas a conquistar París. Nuestro “cajón” de partida sale a las 9:45h, empieza a hace calor, los nervios hacen que las pulsaciones estén por encima de lo normal. Empiezas a revisar mentalmente como planear la carrera, donde comer, a que ritmo ir, miro hacia atrás y veo a tan sólo 100 metros el Arco del Triunfo que me invita a correr. Pistoletazo de salida, empezamos a ritmo lento, lo importante es terminar me repito hasta saciedad, es nuestra primera maratón y no podemos volver sin la medalla de Finisher. Conforme avanza la carrera empieza a subir la temperatura y hace un sol de justicia, esto va a ser muy duro. El circuito por el que discurre no resalta toda toda la hermosura de París, pero el gran número de personas animando es increible y te dan fuerzas para correr. Llegamos al Kilómetro 27 donde el símbolo de París nos anima a correr. A partir de 32 por culpa del terrible calor, ni más ni menos que 25 grados sin una nube, y la cantidad de gente andando, la carrera parece más un episodio de zombis de la serie de moda que una carrera. Nos cuesta horrores llegar a meta pero bajo ningún concepto vamos a abandonar, venimos a por la medalla. El los últimos dos kilómetros mi compañero de aventura tira de mí a pesar de la pájara que llevo encima y conseguimos llegar no sin saltarme una lágrima por el tremendo esfuerzo. Me acuerdo en ese momento de mi mujer y mis hijos, del sacrificio de los entrenamiento que me hace brotar otra lágrima. Es increible la efervescencia de emociones que llevas en ese momento, te duele todo, te abrazas a personas que no conoces, te comes cualquier alimento que te den al finalizar, todo el mundo se felicita. Alguien me grita “eres maratoniano” como un título de alta nobleza.


Ya en casa dolorido por el esfuerzo, toca recuperar y me entero que el calor dejó sin terminar a 12.000 de los 56.000 que tomaron la salida. Y ahora que escribo estas líneas se me ruboriza el vello de los brazos al recordar lo vivido y no paro en darle vueltas pensando donde será la próxima, mucho cuidado que esto del deporte es adictivo.


¿Cuanto vale correr la maratón de Paris?


Dorsal: 100€


Avión desde Malaga: 170€


Alojamiento: 310€ (En los Campos Elisios)


TOTAL: 580€


¿Que me ha aportado correr una maratón?


Para una persona práctica como yo voy a obviar los sentimientos y la espiritualidad de preparar y correr una maratón y os voy a contar los dos beneficios reales que me ha aportado:


1.- DISCIPLINA


No os imaginais lo disciplinado que te vuelve el entrenar una maratón, llevas un plan muy estricto y lo tienes que hacer. Llega un momento, a mi me pasó después de un mes, que ya no te pones excusas para no entrenar, simplemente lo haces, no te planteas si hace frio ó calor, si estas cansado, etc, simplemente lo tienes que hacer y lo haces. Cuadras los entrenamientos entre cada hora libre de tu vida, planificas los entrenos de la semana. Este beneficio lo acabas aplicando a la vida personal y familiar, si se que tengo algo que hacer, lo hago, no pongo excusas, no dudo, simplemente lo hago, no os imagináis lo bien que viene esa discipliana en la vida.


2.- FUERZA FISICA Y MENTALMENTE


Una buena forma física ha mejorado mi vida enormemente, tienes ganas de salir, entrar, jugar con los peques, no tienes pereza para el día a día. En el trabajo mejoras tu productividad un montón, llegas a trabajar con ganas y positivo. Recomiento a todo el mundo que mejore su forma física y multiplicará su felicidad tanto en vida familiar como laboral.


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