Un punto de oro
Empató un 0-2 en contra

Quique celebra el 2-2.
Todos los partidos dejan dos tipos de secuelas, una material en forma de puntos y otra moral que afecta a las sensaciones que el equipo transmite en ellos.
A priori el empate no era un buen resultado para el Almería, porque en la situación que se encuentra necesita sumar en casa de tres en tres, pero luego, tal y como se desarrolló el encuentro, éste dejó la sensación de que el equipo almeriense había ganado un punto y el Zaragoza había perdido dos.
Desconcierto inicial El partido no pudo comenzar peor para el Almería que salió del vestuario, minuto 6, perdiendo 0-2, con dos goles evitables. El primero por una falta de coordinación de dos medios centros que estrenaban titularidad juntos y el segundo por un fallo en la salida de balón nada habitual en un defensa tan fiable como Ximo.
Reacción de campeón Pese al 0-2 los jugadores de Ramis supieron reaccionar a este mazazo inicial y llevar a la grada la sensación de que la remontada era posible. Tan posible como que al descanso habían anulado la ventaja aragonesa en una reacción de equipo campeón, de equipo de raza y de equipo que, desde la llegada de Ramis, mira de frente a las adversidades.
El Almería de Luis Miguel Ramis quería más, el Zaragoza tenía miedo, y cuando el duelo estaba más cerca del 3-2 que del 2-3 llegó la autoexpulsión del extremo Fidel, maldita expulsión del exterior rojiblanco que rompió todos los esquemas.
Pese a ello y jugando con dos jugadores del filial como Callejón y Gaspar, los almeriense fueron capaces de soportar la presión maña sin que Casto se viera especialmente inquietado. Un paso al frente esta temporada.