La Voz de Almeria

Tal como éramos

La Vespa que te bendecía el cura

En Pescadería y alrededores no hubo coche ni moto sin sus gotas de agua bendita

El día en que el cura de San Roque, don Marino Álvarez, bendijo la moto que se acababa de comprar Luis Gutiérrez, trabajador de El Blanco y Negro y dueño de una tienda de comestibles en la calle Cordoneros.

El día en que el cura de San Roque, don Marino Álvarez, bendijo la moto que se acababa de comprar Luis Gutiérrez, trabajador de El Blanco y Negro y dueño de una tienda de comestibles en la calle Cordoneros.

Eduardo de Vicente
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El día que en mi casa entró el primer coche, un Renault 4 que vino para trabajar, el cura de mi calle, don Antonio García Flores, se presentó en la puerta con el acetre, el hisopo y el agua bendita para poner el vehículo bajo la protección del Altísimo. En aquellos tiempos no era suficiente con tener todos los papeles en regla para circular, también se necesitaba la bendición correspondiente, esas gotas de agua bendita y esas oraciones del cura para que el vehículo tuviera todas las garantías posibles, las del cielo y las de la tierra, a la hora de echar a rodar.

Aquel primer coche familiar fue de verdad una bendición y un síntoma inequívoco de que la tienda de mis padres navegaba con todos los vientos a favor. El Renault 4-L vino a sustituir a la Vespa en la que mi padre estuvo diez años trayendo la fruta y la verdura de la alhóndiga sobre unos tablones de madera que colocaba en el portaequipajes.

Las vespas también se bendecían. En Pescadería y alrededores el cura de San Roque, don Marino Álvarez, se pasó varios años repartiendo agua bendita sobre aquellas motos relucientes que se convirtieron en el símbolo de la nueva clase media. Si los bautizos se celebran en el interior del templo, las bendiciones de las motos se realizaban en la plazoleta junto a la puerta de San Roque, donde don Marino, acompañado del acolitillo de guardia, santificaba el vehículo y le dirigía un pequeño sermón a los dueños para recordarles que Dios viajaba con ellos, pero siempre que lo hicieran con precaución y respetando las normas.

Hubo un tiempo en que las bendiciones de las vespas competían con los bautizos. Aquello fue una revolución desde que en 1954 la Vespa se instaló en Almería y se convirtió en el vehículo de moda durante más de una década. En sus comienzos, la Vespa fue la moto de muchos médicos y practicantes, que encontraron en la cómoda y potente motocicleta el mejor transporte para moverse con rapidez por las calles de la ciudad. En un par de años, la Vespa llegó a ser la moto de la clase media y a la que aspiraban las familias modestas a la hora de invertir sus primeros ahorros. A finales de los años cincuenta su uso se había generalizado y la gente hacía la vida en Vespa. La imagen del hombre conduciendo y la mujer subida de lado en el asiento trasero con un pañuelo sobre la cabeza es un clásico de nuestras carreteras. En Vespa se iba a la playa el 18 de julio, a la Romería de la Virgen del Mar y a Adra cada vez que jugaba el Almería un partido de máxima rivalidad. Como decía la propaganda de lanzamiento, la Vespa fue en aquellos tiempos un coche de dos ruedas donde uno podía ver al hombre conduciendo, a la mujer detrás con un niño en brazos y a los pies del conductor la nevera y la cesta con los alimentos para pasar un día de excursión.

La mayoría de las familias almerienses, antes de poder tener su primer coche, tuvieron una Vespa que en muchos casos formaron parte de las casas durante décadas y en ellas se fueron haciendo viejas. En mi casa, la primera señal de progreso, el síntoma de que la tienda iba bien, fue cuando mi padre dejó aparcado el carro de tres ruedas con el que iba a la alhóndiga todas las mañanas y se compró una de aquellas vespas que servían para todo.

El éxito de la Vespa fue rotundo y en parte se debió a las excelentes campañas publicitarias que la marca llevó a cabo y también a la ayuda que tuvo en el cine. Muchas películas de la época se encargaron de extender la popularidad de esta nueva moto que aparecía como un símbolo de la modernidad, el vehículo perfecto para moverse por la ciudad. En Almería, la casa Vespa sorprendió en la Navidad de 1957 organizando una caravana de vespistas que recorrió el Paseo y la Puerta de Purchena cargada de regalos. Se trataba de un inesperado aguinaldo para los sufridos guardias de circulación que se pasaban el día tratando de organizar el tráfico en el centro. Los vespistas aparecieron por los puntos donde estaban los policías y les dejaron globos, botellas de vino, de coñac, de champagne y sidra, ante el asombro de los transeúntes y de los propios guardias.

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