Las pandillas sin móviles y sin Internet
El grupo se basaba en el diálogo y en los corrillos, tan temidos por los profesores

Grupo de adolescentes de 1978 sentados en uno de los bancos del Paseo de San Luis. Entonces todo se basaba en el diálogo, en las tertulias, en la comunicación constante dentro de la pandilla.
El móvil es el tercer ojo de los adolescentes. Si van al fútbol miran el partido a través del teléfono y mientras graban la jugada de peligro se pierden ese instante, único e irrepetible, que es un gol vivido en el momento exacto en el que se está produciendo. Cuando acuden a un concierto de un cantante prefieren grabar todo lo que puedan en vez de saborear cada canción como si fuera la última de sus vidas.
Renunciar a vivir por tal de grabarlo todo. Vivir cautivos de una tecnología que aparta al hombre del ser humano. Antes, cuando los jóvenes íbamos al ‘Franco Navarro’ y el Almería marcaba un gol, lo disfrutábamos con todos los sentidos, como si fuera la primera vez, y acabábamos abrazándonos al de al lado aunque no lo conociéramos. Vivíamos con las manos libres y con la mirada siempre alerta a todo lo que se nos cruzaba por delante. Hoy vivimos atados a ese aparato que empezó colándose en nuestros bolsillos y que nos ha colonizado por completo hasta convertirnos en esclavos.
Esa esclavitud ha llegado a tal extremo que ya no se entiende la vida si no pasa antes por la maldita pantalla. Cualquier viernes por la tarde, si uno se da una vuelta por la Rambla, verá a los grupos de adolescentes reunidos sin nada que decirse, cada uno pendiente de las sensaciones y las emociones que le llegan vaya a usted a saber de donde a través del teléfono móvil. Ya no discuten en voz alta, ya no se rien a carcajadas ni hacen corrillos para contarse sus cosas.
Los que fuimos adolescentes en la Transición sabíamos muy bien lo que era un corrillo; vivíamos instalados en uno de ellos, a pesar de los profesores, que en el instituto no se cansaban de repetirnos aquello de “no quiero corrillos por los pasillos”.
Los corrillos eran la asambleas improvisadas que se montaban en cualquier parte cuando las pandillas se nutrían de la conversación, cuando se compartían las historias personales en los escalones del instituto, en los bancos del Parque, dando una vuelta por el puerto o sentados en la Plaza de la Leche comiendo pipas. Entonces la vida tenía otra velocidad y teníamos más tiempo para pensar y por consiguiente, para expresarnos mediante la conversación. Si íbamos a la playa hablábamos hasta debajo del agua, mientras que ahora la gente toma el sol enganchada al móvil, esperando que pronto inventen el aparato acuático para poder meterse en el agua y seguir enganchados a Internet.
Los adolescentes de hoy se preguntan cómo podíamos vivir antes sin móviles y sin Internet. Ellos, que tienen la vida instalada en un palmo de pantalla, ellos que tienen la sensación de llevar el mundo en sus manos y de tenerlo casi todo de forma inmediata con solo darle a un botón, ellos que se despiertan y se duermen balanceándose en las redes, no entienden cómo se podía vivir sin esa vara mágica que supuestamente les hace la vida más agradable, sin esa herramienta divina que se ha convertido en algo vital, tan necesaria que sus existencias se desmoronarían si tuvieran que sobrevivir una semana sin móvil o con el ordenador apagado.
Es verdad que estos adelantos nos ponen la realidad en nuestras manos en segundos. Cualquier joven de hoy que quiera escuchar el último éxito de su cantante favorito solo tiene que entrar en Youtube y buscarlo, cuando nosotros, los muchachos de hace cuarenta años, teníamos que llenarnos de paciencia y esperar a que pusieran la canción en la radio para grabarla con el cassette en una cinta virgen.
Hoy puedes ver una película sentado en la taza del váter antes de que llegue a las salas de cine, mientras que antes no teníamos otra alternativa que esperar a que llegara a los cines, que en Almería siempre era más tarde que en cualquier otra ciudad. La inmediatez es una ventaja, pero las esperas de otros tiempos eran más emocionantes.