La Voz de Almeria

Tal como éramos

La televisión que vino con San Valentín

TVE vino a retransmitir la lotería de los enamorados en 1965 y de paso quedaron instalados los postes de la tele

La unidad móvil de TVE se instaló junto a la fachada del Teatro Cervantes donde se iba a celebrar el sorteo de la lotería. 14 de febrero de 1965.

La unidad móvil de TVE se instaló junto a la fachada del Teatro Cervantes donde se iba a celebrar el sorteo de la lotería. 14 de febrero de 1965.Fausto Romero

Eduardo de Vicente
Publicado por

Creado:

Actualizado:

La teoría que el canónigo don Juan López Martín puso en valor, diciendo que los restos de San Valentín estaban enterrados en Almería, nos convirtió, de la noche a la mañana, en la ciudad del amor, un buen reclamo para que el nombre de Almería sonara con fuerza más allá de nuestras fronteras provinciales.

Nunca supimos si los huesos del santo reposaban de verdad bajo nuestra tierra, tal y como afirmaba el cura, pero lo que sí supimos es que la leyenda dio para mucho y sirvió para ganar protagonismo en el contexto nacional, que tanta falta nos hacía allá por 1965, cuando ya habíamos casi perdido la batalla por ser la única y genuina Costa del Sol.

Málaga se llevó el eslogan para no compartirlo con nadie, pero nosotros sacamos pecho por ser la ciudad del amor, algo así como Venecia pero sin el glamour de los canales. A falta de canales teníamos el cauce seco de la Rambla y a falta de grandes monumentos teníamos la Alcazaba bañada de sol más de trescientos días al año, lo que no tenía Venecia.

Como San Valentín se sentía almeriense y reposaba para siempre entre nosotros, como Perceval le hizo un monumento para que luciera en el Parque, que era el campo de batalla de los enamorados, desde Madrid no tuvieron más remedio que acordarse de Almería y nos hicieron un regalo que no esperábamos: mandar a las unidades móviles de televisión para retransmitir en directo desde el Teatro Cervantes el sorteo de la lotería especial por el día de los enamorados.

Qué expectación despertó la presencia de los profesionales de TVE en un época en la que a los almerienses nos gustaba quejarnos de que nadie se acordaba nunca de nosotros. Ahí estaba le televisión, con su radiante furgoneta de la unidad móvil aparcada delante de la fachada del teatro, para que todo el país pudiera comprobar que Almería también existía y para que media ciudad pasara por delante del Cervantes para disfrutar de aquel montaje sin precedentes.

San Valentín, agradecido por nuestra generosidad, nos trajo entonces a TVE para darnos protagonismo, para que toda España viera las bondades de nuestro clima y la belleza de las mujeres almerienses, representadas aquel día por las muchachas de los coros y danzas ataviadas con los vestidos regionales. Además, la organización del sorteo de la lotería sirvió para darle un empuje a los trabajos que se realizaban para que en Almería tuviéramos una señal decente de televisión. Dos días antes del sorteo de los enamorados se llevaron a cabo las pruebas del nuevo servicio con las instalación definitiva de los postes de la capital. Entraron en funcionamiento dos remisores: uno situado en la desembocadura del río y otro, el principal, en el Cerro de San Cristóbal, conectados con el poste de Sierra Alhamilla. La televisión, a comienzos de 1965, era ya una realidad en Almería, donde se estimaba que alrededor de quinientas familias disfrutaban del invento.

Sólo el que lo ha vivido puede entender cuántas emociones se derramaban en aquellas primeras noches de tele, cuando la familia y medio barrio se unían en torno al comedor donde estaba el aparato para ver el Telediario, y sólo el que lo ha vivido puede comprender cuántas decepciones se llevaban un día sí y otro también, por culpa de la maldita señal del poste que cuando no se cortaba le salían interferencias, siempre en el instante más importante, cuando iba a salir el hombre del tiempo repartiendo paraguas por el mapa o cuando el detective estaba a punto de detener al malhechor.

En los primeros tiempos la programación era escasa: los tres telediarios reglamentarios, el telefilm ‘Los defensores’ y el cierre de las emisiones que llegaba a las doce y media de la noche con un espacio de meditación religiosa. Pero aquella liturgia de sentarse alrededor de la mesa de camilla y enchufar el aparato era tan intensa, tan arrebatadora, que valía la pena iniciarla aunque sólo fuera para ver la Carta de Ajuste con la que cada tarde comenzaban las emociones mientras los niños terminábamos de hacer la tarea.

tracking