La Voz de Almeria

Tal como éramos

El gran solar de los circos y del cine

Cuando tiraron el Hogar de Pedro Jover quedó un inmenso solar que fue refugio de niños

Solar del Hogar de Pedro Jover con los edificios de la calle Atarazanas al fondo, durante el rodaje de la película El Viento y el León en el año 1974.

Solar del Hogar de Pedro Jover con los edificios de la calle Atarazanas al fondo, durante el rodaje de la película El Viento y el León en el año 1974.Fausto Romero

Eduardo de Vicente
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Los solares formaron parte de la vida de la ciudad. Había solares urbanos, que se convertían en terrenos baldíos cuando se derribaba una casa y se quedaban durante años en barbecho, y había solares rurales, como los que florecieron en la zona de la vega y en el barrio de los Ángeles cuando estaba en construcción. Los niños de aquel distrito de La Molineta llegaron a tener hasta un campo de fútbol en medio de los edificios que empezaban a levantarse, un solar con sus porterías reglamentarias.

En los años setenta, los niños de mi barrio íbamos a jugar a una gran explanada de tierra que había entre la calle Pedro Jover y el Parque, un solar gigantesco donde con cuatro palos y un poco de cal construíamos un campo de fútbol pobre y destartalado. Aquel terreno baldío era conocido como el Hogar porque allí estuvo el hospicio, la casa de los niños con problemas familiares. Su historia seguía latente en la memoria de la gente y muchos años después de su derribo, el lugar seguía siendo conocido por el Hogar. Su historia se remonta a la posguerra. Fue inaugurado el 12 de octubre de 1941 con más de doscientos internos que habían llegado procedentes de las instalaciones del Hospital Provincial, donde estuvieron durante doce meses, mientras acondicionaban el nuevo local de la calle Pedro Jover.

El centro comenzó a funcionar con más de doscientos niños, ya que la cifra de huérfanos y abandonados había aumentado ostensiblemente después de la guerra. Fueron muchas las madres que por no poder sacar adelante a los recién nacidos los dejaban en el torno para que fueran recogidos por las Hermanas de la Caridad, que unos meses antes habían vuelto a la ciudad para ponerse otra vez al frente de los servicios de beneficencia.

Por el Hogar de la calle Pedro Jover pasaron varias generaciones de niños hasta que en diciembre de 1963 tuvo que cerrar sus puertas y poner el punto y final a su historia. El edificio necesitaba una profunda remodelación y las autoridades decidieron cambiar de escenario y apostar por un destino nuevo junto a la Carretera de Ronda. Durante años, las instalaciones del viejo Hogar se quedaron abandonadas frente al Parque, cayéndose poco a poco, convertidas de noche en refugio de mendigos y personas sin techo.

A comienzos de los años setenta decidieron derribar el edificio para evitar accidentes y entonces apareció en escena un enorme solar perimetrado por cuatro calles: Pedro Jover, Atarazanas, Alborán y Parque. Estaba previsto aprovechar aquella explanada gigantesca para levantar una zona residencial que paliara el problema de la vivienda, pero el proyecto se fue estancando y el solar sobrevivió durante más de una década para regocijo de los niños y adolescentes de aquellas barriadas que pudieron disfrutar de un lugar de esparcimiento privilegiado. A pesar de que el solar del Hogar estaba situado en una pendiente y lleno de piedras y baches, acabó convertido en un pequeño campo de fútbol donde había que guardar cola para coger sitio. Allí se montaban grandes desafíos entre las pandillas que venían de la Catedral, de la Plaza Vieja, de la Almedina, de la Plaza de Pavía y de la Chanca.

El solar del antiguo Hogar sirvió también de refugio a los circos que venían a la ciudad en invierno, aquellos circos de tercera división que iban recorriendo las ciudades pequeñas fuera de temporada en un puro ejercicio de supervivencia. Cuando llegaba un circo y ocupaba el campo de juego, los niños compensaban aquella pérdida con otro entretenimiento mayor: jugaban a colarse en el circo.

El solar de la calle Pedro Jover vivió sus días de gloria en 1974 cuando la tramoya de la película El Viento y el León utilizó aquella llanura abandonada para instalar una parte del equipo y para rodar varias escenas de las que se localizaban en el Parque. Cuando los niños salían de la escuela se iban corriendo al solar a disfrutar del espectáculo del cine.

El viejo solar donde estuvo el Hogar formó parte de la vida del barrio como un lugar de esparcimiento hasta que en 1979 empezaron a construir el conjunto residencial La Palmilla, que convirtió aquella explanada en una pequeña ciudad con vistas al Parque y al puerto.

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