El Corpus que había ganado la guerra
Las procesiones del Corpus de los años cuarenta eran un auténtico exhibicionismo militar y religioso

Salida de la Catedral del Corpus en junio de 1947 con el estamento militar presidiendo la procesión.
El Corpus abría de par en par las puertas del verano con una ceremonia que siempre fue una exaltación de los sentidos, un derroche de colorido y supervivencia, una renovación de esa vida que estallaba en las calles con el cambio de estación, con la coartada de la religión y la presencia del Sagrado Cuerpo de Cristo.
La del Corpus era, desde antiguo, una procesión religiosa donde la presencia de niños vestidos de Primera Comunión le daba un carácter más cercano, más amable, más callejero. En medio de las sotanas y de la marcialidad de los militares, los niños siempre ponían la nota más humana, haciendo que la procesión bajara del cielo a lo terrenal; ellos, con sus cabezas recién peinadas, sus trajes inmaculados y sus sonrisas auténticas, llenaban de voces nuevas, de risas y de ternuras todas las calles del recorrido convirtiendo la tarde de junio en una fiesta de los sentidos.
La tarde del Corpus olía a colonia infantil y a ropa limpia, que se mezclaba con el aroma profundo de la hierba que los empleados municipales iban esparciendo a lo largo del recorrido. Cuánta blancura, cuánta inocencia en el alma de aquellos niños de Primera Comunión que se creían a pies juntillas todos los miedos que los curas pregonaban cuando la sombra del pecado rondaba constantemente sus vidas. “Niño no riñas con tu hermano que Dios te castiga”. “Niño, no mientas que vas al infierno”. “Niño, no digas palabrotas que te vas a condenar”. Aquella tarde las campanas de las iglesias echaban a volar todas a la vez anunciando que una vez al año Dios salía a las calles envuelto en un halo de misticismo infantil.
Tras el parón obligado de los años de la Guerra Civil, la tradicional procesión del Corpus reapareció el 8 de junio de 1939, recién estrenada la dictadura. Aquellos Corpus de la posguerra fueron utilizados como propaganda del Régimen para que los que habían ganado la guerra se abrazaran a la cruz para mostrar que las armas y los crucifijos, caminando juntos, eran invencibles. Las calles se llenaban de uniformes y de sotanas y no hacía falta que abrieran la boca para decir que habían ganado gracias a ese Dios que llevaban en volandas en medio de dos ejércitos: uno de soldados y curas y otro de niños vestidos de Primera Comunión.
De todos aquellos Corpus triunfales, tal vez, el más recordado por ser el más multitudinario y en el que más empeño pusieron las autoridades civiles y religiosas, fue el del año 1943. Se dijo entonces que media Almería estuvo presente en la procesión. Cubrieron la carrera el Regimiento de Infantería número 48, una sección de la 133 Comandancia y Guardia civil Rural y de Costas; una Compañía con bandera y banda de cornetas y tambores del citado regimiento se situó junto a La Catedral seguida de una bandada de niños que desde que salieron del cuartel los acompañaron por las calles marcando el paso al compás de la música.
La ciudad festejó el Corpus de 1943 sin escatimar esfuerzos, sin que se notara demasiado que la ciudad vivía tiempos duros, que la posguerra apretaba, que los alimentos se adquirían racionados mediante la presentación de la cartilla correspondiente y que la autarquía decretada por el régimen había llegado a tal extremo que cada sábado los jóvenes del Frente de Juventudes recorrían las calles, casa por casa, recogiendo el papel viejo que no utilizaban las familias.
Aquel jueves de Corpus funcionaron los cines instalados en la Terraza Imperial, donde echaban la película 'El pirata soy yo', y en el Tiro Nacional, con el estreno de 'Tierra y Cielo', al precio de una peseta y treinta y cinco céntimos la localidad. Durante todo el día, Radio Almería dedicó su programación a la festividad del Corpus, prometiendo el cielo y la vida eterna y en la sesión de noche deleitó a los almerienses con su programa musical de 'Discos solicitados'.