La Voz de Almeria

Tal como éramos

El verano de hace 50 años era otra cosa

En la primera semana de junio de 1975 la temperatura en Almería no superó los 25 grados

El puerto a comienzos de los años 70 antes de que taparan las vías del tren con una capa de medio metro de arena.

El puerto a comienzos de los años 70 antes de que taparan las vías del tren con una capa de medio metro de arena.

Eduardo de Vicente
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Éramos muchos lo que no sabíamos, allá por el verano de 1975, que existía un invento que se llamaba aire acondicionado que servía para refrescar las habitaciones a la temperatura que eligiera el consumidor. En la calle Juan Lirola estaba el establecimiento donde vendían los aparatos de la marca Emerson, que daban frío y también calor y que se caracterizaban por ser auténticos armatostes que pesaban un quintal y que se instalaban haciendo un boquete en la pared y allí se quedaban para toda la vida.

La Sirena, una de las boutiques más modernas de la ciudad, tenía aire acondicionado en todos los departamentos, lo que era toda una invitación para los niños de entonces que cuando apretaba el calor nos metíamos en el establecimiento de la calle de las Tiendas a mirar discos y a disfrutar de ese fresquito que no estaba al alcance de nuestras manos. La mayoría de los almerienses nos conformábamos con los abanicos y con el ventilador eléctrico, que tampoco era un mal invento.

Los veranos de entonces eran otra cosa comparados con los actuales. En la primera semana de junio de 1975, hace ahora cincuenta años, no se llegaron a superar en Almería los 25 grados de temperatura y por la noche se podía dormir sin problemas ya que el termómetro bajaba hasta los 15 grados de madrugada. Recuerdo que de vez en cuando el hombre del tiempo del Telediario, el único que echaban en televisión, el que veíamos todos los españoles, daba como noticia excepcional que en Sevilla habían pasado de los 30 grados y nos echábamos las manos a la cabeza.

Aquel mes de junio del 75 llegó cargado de noticias para los almerienses. Una de las importantes fue el renacimiento del ferrocarril portuario, que comenzó cuando las autoridades decidieron desenterrar los raíles del ramal de enlace con la estación, que quedaron bajo medio metro de tierra cuando se acometió la explanación de la feria. El objetivo era recuperar las vías del puerto por si hicieran falta de nuevo para reactivar la actividad comercial.

En aquel mes de junio se supo que pronto íbamos a ser internacionales y que posiblemente para el final del verano Almería iba a contar con el primer telescopio instalado en el Calar Alto, un logro que podía contribuir a dar a conocer el nombre de nuestra tierra en el extranjero y para que dejaran de decir por ahí, las malas lenguas, que aquí estábamos muy atrasados, que éramos el culo del mundo.

Mientras en las carteleras de los cines se empezaban a intuir los tímidos brotes del brutal destape que vino después, los niños disfrutamos aquel verano con una película genial que a muchos nos dejó marcados: 'El jovencito Frankenstein', que se estrenó en la sala del Liszt. Otros prefirieron ir al Reyes Católicos a ver medio cuerpo de Ornella Mutti en la película ‘Apasionada’, un título más sugerente que las escenas del filme.

El verano del 75 fue el de la estación de servicio Bayyana, que había llegado con nuevos vientos con su gasolinera y su moderna discoteca y que ese año fue galardonado con el premio del Ministerio de Información y Turismo por su destacada labor. Su promotor, el empresario Ramón Gómez Vivancos, recibió la cantidad de 100.000 pesetas, que no era cualquier cosa hace medio siglo.

En aquella Almería de junio de 1975 teníamos un gimnasio más o menos moderno, el de Quini, que funcionaba en la calle Reyes Católicos para clientes con alto poder adquisitivo que pudieran pagar la mensualidad de mil pesetas, y una academia fetiche para los estudiantes que se atrancaban y tenían que ir a las recuperaciones de septiembre. Estaba en la Puerta de Purchena y era la academia Cervantes, centro de ‘tortura’ para los adolescentes que sin ningunas ganas de coger un libro se pasaban allí dos meses en vano.

Fue el verano de una nueva discoteca, la Vía Veneto, que se instaló en el Parque de José Antonio, en la esquina con la calle Martínez Campos, intuyendo que se acercaba una nueva edad de oro para las salas de baile, la que trajo unos años después la película Fiebre del Sábado Noche.

Hace cincuenta años en Almería se hablaba ya de la necesidad urgente de urbanizar el Cerro de San Cristóbal y terminar de una vez por todas con la miseria que seguía presente en el barrio. Se decía que se trataba de un caso urgente, aunque después tardaron treinta años en derribar sus casas.

Los almerienses de hace cincuenta años disfrutaban de una amplia oferta de terrazas de cine y de un escenario maravilloso como era el puerto, donde en junio de 1975 arribó el buque francés Circe, repleto con aquellos jóvenes marineros con un gracioso pompón rojo en la gorra que en apenas tres días se aprendieron el nombre de todas las tabernas de la ciudad.

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