Turistas ante narcolanchas, la foto que resume la situación del narcotráfico en Almería
Un domingo normal en Las Negras: así conviven turistas y narcos

Una narcolancha en Las Negras, mientras la gente disfruta de un domingo soleado.
Es domingo y por fin ha salido el sol. Después de casi dos meses ininterrumpidos de mal tiempo, las borrascas han dado una tregua y la gente ha salido a la calle en masa. El Paseo Marítimo de Almería capital, abarrotado. Y lo mismo sucede en todos y cada uno de los rincones paradisiacos que salpican el litoral de la provincia, especialmente en el Parque Natural Cabo de Gata - Níjar, el escenario de esta historia.
Sucesos
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Álvaro Hernández
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El paisaje está irreconocible en la zona del Cabo de Gata. Cruzar la Serrata conduce a una explosión de color que se echaba de menos. Alrededor de Fernán Pérez todo está de un verde irreconocible. De cuando en cuando aparece un almendro en flor y a los lados de la carretera hay una manta morada y amarilla dibujada por las primeras flores silvestres de esta inesperada primavera que llega tras toda la lluvia traída por los temporales.
El estallido de vida se materializa más cuanto más cerca estamos del mar. Los almerienses se han lanzado a recuperar el tiempo perdido y parecen turistas en nuestra propia tierra. Sumados a los pocos (pero muy visibles) visitantes que se dejan caer por Almería en pleno febrero, sitios como Las Negras están a rebosar.
Es uno de los lugares más famosos del Parque Natural Cabo de Gata -Níjar fuera de nuestra provincia y, por lo tanto, uno de los más transitados. Bares como Las Barcas, Sotavento, Manduka, La Polacra y, por supuesto, La Bodeguiya son frecuentados tanto por almerienses como por turistas que sienten este remanso de paz y sal como propio.
Algunos de esos negocios vuelven a respirar con la tregua meteorológica. El muro del Paseo Marítimo de Las Negras no tiene un hueco libre. En una escena de absoluta normalidad, con gente disfrutando de un domingo soleado, hay algo que parece no encajar. Como en esos juegos de palabras en los que hay que encontrar cuál no forma parte de la misma familia o como en las fotos en las que hay que encontrar el elemento que sobra, entre la gente que charla hay algo que destaca: una narcolancha.
No es, ni mucho menos, la primera que se ve en Las Negras. De hecho, debido al mal tiempo, se ha perdido la cuenta de la cantidad de embarcaciones de este tipo que han recalado en Las Negras y en otras playas y calas del Cabo de Gata para refugiarse de la mala mar. Para la prensa cada vez es más complicado encontrar el titular de la aparición de una nueva 'goma', para los vecinos ya ha dejado de ser noticia y para la Guardia Civil ha sido, directamente, imposible de frenar la avalancha de narcolanchas de los últimos dos meses.
Pero sí hay algo que llama especialmente la atención esta vez, en el momento en el que se toma la foto que acompaña a estas líneas. La normalidad. La convivencia (que no connivencia). Que la vida trascurra como si nada, entre cervezas en un domingo soleado, mientras en la playa se está cometiendo un delito. Un delito que, eso sí, ya forma parte del día a día del litoral almeriense.
Con el piloto en su interior, aún refugiado cerca de la playa de los días de temporal, la narcolancha permaneció atracada en Las Negras mientras los más implicados del Paseo Marítimo llamaron a la Guardia Civil para dar el aviso. Pero la Benemérita no pudo acudir. Les faltan medios.
Es lo anómalo de la normalidad con la que conviven los habitantes de los núcleos costeros del municipio de Níjar. Solo unos días después, un piloto dejaría tirada su narcolancha en la orilla de La Isleta del Moro, saliendo de la embarcación arma en mano. Y no pasa nada.
El TSJA ya ha mandado a responsables de petaqueo a la cárcel, mientras que la Ley de multirreincidencia puede hacer que sea delito suministrar combustible a las narcolanchas que transportan droga. Mientras se avanza en la vía penal, falta lo esencial: que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado puedan perseguir y dar 'caza' a las narcolanchas para que su presencia entre turistas deje de ser algo normal.